La batería de tu coche eléctrico podría no volver a contaminar nunca más. China acaba de demostrar que puede reciclarse solo con CO₂ y agua, sin químicos tóxicos ni calor

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Reciclar una batería de litio nunca fue sencillo. El proceso suele implicar hornos industriales, reactivos corrosivos y un consumo energético difícil de conciliar con la idea de movilidad limpia.

Ese punto débil de la transición energética acaba de recibir un golpe inesperado.

Un equipo de investigadores en China logró recuperar hasta el 95 % del litio de baterías usadas utilizando únicamente CO₂ y agua. Sin calor extremo, sin químicos tóxicos y sin los residuos que hoy acompañan al reciclaje tradicional.

Un proceso que parece demasiado simple

La técnica fue desarrollada por científicos de la Academia China de Ciencias y del Instituto de Tecnología de Pekín. A primera vista, el método parece casi inocente: dióxido de carbono burbujeando en agua, como si se tratara de un refresco.

Cuando el CO₂ se disuelve, se forma ácido carbónico, un ácido muy débil. No quema, no corroe y no requiere infraestructuras peligrosas. Sin embargo, resulta suficiente para separar el litio del material activo del cátodo.

Todo ocurre a temperatura ambiente y presión normal.

Nada de hornos metalúrgicos. Nada de trituración extrema. Nada de nubes químicas que obliguen a aislar plantas enteras.

Recuperar litio sin ensuciar el proceso

En laboratorio, el sistema alcanzó niveles de recuperación superiores al 95%, cifras comparables a los métodos tradicionales, pero con una huella ambiental radicalmente menor.

La diferencia no es solo técnica. Es estructural.

Los sistemas actuales funcionan, pero lo hacen a costa de un elevado consumo energético y la generación de residuos tóxicos. Este enfoque apuesta por una química blanda que mantiene la eficiencia sin reproducir el problema que intenta resolver.

Y el litio no es lo único que se aprovecha.

Qué ocurre con el resto de los metales

Tras extraer el litio, los investigadores no descartan el resto del cátodo. Metales como cobalto, níquel y manganeso se transforman en catalizadores reutilizables, con aplicaciones en procesos químicos y energéticos.

La batería deja de ser un residuo peligroso para convertirse en una fuente de materiales estratégicos listos para volver al sistema productivo.

Es un enfoque de reciclaje casi total, donde cada componente encuentra un segundo uso.

El giro inesperado: también captura carbono

© ChatGPT / Gizmodo.

El método tiene un efecto colateral poco habitual. Parte del CO₂ utilizado en el proceso queda químicamente atrapado en subproductos sólidos, evitando que regrese a la atmósfera. No es una solución climática por sí sola, pero introduce un pequeño mecanismo de secuestro de carbono integrado en el reciclaje.

La misma reacción que permite recuperar el litio también inmoviliza parte del gas responsable del calentamiento global. Un detalle que suma, especialmente a gran escala.

Un problema que crece más rápido que las soluciones

El avance llega en un momento crítico. Las previsiones internacionales estiman cientos de millones de toneladas de baterías agotadas antes de 2050, impulsadas por vehículos eléctricos, almacenamiento energético y electrónica de consumo.

Cada batería mal reciclada representa una pérdida doble: de materiales estratégicos y de credibilidad ambiental. Además, la extracción de litio sigue presionando salares, acuíferos y ecosistemas frágiles en distintos puntos del planeta.

Reciclar bien dejó de ser opcional.

De la minería tradicional a la “mina urbana”

Por eso, cada vez más países consideran las baterías como minas urbanas. En lugar de extraer nuevos materiales, se recuperan los que ya están circulando.

La Unión Europea exige porcentajes mínimos de contenido reciclado en las nuevas baterías. Corea del Sur y Japón avanzan en regulaciones similares. China, con la mayor flota eléctrica del mundo, enfrenta el desafío a una escala sin precedentes.

Un método barato, seguro y eficiente no es solo una mejora tecnológica. Es una pieza estratégica dentro de la cadena global de suministro energético.

La gran pregunta: ¿puede escalarse?

Como ocurre con muchos avances científicos, el reto ahora es industrial. En una planta real importan la velocidad de procesamiento, el volumen por hora y el coste por kilogramo recuperado. Hoy, el método funciona en condiciones de laboratorio, pero todavía debe demostrar que puede operar de forma continua y competitiva.

Si lo consigue, el atractivo es evidente: menos riesgos laborales, menos consumo energético, menos residuos peligrosos y subproductos con valor añadido.

Un ciclo que empieza a cerrarse

Este avance dibuja un escenario distinto. Las baterías ya no se agotan: se transforman. El litio vuelve a nuevas celdas. Los metales se reutilizan. El CO₂ queda parcialmente atrapado.

Sin fuego.
Sin humo.
Sin químicos extremos.

Solo agua, gas… y burbujas.

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