La administración del alcalde Zohran Mamdani anunció una inversión de $20 millones de dólares para ampliar el programa Nurse-Family Partnership (NFP), la primera gran iniciativa de salud pública de su mandato destinada a combatir la mortalidad materna en la ciudad de Nueva York.
El programa, que conecta a enfermeras con madres primerizas para brindar acompañamiento durante el embarazo y los primeros años de vida del bebé, busca enfrentar una crisis persistente: las muertes relacionadas con el embarazo y el parto continúan siendo una de las principales preocupaciones de salud pública en la ciudad, con un impacto desproporcionado sobre las mujeres afroamericanas.
Según autoridades sanitarias, la ciudad registra cerca de 24 muertes anuales vinculadas al embarazo o el parto. Datos del Comité de Revisión de Mortalidad Materna del Departamento de Salud revelan una brecha preocupante: 3 de cada 4 muertes de madres afroamericanas se consideran prevenibles, mientras que entre las mujeres blancas esa proporción se reduce aproximadamente a la mitad.
Expertos señalan que las diferencias raciales en la mortalidad materna están estrechamente relacionadas con factores estructurales. Entre ellos destacan el acceso desigual a la atención médica, la discriminación sistémica en el sistema de salud y las disparidades socioeconómicas.
Durante la presentación oficial en un centro de salud de East Harlem, la vicealcaldesa Helen Arteaga Landaverde explicó que la iniciativa busca priorizar a las familias con mayores necesidades.
“Estamos poniendo a las familias primero, especialmente a aquellas que históricamente han tenido menos acceso a recursos y atención médica”, afirmó la funcionaria, quien también supervisa áreas clave de servicios sociales y salud en la ciudad.
Ampliación del programa y nuevas oportunidades para familias
La expansión del NFP permitirá ampliar el número de beneficiarios y flexibilizar los requisitos de elegibilidad. Entre los cambios más importantes figura la posibilidad de que madres con hijos previos puedan participar en el programa, una restricción que anteriormente limitaba la inscripción.
También se permitirá el ingreso de mujeres embarazadas después de la semana 28 de gestación, lo que facilitará que más familias accedan a apoyo profesional durante el embarazo.
Con estos ajustes, las autoridades esperan duplicar la cobertura del programa y alcanzar a unas 3,000 familias, según documentos oficiales presentados en reuniones administrativas celebradas en Manhattan.
Además de reducir la mortalidad materna, el programa busca mejorar indicadores clave de salud infantil. Entre sus objetivos están aumentar las tasas de lactancia materna, mejorar los niveles de vacunación en los primeros años de vida y garantizar un desarrollo saludable de los niños.
Un modelo con respaldo científico
El Nurse-Family Partnership no es un programa nuevo. Fue desarrollado originalmente por el investigador David Olds en la Universidad de Colorado y se ha convertido en uno de los modelos de intervención temprana más estudiados en Estados Unidos.
Desde su implementación en Nueva York en 2003, más de 25,000 madres han participado en el programa, que combina visitas domiciliarias, educación en salud y apoyo emocional para las familias.
El nuevo comisionado de salud de la ciudad, Alister Martin, destacó que la relación entre la enfermera y la familia es el elemento central del éxito del programa.
Martin recordó que su propia madre trabajó como enfermera y que su experiencia ilustra el impacto que puede tener una conexión cercana entre profesionales de salud y pacientes.
“El vínculo personal permite construir confianza y compartir información esencial para el bienestar de la madre y el bebé”, explicó.
Como parte de la expansión, el programa incorporará también una beca de formación de 3 años para especialistas en salud mental infantil, destinada a crear una red de profesionales con experiencia en atención perinatal y en el desarrollo temprano.
Debates sobre la participación de agencias de protección infantil
La ampliación del programa llega en un momento complejo para las finanzas municipales. Las autoridades estiman que la ciudad podría enfrentar un déficit presupuestario cercano a $5,400 millones, lo que ha generado debates sobre la reasignación de recursos.
La vicecomisionada de Servicios Familiares de la Administration for Children’s Services (ACS), Luisa Linares, explicó que los fondos para la expansión provienen de un programa para bebés que cerró en 2023. Esto permitió redirigir el presupuesto sin necesidad de un proceso de licitación tradicional.
Sin embargo, la participación indirecta de ACS ha despertado preocupación entre algunas organizaciones comunitarias.
La activista Joyce McMillan, fundadora del grupo JMACforFamilies, expresó temores de que la vinculación con la agencia pueda disuadir a padres de inscribirse en el programa.
Según McMillan, algunas familias podrían interpretar la iniciativa como una puerta de entrada a investigaciones por presunta negligencia infantil, lo que históricamente ha generado tensiones entre comunidades vulnerables y las autoridades.
El desafío de construir confianza
Expertos en salud materna coinciden en que la confianza es un elemento fundamental para el éxito del programa.
La partera y profesora Mimi Bhatt, de la NYU Rory Meyers College of Nursing, advirtió que cualquier percepción de vigilancia estatal podría afectar la disposición de las familias a participar.
“El ethos del Nurse-Family Partnership es la confianza”, explicó. “Si las familias creen que la agencia de protección infantil tendrá más presencia en sus hogares, eso puede convertirse en un obstáculo”.
Frente a estas críticas, funcionarios municipales aclararon que ACS no tendrá un rol operativo en el programa. Un portavoz de la agencia señaló que la transferencia de recursos busca precisamente que la iniciativa quede bajo la gestión directa del Departamento de Salud.
La intención, añadieron las autoridades, es adoptar un enfoque preventivo que ayude a las familias antes de que sea necesaria cualquier intervención de servicios sociales.
Para especialistas en salud pública, el desafío ahora será garantizar que la ampliación del programa llegue a las comunidades más afectadas por la mortalidad materna.
Si el modelo logra fortalecer la atención prenatal, el acompañamiento domiciliario y el acceso a recursos médicos, podría convertirse en una de las políticas más importantes para reducir las desigualdades en salud materna en Nueva York.
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