SONDEO LATINO, SANTO DOMINGO.-El silencio no siempre es cómodo. A veces incomoda, confronta y revela aquello que el ruido cotidiano suele esconder. Sin embargo, cuando se atraviesa con paciencia, el silencio puede convertirse en un espacio inesperado de claridad interior.
Algo así comenzó a descubrir un grupo de personas en Santo Domingo durante el primer retiro de iniciación a la meditación cristiana según el método de Amigos del Desierto realizado en la República Dominicana.
Durante tres días -del 27 de febrero al 1 de marzo de 2026- la Residencia El Carmelo, en el sector Gazcue, se transformó en un pequeño oasis de quietud en medio del ritmo acelerado de la ciudad.
Allí, un grupo de participantes aceptó una invitación sencilla y, al mismo tiempo, profundamente desafiante: guardar silencio y mirar hacia dentro. La experiencia se inspira en las enseñanzas del jesuita Franz Jalics y en el camino espiritual promovido por el sacerdote y escritor español Pablo d’Ors, fundador de Amigos del Desierto, quien ha impulsado la recuperación de la tradición contemplativa dentro del cristianismo contemporáneo.
El retiro fue acompañado por Patricia del Génesis, de México; Margarita de Pentecostés, de Colombia; y Gloria de Dios, de España, quienes guiaron el proceso con una convicción sencilla: la vida interior necesita silencio para poder revelarse.
En una cultura donde la palabra y la información se multiplican sin pausa, el silencio puede parecer una experiencia extraña. Los primeros momentos suelen estar llenos de inquietud.
La mente se mueve, aparecen pensamientos, recuerdos y preocupaciones. El cuerpo, acostumbrado al movimiento constante, tarda en encontrar quietud. Pero algo empieza a cambiar cuando se permanece en ese espacio sin huir de él. La contemplación cristiana parte de una comprensión muy concreta del ser humano: el cuerpo es la puerta del alma.
El camino hacia el interior no comienza en las ideas, sino en la experiencia corporal más básica: la respiración, la quietud y la atención.
Cuando el cuerpo se serena, la mente empieza a desacelerarse. La respiración se convierte entonces en un ancla sencilla que permite regresar al presente una y otra vez. Muchas veces se cree que los problemas se resuelven pensando más o reaccionando más. Sin embargo, la experiencia contemplativa recuerda algo distinto: hay cosas que solo comienzan a aclararse cuando aprendemos a respirar y a permanecer.
En ese silencio comienzan a aparecer dimensiones de la vida interior que normalmente pasan desapercibidas. Pensamientos, emociones y recuerdos emergen como si hubieran estado esperando ese momento de quietud.
La meditación no busca eliminar estas experiencias, sino cambiar la forma de relacionarse con ellas.
La dificultad no está tanto en la distracción como en la resistencia que sentimos frente a ella. Cuando se aprende a observar los pensamientos sin enfado ni juicio, algo empieza a suavizarse dentro. Poco a poco surge una forma distinta de presencia. La contemplación también tiene la capacidad de iluminar zonas interiores que muchas veces preferimos evitar. En el silencio aparecen preguntas profundas, fragilidades personales y partes de nuestra historia que permanecían ocultas bajo el ritmo acelerado de la vida cotidiana.
Pero ese encuentro con la propia sombra no es una derrota. Es, más bien, el inicio de un camino de reconciliación interior. Porque las batallas más decisivas no se libran en el exterior, sino dentro de cada persona. Cuando ese proceso comienza, algo se transforma en la manera de mirar la vida. La contemplación no cambia necesariamente las circunstancias externas, pero cambia la relación que tenemos con ellas. Aparecen nuevas actitudes: mayor serenidad, mayor claridad y una capacidad más profunda de escuchar.
Otro descubrimiento importante que emerge en este camino es la dificultad que tenemos para vivir en el presente. Con frecuencia la mente oscila entre dos polos: el pasado, con sus culpas o nostalgias, y el futuro, con sus incertidumbres. Sin embargo, la vida solo se despliega verdaderamente en el instante presente. Aprender a habitar ese instante es uno de los frutos más sencillos y al mismo tiempo más transformadores de la meditación.
La tradición cristiana ha comprendido desde hace siglos que la contemplación no es un escape del mundo, sino una forma más profunda de habitarlo. Cuando la persona se reconcilia con su interior, también cambia su manera de relacionarse con los demás.
La atención, la escucha y la compasión dejan de ser ideas abstractas para convertirse en actitudes concretas de vida.En ese sentido, la experiencia contemplativa abre también una dimensión profundamente cristiana: la bendición.
Cuando el corazón aprende a aquietarse, la persona comienza a descubrir que su propia vida puede convertirse en mediación de bien para otros.
La realización de este primer retiro de Amigos del Desierto en la República Dominicana marca el inicio de un camino que busca abrir espacios de silencio en medio de una cultura cada vez más ruidosa.
Quizá la enseñanza más sencilla —y al mismo tiempo más profunda— que deja una experiencia como esta sea que el silencio no es vacío ni ausencia. Es, más bien, el lugar donde comienza a revelarse lo esencial.
TEXTO: HNA.JENNY REYES, OV
FOTO: MAIRA JIMENEZ
La entrada Donde comienza el silencio: una experiencia contemplativa con “Amigos del Desierto” se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).
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