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lunes, julio 6, 2026

Científicos atraviesan más de medio kilómetro de hielo macizo de la Antártida y recuperan un registro geológico de 23 millones de años


Un equipo de diez países pasó dos meses en la Antártida occidental para recuperar un registro del clima pasado enterrado bajo el hielo.

En uno de los confines más inhóspitos y remotos de la Antártida occidental, a más de 700 kilómetros de cualquier rastro de civilización, un equipo de 29 científicos e ingenieros acaba de hacer historia. Trabajando sin descanso bajo condiciones extremas en el campamento de Crary Ice Rise, han logrado un objetivo que parecía inalcanzable: atravesar más de medio kilómetro de hielo macizo para extraer el barro y los sedimentos primigenios que yacen en el fondo. Esta proeza técnica ha destapado una verdadera cápsula del tiempo geológica.

El proyecto forma parte de SWAIS2C (Sensitivity of the West Antarctic Ice Sheet to 2°C), una iniciativa internacional que busca comprender cómo ha respondido históricamente la capa de hielo de la Antártida occidental a periodos de calentamiento global.

Tal y como ha indicado el comunicado oficial del proyecto, el equipo consiguió atravesar 523 metros de hielo utilizando un sistema de perforación con agua caliente para abrir el conducto inicial. Una vez alcanzada la base helada, descendieron más de un kilómetro de tuberías hasta llegar a los sedimentos acumulados bajo el hielo.

Allí comenzó la parte clave de la misión.

Un archivo geológico único bajo la capa helada

La perforación permitió recuperar un testigo sedimentario de 228 metros de longitud, formado por una sucesión de lodos, arenas y materiales rocosos acumulados durante millones de años. Tal y como señala el comunicado del proyecto, nunca antes se había obtenido un registro de estas dimensiones bajo una capa de hielo.

Cada una de las secciones extraídas fue documentada sobre el terreno mediante fotografías, descripciones detalladas y un primer examen científico antes de emprender su viaje a distintos laboratorios, donde será analizada con mayor precisión durante los próximos años.

Las primeras dataciones, realizadas a partir de diminutos fósiles marinos conservados en algunos estratos, sugieren que el núcleo podría conservar un registro continuo de hasta 23 millones de años. Si estas estimaciones se confirman, los investigadores dispondrán de uno de los archivos naturales más completos para reconstruir la evolución ambiental de la Antártida occidental y comprender cómo respondió esta región a antiguos episodios de calentamiento global.

El experto Huw Horgan y otros investigadores analizan una sección del núcleo extraído. Foto: Ana Tovey / SWAIS2C

Evidencias de un pasado diferente

A medida que avanzaban en la extracción, el equipo observó una notable variabilidad en los tipos de sedimento. Algunas capas muestran características típicas de depósitos formados bajo una masa de hielo asentada sobre tierra firme, similares a las condiciones actuales. Pero otras cuentan una historia distinta.

Las muestras también comenzaron a ofrecer pistas sobre un pasado muy distinto al de la Antártida que conocemos hoy. Entre los sedimentos aparecieron pequeños fragmentos de conchas y restos de organismos marinos cuya supervivencia depende de la luz solar. Según explica el comunicado del proyecto, su presencia indica que esa zona permaneció libre de hielo durante algunos periodos y estuvo ocupada por el mar.

Los científicos ya contemplaban la posibilidad de que la plataforma de hielo de Ross hubiera retrocedido de forma significativa en el pasado e incluso de que la capa de hielo de la Antártida occidental hubiera sufrido fases de colapso parcial. Sin embargo, hasta ahora esa reconstrucción se apoyaba principalmente en registros obtenidos en el océano Austral, el mar de Ross o los márgenes de las plataformas flotantes.

La diferencia es que este nuevo testigo sedimentario procede directamente del borde de la capa de hielo, lo que permitirá reconstruir con mucha mayor precisión cuándo se produjeron esos cambios y qué condiciones ambientales los desencadenaron.

Durante dos meses, un equipo internacional trabajó en un campamento remoto de la Antártida occidental y logró recuperar un valioso registro climático oculto bajo el hielo
Durante dos meses, un equipo internacional trabajó en un campamento remoto de la Antártida occidental y logró recuperar un valioso registro climático oculto bajo el hielo. Foto: Ana Tovey / SWAIS2C

Un sistema particularmente vulnerable

La Antártida occidental es una de las regiones más sensibles del sistema climático global. Gran parte de su base se encuentra por debajo del nivel del mar, lo que la hace vulnerable a la intrusión de aguas oceánicas más cálidas.

Los datos satelitales de las últimas décadas indican que la región está perdiendo masa y que esa pérdida se está acelerando. Si toda la capa de hielo de la Antártida occidental se fundiera, el nivel medio global del mar podría aumentar entre cuatro y cinco metros, según las estimaciones científicas actuales recogidas también en el comunicado del proyecto.

Pero el gran interrogante no es cuánto hielo hay, sino cuándo y bajo qué condiciones comienza un retroceso significativo.

La geóloga Molly Patterson sostiene una sección del núcleo sedimentario extraído
La geóloga Molly Patterson sostiene una sección del núcleo sedimentario extraído. Foto: Ana Tovey / SWAIS2C

La pregunta que guía la investigación

El proyecto SWAIS2C está diseñado específicamente para evaluar la sensibilidad de la capa de hielo ante un calentamiento de 2 °C respecto a los niveles preindustriales, el mismo umbral que intenta limitar el Acuerdo de París.

El verdadero valor científico de este registro reside en su antigüedad. Las primeras estimaciones apuntan a que conserva sedimentos depositados durante etapas en las que la temperatura media del planeta fue superior al umbral de los 2 °C respecto a la era preindustrial, precisamente el escenario que preocupa hoy a la comunidad científica.

A partir de ahora comienza un trabajo mucho más minucioso. Los investigadores deberán fechar con precisión cada uno de los estratos, identificar las condiciones del océano y de la atmósfera en cada periodo y reconstruir cómo evolucionó la capa de hielo a lo largo de millones de años.

Ese análisis permitirá comprobar si, durante aquellos episodios de calentamiento, la Antártida occidental sufrió retrocesos importantes o pérdidas de hielo de gran magnitud. Si así fuera, el núcleo recién recuperado proporcionaría una de las pruebas más sólidas de que esta región ya respondió en el pasado de forma muy sensible a aumentos de temperatura similares a los que podrían alcanzarse durante este siglo.

Ahí reside la importancia de la perforación: no solo ofrece una ventana excepcional al pasado de la Antártida, sino que también puede ayudar a reducir la incertidumbre sobre cómo evolucionará una de las mayores reservas de hielo del planeta en las próximas décadas.

No se trata solo de haber recuperado el núcleo sedimentario más largo bajo una capa de hielo. Se trata de disponer, por primera vez, de un archivo directo que puede revelar cómo respondió la Antártida occidental cuando el mundo fue más cálido que hoy.

Y esa respuesta podría redefinir nuestra comprensión del futuro del nivel del mar.

Fuente informativa⁣

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