La programación fue durante décadas un trabajo manual. Lenguajes, sintaxis, errores mínimos que rompían sistemas enteros y jornadas interminables frente al teclado. Ese modelo empieza a desdibujarse.
En pocos meses, la inteligencia artificial dejó de ser una herramienta de apoyo para convertirse en la principal autora del código. Lo que comenzó como autocompletado evolucionó hacia sistemas capaces de generar funciones completas, depurar errores y proponer arquitecturas enteras.
Para muchos desarrolladores, el cambio llegó antes de lo esperado.
Cuando escribir código deja de ser el centro del trabajo
El fenómeno tiene nombre: vibe coding. La idea resulta simple y disruptiva a la vez. El desarrollador ya no escribe cada línea, sino que describe el objetivo. La IA produce el código mientras el humano observa, corrige y decide.
Herramientas como Claude Code, Copilot o los sistemas internos de grandes compañías normalizaron algo impensado hace poco tiempo: pedirle a un modelo que construya módulos completos y luego revisar el resultado.
La sintaxis pierde protagonismo. La intención lo gana.
Ryan Dahl y el final de una etapa
Una de las voces más influyentes del ecosistema tecnológico se expresó con claridad. Ryan Dahl, creador de Node.js, afirmó públicamente que la era de los humanos escribiendo código llegó a su fin. No lo planteó como una provocación, sino como una descripción del momento actual.
Según su visión, el trabajo no desaparece, pero cambia de naturaleza. Los humanos escribirán menos sintaxis y dedicarán más tiempo a decidir qué se construye, por qué, cómo y con qué límites.
El rol se desplaza desde la ejecución hacia el criterio.
De ingenieros a diseñadores de decisiones
El paralelismo que propone Dahl es directo. Así como los frameworks eliminaron tareas repetitivas, la inteligencia artificial automatiza ahora el siguiente nivel. La ingeniería se convierte en diseño, supervisión y verificación.
El prestigio profesional deja de medirse por la cantidad de lenguajes dominados y pasa a depender de la capacidad de:
- detectar errores sutiles
- anticipar fallos en producción
- evaluar decisiones técnicas
- comprender impactos a largo plazo
El programador deja de actuar como mecanógrafo y pasa a funcionar como director de orquesta.
La visión del CEO de Anthropic
Dario Amodei, CEO de Anthropic, coincide con este diagnóstico y va un paso más allá. Según sus proyecciones, la IA escribirá cerca del 90 % del código en los próximos 3 a 6 meses. A partir de 2027, si las limitaciones técnicas lo permiten, podría encargarse de casi todo el desarrollo.
El límite real no es conceptual, sino físico: entrenar modelos requiere chips, energía y tiempo. La idea de una IA que se mejora a sí misma existe, pero todavía enfrenta barreras materiales muy concretas.
Aun así, la dirección del cambio es clara.
El nuevo valor del programador
En este escenario, el rol humano no desaparece, pero se redefine por completo. Las compañías comienzan a buscar perfiles capaces de trabajar con modelos de inteligencia artificial, no contra ellos. Personas que entiendan cómo guiarlos, auditarlos y detectar errores silenciosos antes de que lleguen a producción.
La habilidad clave deja de ser escribir código rápido y pasa a ser evitar que el sistema falle cuando nadie mira. Las pruebas, la observabilidad, la revisión y el criterio ganan peso.
El problema legal y la autoría

El cambio también alcanza al plano jurídico. Si una IA escribe el código, ¿quién es responsable cuando algo falla? ¿Quién posee los derechos? ¿Cómo se audita una decisión tomada por un modelo entrenado con millones de líneas ajenas?
Las empresas continúan siendo responsables legales de lo que producen sus sistemas, lo que coloca la trazabilidad y la supervisión en el centro del desarrollo moderno. El programador se convierte en garante.
No es el fin del oficio, sino su mutación
La historia del software ya atravesó transformaciones profundas. El ensamblador dio paso a lenguajes de alto nivel. Las librerías evitaron reescribir lo mismo una y otra vez. Los frameworks ocultaron la complejidad del hardware.
La inteligencia artificial representa el siguiente salto. No elimina al programador. Redefine su función. El código sigue existiendo. El teclado también. Lo que cambia es quién escribe las líneas y quién toma las decisiones importantes.
La nueva era de la informática no es futura. Ya está en marcha.



