Cuando una central nuclear vuelve a ponerse en marcha, nada queda librado al azar. Cada paso es observado con lupa, especialmente si se trata de una instalación clave para el sistema energético. Por eso, la reciente paralización de un complejo recién reactivado encendió alertas y volvió a colocar a la energía nuclear en el centro del debate internacional.
Una reactivación que duró menos de lo esperado
La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, considerada la más grande del mundo por su capacidad instalada, volvió a ser noticia apenas un día después de iniciar su proceso de reactivación. La compañía operadora, TEPCO (Tokyo Electric Power Company), decidió suspender temporalmente la operación tras detectar una alarma en un sistema clave del reactor.
El aviso se produjo durante una fase de prueba vinculada al movimiento de las barras de control, uno de los componentes más sensibles en el funcionamiento de un reactor nuclear. Ante la señal anómala, la empresa optó por interrumpir de inmediato la operación como medida preventiva.
La alarma que frenó el proceso
Según explicó TEPCO en un comunicado oficial, la alerta apareció en el sistema de monitorización asociado a una de las barras de control durante su retirada. Estas barras cumplen un rol esencial: regulan la reacción nuclear y permiten detenerla en caso de emergencia.
La empresa intentó resolver el inconveniente reemplazando componentes eléctricos del panel que controla este mecanismo. Sin embargo, al persistir la alarma, se tomó la decisión de suspender por completo la operación y abrir una investigación técnica más profunda para determinar el origen del problema.
Desde la compañía aclararon que la situación no representó ningún riesgo inmediato. La planta se mantuvo en condiciones estables y no se registró liberación de material radiactivo al exterior.
Una investigación sin plazos definidos
En un segundo comunicado, TEPCO reconoció que la investigación podría llevar tiempo y que, hasta tanto no se identifique con precisión la causa de la anomalía, la central permanecerá apagada. La decisión busca evitar cualquier escenario de riesgo y reforzar la confianza en los sistemas de seguridad.
Este enfoque prudente responde tanto a los protocolos internos como a la presión regulatoria y social que rodea a la energía nuclear en Japón. Cada incidente, incluso menor, es observado con extrema atención por las autoridades y la opinión pública.
El peso del pasado en cada decisión
El episodio no puede separarse del historial reciente de la empresa. En 2011, TEPCO quedó marcada por el grave accidente nuclear de Fukushima, que obligó al cierre de varias plantas y transformó de manera profunda la política energética del país.
Desde entonces, cualquier intento de reactivar reactores nucleares se enfrenta a un proceso largo, exigente y altamente escrutado. En el caso de Kashiwazaki-Kariwa, la reactivación del reactor número 6 había sido aprobada en diciembre pasado por el regulador nuclear japonés, junto con la autorización para encender también el reactor 7.
Años de demoras y exigencias de seguridad
Originalmente, ambos reactores estaban previstos para volver a operar en 2017. Sin embargo, la central decidió mantenerlos inactivos tras detectarse fallas en los sistemas de seguridad vinculados a posibles amenazas externas, incluidos ataques terroristas.
Estas demoras reflejan el endurecimiento de los estándares de seguridad nuclear en Japón y la dificultad de equilibrar la necesidad energética con la exigencia de minimizar riesgos.
Una planta clave para el sistema energético
La central de Kashiwazaki-Kariwa ocupa un lugar estratégico para TEPCO y para el sistema eléctrico japonés. Con una capacidad total cercana a los 8.000 megavatios, su puesta en funcionamiento permitiría reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y aliviar la presión sobre otros recursos energéticos.
Por eso, cada paso en su reactivación tiene implicancias que van más allá de lo técnico. Se trata de una instalación capaz de influir de manera directa en la planificación energética del país.
Un episodio que deja preguntas abiertas
La rápida paralización de la central, apenas un día después de su reactivación, vuelve a poner sobre la mesa el delicado equilibrio entre seguridad, confianza pública y necesidad energética. Aunque no se registraron consecuencias ambientales ni riesgos inmediatos, el incidente refuerza la idea de que el camino de la energía nuclear sigue siendo complejo y frágil.
Mientras avanza la investigación, el gigante nuclear permanece en silencio. Su futuro inmediato dependerá de lo que revelen los análisis técnicos y de la capacidad de TEPCO para demostrar que cada alarma, incluso la más pequeña, es tomada con la máxima seriedad.
[Fuente: AS]



