aprovechar una de las mayores fuentes de energía renovables


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La energía undimotriz tiene una gran ventaja respecto a otras fuentes de energía renovables más populares, como el sol o el viento: nunca descansa. Las olas son un recurso casi continuo y enormemente energético. Y sin embargo, es el patito feo de las energías verdes porque su carácter imprevisible y nada constante convierte la extracción energética en una tarea titánica en términos de eficiencia. 

Una startup estadounidense, Panthalassa, lleva tiempo probando en aguas del Pacífico un prototipo que replantea desde la base cómo relacionarse con el océano: en lugar de resistirlo, le sigue la corriente.

El invento. El Ocean-2 es un dispositivo que a simple vista parece una boya gigante. De hecho, en las pruebas en Puget Sound, Washington, varias personas reportaron un objeto flotante no identificado. La parte esférica del extremo (el nodo) tiene casi 10 metros de diámetros y está montada sobre un casco tubular de aproximadamente 60 metros de largo (que queda sumergido bajo el mar). Pero la analogía con la boya es acertada en tanto en cuanto es una estructura simple que se balancea con las olas. Cuando está en horizontal se desplaza y cuando está en vertical (cuando parece una boya) entra en funcionamiento.

Por qué es importante. Porque los océanos cubren el 71% de la Tierra y su energía tiene una ventaja de la que solar y la eólica carecen: constancia. El océano genera energía independientemente de que sea de día o de noche, aunque esté en calma o el cielo esté nublado, lo que convierte esta fuente de energía en el complemento ideal para estabilizar redes. El problema endémico de esta tecnología es su baja eficiencia. Si este prototipo logra escalarse, podría convertirse en una alternativa y complemento de energía limpia e independiente para zonas costeras.

Contexto. En plena carrera por la IA y los centros de datos, el gran cuello de botella de Estados Unidos es la energía, tanto es así que están desempolvando viejas soluciones energéticas como centrales fósiles y resucitando su industria nuclear. Por supuesto y aunque su papel en la guerra de EEUU, Israel e Irán es diferente a la de Europa y también lo es su al acceso al petróleo, la realidad es que que el precio del barril esté desbocado tampoco les beneficia. En ese escenario, está ampliando su inversión en renovables.

La energía de las olas lleva décadas prometiendo y decepcionando. La sal, la corrosión, el crecimiento biológico en las estructuras y el coste brutal del mantenimiento en alta mar han hundido, literal y figuradamente, decenas de proyectos en todo el mundo. El resultado: casi todo se ha quedado en fase piloto. Tampoco la eficiencia ha sido nunca como para tirar cohetes. Y mientras la undimotriz se ha estancado, el precio de la solar y la eólica ha caído tan rápido que ha dejado otras energías limpias sin ventaja competitiva. Sin embargo, la energía de las olas está ante otra oportunidad: Ocean Energy Europe cifra en 165 MW la cartera de despliegues planificados hasta 2030 y Estados Unidos ha invertido 591 millones de dólares en energía oceánica en los últimos cinco años.

Cuánta energía produce y usos. En la prueba logró generar hasta 50 kW en condiciones de oleaje decentes, suficiente para alimentar una pequeña ciudad costera. No obstante, su aplicación prioritaria no es la red eléctrica doméstica, sino algo más específico como los combustibles limpios y la computación: producir hidrógeno verde que se transporta a costa en barcos autónomos, y alimentar centros de datos en el océano.

Cómo lo hacen. El diseño del Ocean-2 tiene un punto más filosófico que técnico: no es tanto resistir el océano sino acompañarlo. Con el oscilar de las olas, el agua se impulsa a través de una tubería interna hacia la superficie esférica y luego desciende por turbinas para generar energía. Apenas tiene partes móviles, más allá de la turbina, integrada en la estructura de acero

La boya no tiene redes ni elementos que puedan atrapar fauna marina, opera en silencio y con movimientos lentos: el responsable ambiental de Panthalassa, el Dr. Liam Chen, explicaba para la TV local KOMO que su diseño suave y de bajo impacto le permite «vivir en armonía con el océano». Las pruebas en Puget Sound no mostraron alteraciones visibles en el ecosistema marino circundante. Según el cofundador, Garth Sheldon-Coulson, se pueden fabricar estas máquinas por alrededor de 1500 dólares el kilovatio.

Qué viene después. Como cuenta su cofundador, llevan unos diez años trabajando: los primeros cuatro o cinco años fue solo I+D, en 2021 lanzaron su antecesor el Ocean-1, en 2024 vio la luz el Ocean-2 y el Ocean-3 ya está en desarrollo y va con paso firme en su financiación.

Sí, pero. Hasta el momento, todo son pruebas y prototipos porque el proyecto se encuentra en fase experimental, es decir, no hay ni un solo kilovatio comercial generado, ni una red conectada, ni tampoco datos de durabilidad a largo plazo. Y el mar no es un entorno fácil precisamente: saber cómo aguantará los temporales y el paso del tiempo, cómo será el mantenimiento o simplemente algo tan básico como el traslado de la energía del dispositivo a la red es esencial es esencial. Sin olvidar del coste, especialmente habida cuenta del desplome de los costes de la solar o la eólica, ambas tecnologías ya maduras, consolidadas y baratísimas.

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Portada | Panthalassa y Matt Paul Catalano 

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