El estado de conservación de una obra de arte no solo depende del paso del tiempo, sino también de las decisiones técnicas que el artista tomó al crearla. Eso es precisamente lo que ha llevado a un grupo de investigadores a estudiar en profundidad una de las pinturas más conocidas de Salvador Dalí, La tentación de San Antonio (1946), una obra que comenzó a mostrar cambios visibles en apenas unas décadas.
El trabajo científico en el que se basa este artículo combina análisis químicos avanzados, técnicas de imagen y documentación histórica para entender qué ocurrió en el interior de la pintura. El objetivo no era solo describir los daños, sino distinguir entre lo que pudo ser una elección estética del artista y lo que corresponde a procesos de deterioro material. Como señala el propio estudio, se trataba de aclarar si esas irregularidades eran intencionadas o no, un problema clave en la conservación del arte.
Un cuadro que cambió demasiado pronto
Al observar hoy la pintura, hay zonas que llaman especialmente la atención: partes donde la superficie parece más rugosa, otras donde los colores se han vuelto más transparentes y algunas áreas con un brillo desigual. Estos cambios no están distribuidos al azar, sino que afectan a elementos concretos de la escena, como la figura de San Antonio o ciertas construcciones al fondo.
Lo más llamativo es que estos cambios no tardaron mucho en aparecer. La comparación entre fotografías históricas demuestra que ya eran visibles antes de 1965, es decir, menos de veinte años después de que Dalí terminara la obra. El propio estudio lo expresa con claridad al indicar que “los cambios visibles de apariencia ocurrieron antes de 1965 y probablemente ya se iniciaron durante los procesos de secado y curado de las capas pictóricas” .
Este dato es importante porque descarta una idea habitual, que el deterioro en obras de arte es siempre lento y progresivo. En este caso, todo apunta a un proceso temprano, casi desde el momento en que la pintura estaba terminándose.
Además, la observación bajo luz ultravioleta revela un comportamiento peculiar: algunas zonas emiten una luz blanquecina intensa, distinta del resto del cuadro. Este detalle indica que no solo ha cambiado el aspecto visual, sino también la estructura química de los materiales.
Los materiales de Dalí: una combinación delicada
Para entender lo ocurrido, los investigadores analizaron en detalle los materiales utilizados por Dalí. Identificaron una paleta bastante variada: pigmentos tradicionales como blanco de plomo, negro carbón o azules de cobalto, junto con otros como el blanco de zinc.
Pero el hallazgo más relevante no está solo en los pigmentos, sino en cómo están organizados en capas. El estudio muestra que las zonas más deterioradas coinciden con capas ricas en blanco de zinc colocadas sobre capas que contienen blanco de plomo .
Este detalle es clave porque indica que no todos los materiales se comportan igual cuando se combinan. De hecho, las áreas donde el blanco de zinc se aplicó directamente sobre la base del cuadro no presentan esos problemas, lo que refuerza la idea de que el deterioro depende de la interacción entre capas.
A esto se suma otro factor. Algunas capas inferiores, especialmente las que contienen blanco de plomo, no se secaron completamente antes de que Dalí añadiera nuevas capas encima. Esto generó una estructura inestable desde el principio.
En otras palabras, el cuadro no solo está hecho de materiales concretos, sino de una arquitectura compleja donde cada capa influye en las demás.
El papel inesperado del ámbar
Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio tiene que ver con el uso de un material poco habitual en la pintura moderna: el ámbar. Dalí lo empleaba como parte del medio pictórico, es decir, como sustancia que mezcla los pigmentos y les da sus propiedades visuales.
El propio artista defendía su uso con entusiasmo. En su tratado técnico, afirmaba: “el único vehículo verdaderamente precioso que me permito llamar ‘sublime’ es el ámbar líquido amarillo”. Esta elección no era casual, ya que el ámbar proporciona brillo y profundidad a la pintura.
Sin embargo, desde el punto de vista químico, el ámbar es una resina compleja que puede reaccionar con otros componentes. El estudio demuestra que contiene ácidos orgánicos capaces de interactuar con ciertos pigmentos.
Aquí aparece uno de los mecanismos clave del deterioro. Los investigadores explican que los iones de zinc presentes en el blanco de zinc pueden reaccionar con los ácidos del ámbar, formando compuestos nuevos que alteran las propiedades originales de la pintura.
A diferencia de otros procesos conocidos en pinturas al óleo, estos productos no generan protuberancias visibles, sino cambios más sutiles pero igualmente importantes: pérdida de transparencia, alteraciones en el brillo y una textura irregular.

Una reacción química que explica el deterioro
El núcleo del problema está en la interacción entre tres elementos: el blanco de zinc, el ámbar y la estructura en capas del cuadro. Cuando estos componentes coinciden, se desencadena una serie de reacciones químicas que afectan directamente al aspecto de la pintura.
El estudio señala que “la interacción entre el aglutinante a base de ámbar y el pigmento blanco de zinc parece ser un factor clave en los fenómenos de degradación observados”. Este punto es esencial porque conecta directamente los materiales elegidos por Dalí con el deterioro temprano.
Además, el comportamiento del blanco de zinc no es uniforme. Dependiendo de cómo se fabricó, puede contener defectos en su estructura cristalina que aumentan su reactividad. En este caso, esos defectos favorecen procesos que aceleran la degradación del medio orgánico.
Como resultado, la pintura experimenta cambios internos que se traducen en lo que vemos hoy: zonas más transparentes, superficies irregulares y alteraciones en el color. Este tipo de degradación es especialmente interesante porque no sigue los patrones habituales conocidos en la conservación de pinturas, lo que explica por qué durante años resultó difícil interpretarlo.
Un factor externo: la contaminación por cloro
A los factores internos se suma un elemento externo que pudo agravar la situación: la presencia de cloro. Los análisis detectaron este elemento tanto en la superficie del cuadro como en su marco original.
La hipótesis más probable es que el cuadro estuvo expuesto a un ambiente marino, posiblemente durante su transporte tras ser exhibido en Nueva York. En ese contexto, el contacto con sales presentes en el aire habría introducido cloro en la pintura.
Este elemento tiene afinidad química con el zinc, lo que significa que puede acumularse en las mismas zonas donde se encuentra este pigmento. Esa coincidencia espacial sugiere que el cloro pudo contribuir a acelerar ciertos procesos de degradación.
Aunque por sí solo no explica todos los cambios observados, sí parece haber actuado como un factor adicional que desestabilizó aún más las capas pictóricas en un momento en que todavía estaban secándose.
Una obra estable hoy, pero marcada por su propia técnica
A pesar de todo lo ocurrido, el estado actual de la pintura es estable. Los procesos de degradación que afectaron a la obra se produjeron principalmente en sus primeros años y no continúan avanzando de forma significativa.
Esto cambia la forma en que se interpreta el cuadro. Las irregularidades que hoy se observan no son simplemente daños, sino el resultado de una combinación muy específica de materiales, técnicas y circunstancias.
El estudio deja claro que estas alteraciones no pueden atribuirse únicamente al envejecimiento natural. Son, en gran medida, consecuencia de las elecciones técnicas de Dalí, especialmente su apuesta por el ámbar y ciertas combinaciones de pigmentos.
De este modo, la investigación no solo resuelve un problema de conservación, sino que también aporta una nueva perspectiva sobre la práctica del artista: una técnica innovadora que, sin proponérselo, introdujo fragilidades en la obra desde el inicio.
Referencias
- Defeyt, C., Vandepitte, F., Walter, P., Derzelle, E., de Vries, N., Aleccia, D., Izzo, F. C., Strivay, D. Early Degradation Behavior of Amber-Based Paint Layers in The Temptation of St Anthony by Salvador Dalí. Heritage (2026). https://doi.org/10.3390/heritage9020085.
Fuente informativa
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