China expresó su “firme oposición” a “medidas arancelarias unilaterales” después de que Estados Unidos iniciara una investigación sobre las importaciones de cobre que podría derivar en la imposición de gravámenes a los principales exportadores de este material al país norteamericano.
“No hay ganadores en una guerra comercial ni en una guerra arancelaria. Los intereses de todos los países se ven siempre perjudicados”, dijo el portavoz de Exteriores, Lin Jian en rueda de prensa.
Agregó que Pekín se opone “firmemente” a toda medida arancelaria “unilateral” por parte de Estados Unidos.
“Se deben resolver las preocupaciones a través del diálogo y la consulta de manera igualitaria”, dijo Lin, y agregó que China seguirá tomando “todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses legítimos”.
El presidente, Donald Trump, argumentó tras firmar la orden ejecutiva que ordena la investigación que, en los últimos años, EE.UU. ha enfrentado un “problema significativo” de ‘dumping’ de cobre extranjero en el mercado estadounidense, lo que ha afectado gravemente la producción y manufactura nacional de cobre y sus derivados.
Los principales países que podrían verse afectados son los mayores exportadores de cobre refinado a EE.UU., que son Chile, que en 2023 exportó $4,630 millones de dólares, Canadá ($1,220 millones), Perú ($705 millones), México ($116 millones) y la República Democrática del Congo ($106 millones), según datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC), una plataforma que recopila datos de comercio internacional.
Pekín respondió el mes pasado a los aranceles de Trump -un 10% adicional a las importaciones de todos los productos chinos- con una tarifa del 10% al 15% a ciertos productos estadounidenses, además de nuevos controles a las exportaciones de minerales clave y una investigación contra el gigante tecnológico estadounidense Google.
China también ha protestado por los gravámenes estadounidenses del 25% a la importación del acero y el aluminio, ya que exporta estos materiales a otros países como Canadá o México que, a su vez, los venden al país norteamericano.
En su primera presidencia, Trump ya mantuvo una relación tensa con Pekín al imponer varias tandas de aranceles por valor de unos $370,000 millones de dólares anuales, a lo que China respondió con gravámenes a las exportaciones estadounidenses.
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