Los tiempos en que centenares de migrantes se plantaban entusiasmados desde muy temprano en las diferentes paradas para jornaleros de la Ciudad de Nueva York, esperando una oportunidad de trabajo, cambiaron por completo: ahora son mucho más vulnerables a ser usados como esclavos, además como muchos refieren, salen poseídos por el temor al percibir que el escudo de protección que significa vivir en una ciudad santuario, ya no es suficiente, para contener la fuerza de los operativos federales.
El número de personas que aguardan en una esquina o en los alrededores de una tienda de materiales de construcción, por trabajos temporales, cada vez es significativamente menor.
Si bien el miedo a las redadas de los Servicios de Inmigración y Aduanas (ICE) podría considerarse el factor principal que disuade a los jornaleros, diversos testimonios recopilados por El Diario indican que, en un entorno económico complicado, para muchos la dependencia a un golpe de suerte ya no resulta viable. Más aún, cuando estos espacios han sido un objetivo claro de las operaciones migratorias en las últimas semanas.
En la ciudad de Nueva York algunos estudios académicos como los realizados por el Centro de Investigación para el Desarrollo Comunitario (CDRC) de la Universidad New School ha identificado 57 puntos que incluyen calles, terrenos baldíos y tiendas de materiales de construcción que entran en la categoría de “paradas de jornaleros”.
Es decir, se trata de personas de ambos sexos que aguardan en algunos espacios urbanos, para ofrecer sus servicios laborales por día, por hora o para un trabajo específico.
“La renta no espera”
“José”, un jornalero ecuatoriano que durante 30 años ha sido testigo de lo que ocurre en la “69 y la Roosevelt”, uno de los puntos neurálgicos de Queens, en donde los migrantes buscan oportunidades para subsistir, relata que si antes se reunían 300 personas en una mañana, ahora no acude ni la mitad.
“No hay la misma cantidad de trabajo. Muchos contratistas prefieren contactar a personas de confianza por el what’s app. Segundo, como La Migra sigue apretando, muchos paisanos han decidido devolverse a Ecuador. Yo en mi grupito sé de siete que se fueron en diciembre. No hay casi trabajo como antes y la renta no espera. Y es preferible volver a tu pueblo que estar con un pie aquí y otro en una prisión”, esbozó el migrante.
Este trabajador que durante décadas ha levantado a su familia con trabajos ocasionales de pintura, construcción y mudanzas, refiere que el “sueño americano” tal como lo conoció cuando llegó muy joven al país, se ha desplomado en Nueva York para centenares de sus paisanos.
“Si como antes, tuviéramos oportunidades de llevar dinerito a la casa, bien valdría el riesgo. Pero en realidad, para estar asustado de que en cualquier momento te lleve La Migra, es preferible estar en casita y en tu país”, reconoció.
ICE pisa los talones en Queens
El pasado 14 de diciembre en el estacionamiento del Home Depot ubicado en 92-30 de la calle 168 de Jamaica en Queens, un migrante ecuatoriano fue detenido. Ese hecho disparó las alarmas para muchos jornaleros, que sienten que la presencia de ICE, tal como ha sido claramente ratificado por la agencia federal, subirá el tono en las calles de Nueva York.
El pasado mes de noviembre también se registró un operativo de ICE en el vecindario de Corona.
Para “Victor” otro joven jornalero consultado, quien la semana pasada estaba desesperado por un “trabajito” para poder llegar a fin de mes, confesó que tiene dos días continuos regresando a su casa con las manos vacías.
Este migrante, también ecuatoriano, asegura que la noticia de que ya “se están llevando” también a personas de las calles de la Gran Manzana, lo obligó a replantearse con su familia el hecho de regresar a su país, porque le causa muchos más que pánico, pensar que pueda ser separado de su familia.
“Para quienes no tenemos papeles, es ahora mucho más complicado que alguien te de un trabajo más o menos fijo. Muchos patrones no quieren problemas con el gobierno. Entonces poco a poco los jornaleros, nos quedamos sin alternativa de llevar comida a nuestras mesas. Yo estoy pensando seriamente en abandonar este sueño”, contó el joven de 25 años, dos hijos, con cuatro años viviendo en Nueva York.
Victor siempre había escuchado de que por vivir en una ciudad santuario, las posibilidades de ser “agarrado por ICE” en la calle era mínima. Aunque ya cada vez siente que le está pisando más los talones.
“Muchos nos decían: tranquilo que aquí ICE no llega. Están deportando es en Long Island, en las ciudades en donde la policía colabora con las capturas. Pero con lo que supimos del paisano que se llevaron aquí en Jamaica, en Queens, es para pensarlo”, agregó.

A la espera en Home Depot
En efecto, desde el pasado verano, las agencias federales afinaron la maquinaria de detenciones en paradas de jornaleros en varios puntos de Nueva York, especialmente teniendo como principal punto de acción los alrededores de tiendas de la cadena Home Depot.
Los agentes del ICE han arrestado a docenas de hombres en centros jornaleros cerca de estos almacenes. Hasta ahora el brazo de los federales no había llegado a Queens, pero con mucha fuerza desde el pasado verano, sí se han documentado varios arrestos en New Rochelle, en Hempstead y Freeport.
En muchas localidades neoyorquinas los jornaleros dependen de esperar cerca de un Home Depot para conectar con clientes o contratistas.
Ante los reportes no oficiales de este tipo de detenciones, la Red Nacional de Organización de Jornaleros (NDLON) en un comunicado ratificó que en la ciudad de Nueva York, se han observado “múltiples casos de detenciones por parte de ICE en tiendas Home Depot”. Sin ofrecer mayores detalles.
Más vulnerables al abuso
Con base a un reporte de la Contraloría de la Ciudad de Nueva York estos trabajadores temporales trabajan y cobran a diario, suelen realizar actividades al aire libre, incluyendo la construcción, la jardinería y el paisajismo, la pintura, la instalación de techos y la colocación de paneles de yeso, sin las mínimas condiciones de protección laboral.
Se estima que el 43% de los aproximadamete 10,000 trabajadores temporales de la ciudad de Nueva York trabajan en la construcción.
“La mayoría son inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos indocumentados. Dado que no son contratados mediante acuerdos laborales formales, a menudo tienen relaciones laborales precarias con sus empleadores y no están cubiertos por la legislación laboral”, precisa el reporte.
En medio de este “paisaje”, un jornalero guatemalteco que esperaba por horas sin éxito una oportunidad laboral la semana pasada en la parada de la “69 y la Roosevelt”, contó que luego de un par de años “en esta vuelta”, observa que hay menos oportunidades.
“Hay menos personas en la parada, pero también hay menos contratistas. Y los que vienen tratan de negociar un salario muy por debajo del legal. Quieren esclavos. Y por supuesto uno está desesperado y se va por lo que caiga”, reconoció el centroamericano.
Para Hildalyn Colón, portavoz de New Immigrant Community Empowerment (NICE), una organización de base comunitaria en Queens que ofrece servicios y soporte a estos trabajadores, se perfila una era muy complicada para una fuerza laboral, que aunque por años ha tenido varios desafíos, hasta hace algunas meses podían transitar por sus desafíos económicos con cierta tranquilidad. Ahora el panorama es de mucho miedo, rozando en lo inhumano.
“Teníamos muchísimos años en Nueva York que nuestra comunidad inmigrante no tenía que vivir en este clima de desesperación. Hasta por ir a buscar un café te pueden arrestar. Y eso marca una dinámica muy dolorosa para quien ya le era difícil sobrevivir en este entorno de trabajos temporales”, aseguró la activista.
El nuevo salario mínimo legal de $17 por hora en la ciudad de Nueva York desde este año significa “letra muerta” para estos tipos de trabajadores, quienes denuncian frecuentemente que contratistas aprovechan el clima de temor para establecer relaciones mucho más abusivas.
“Gerardo” otro trabajador entrevistado, compartió su testimonio: “Nos levantaron aquí en la parada la semana pasada, a mí y a tres compañeros más, para limpiar en Jamaica los restos de la demolición de un edificio. Fue un trabajo largo de tres días, de más de 20 horas. Nos ofrecieron $15 dólares por hora, pero cuando recibimos el pago finalmente nos pagaron $10 por hora”.
Al trío de jóvenes centroamericanos, pese a discutir con el encargado del proyecto, no le quedó otra que aceptar la estafa.
Una historia de abusos
La activista de NICE, Hildalyn Colón ratifica que ese salario mínimo legal vigente difícilmente llegará a este tipo de trabajadores, pues hay una práctica histórica de irrespeto salarial que en este momento adquiere nuevas energías.
“Este esquema de abusos se ha convertido en una manera de hacer negocios. Este tipo de empleadores se sienten más libres porque saben que hay nuevas capas de temor. Y es mucho más fácil decir: si no quieres aceptar este pago, hay miles que si lo quieren. Y como son transacciones que casi siempre se dan de forma verbal, el trabajador pocas veces tiene las pruebas para demostrar el robo”, indicó.
Los programas y la asistencia que ofrece NICE y más de una docena de organizaciones por décadas ha tenido que lidiar con el no pago de salarios, el exceso de horas sin pago de horas extra, las deducciones ilegales de las remuneraciones, la falta de descansos para comer, la exposición a violaciones de salud y seguridad, la falta de equipos de protección, la falta de compensación laboral, la discriminación, y el acoso y amenazas por el estado migratorio.
Ahora ha toda la lista anterior se adiciona un miedo terrible a ser separados de sus familias.
El dato:
- 10,000 jornaleros se calcula salían diariamente a más de 50 paradas en los cinco condados de la Gran Manzana en 2024. Casi el 100% de esta fuerza laboral es de origen hispano, particularmente mexicanos, ecuatorianos y centroamericanos.


