Si alguien tuviera que imaginar cómo puede fracasar el lanzamiento de un cohete, la respuesta habitual incluiría fuego, explosiones o motores apagándose en el peor momento posible. Lo que casi nadie habría imaginado es esto: un cohete que despega correctamente y, en pleno ascenso, se queda sin satélite.
Eso es exactamente lo que ocurrió en el último lanzamiento del H3 japonés, una misión que terminó convertida en uno de los fallos más extraños y desconcertantes de la historia reciente de la astronáutica.
El lanzamiento que parecía normal
El 22 de diciembre de 2025, el cohete H3 despegó desde el Centro Espacial de Tanegashima con una misión clara: colocar en órbita el satélite de navegación Michibiki 5, una estructura de unas cinco toneladas destinada a reforzar el sistema japonés de posicionamiento por satélite. Todo parecía desarrollarse con normalidad.
El ascenso inicial fue estable, los motores funcionaron como estaba previsto y la telemetría no mostró anomalías críticas en los primeros minutos de vuelo. Hasta que llegó el momento más rutinario de cualquier lanzamiento.
La cofia y el instante en que todo cambió
La cofia es la cubierta que protege al satélite en las fases iniciales del despegue. Se separa cuando el cohete ya se encuentra lo bastante alto como para que la atmósfera no represente un peligro. Es una maniobra automática, rápida y normalmente irrelevante. En esta misión ocurrió justo lo contrario.
A los 3 minutos y 45 segundos del lanzamiento, tras la separación de la cofia, las cámaras a bordo registraron algo inesperado: una especie de lluvia de fragmentos alrededor del satélite. Pocos segundos después, el comportamiento del conjunto empezó a cambiar.
El golpe que nadie esperaba
Las imágenes mostraron cómo Michibiki 5 comenzaba a oscilar y a inclinarse ligeramente. Al mismo tiempo, los sensores detectaron aceleraciones anómalas en la zona de unión entre el satélite y el lanzador. Algo había impactado o liberado tensión de forma violenta.
Según la JAXA, ese instante es ahora el centro de toda la investigación. Las hipótesis incluyen desde la colisión con fragmentos de la propia cofia hasta una liberación súbita de tensiones estructurales.
El resultado fue claro: el sistema de anclaje quedó dañado.
El “vuelo fantasma” del satélite
Lo más extraño es que el satélite no se soltó inmediatamente. Mientras el cohete siguió acelerando, esa fuerza actuó como una presión constante que mantenía a Michibiki 5 apoyado sobre su base, aun cuando el anclaje ya no estaba en condiciones normales. El conjunto siguió volando como si nada.
Ese equilibrio precario se mantuvo hasta el apagado del motor principal, el momento conocido como MECO. Cuando la aceleración desapareció, el satélite dejó de estar “empujado” contra su soporte. Y entonces ocurrió lo inevitable.
“Simplemente se cayó”
Sin la fuerza que lo mantenía presionado, Michibiki 5 se separó antes de tiempo, justo antes de que la segunda etapa pudiera tomar el control del vuelo y colocarlo en su órbita definitiva.
No hubo explosión. No hubo fuego. No hubo fallo inmediato del motor. El satélite, literalmente, se soltó.
Un problema adicional en la segunda etapa
Ese mismo evento también parece estar relacionado con otro fallo detectado casi al mismo tiempo: una caída de presión en el tanque de hidrógeno líquido de la segunda etapa.
La JAXA cree que el impacto o la deformación que afectó al sistema de unión del satélite pudo dañar también la línea de presurización. El motor llegó a encenderse, pero lo hizo con un rendimiento inferior al necesario.
La etapa alcanzó una órbita baja incompleta y terminó reentrando en la atmósfera horas después, donde se desintegró.
Dónde terminó el satélite

Según la agencia japonesa, Michibiki 5 habría caído en el océano Pacífico, al este de Minamitorishima, dentro de una zona de impacto prevista para restos del lanzamiento. No se han reportado daños ni riesgos para la navegación aérea o marítima.
Lo que sí quedó tocado es el programa H3.
Un cohete clave que aún busca consolidarse
El H3 es el lanzador más moderno de Japón y una pieza central de su acceso independiente al espacio. Este era su octavo vuelo, con un balance hasta ahora de seis éxitos y dos fallos.
Cada anomalía pesa.
Tras el incidente, JAXA y Mitsubishi Heavy Industries decidieron aplazar el siguiente lanzamiento, previsto para el 1 de febrero, que también transportaría un satélite Michibiki.
Antes de volver a la rampa, la agencia necesita una explicación clara. Porque en la carrera espacial, perder un satélite por una explosión es un riesgo asumido. Perderlo porque se cayó del cohete es otra historia muy distinta.


