Un fósil descubierto en Argentina ha permitido identificar una nueva especie de dinosaurio y replantear una vieja discusión científica. El hallazgo, publicado en la revista PeerJ, muestra que la historia evolutiva de los grandes saurópodos fue bastante más compleja de lo que parecía.
Durante décadas, buena parte de lo que se sabía sobre los dinosaurios de cuello largo del Jurásico procedía de yacimientos de Norteamérica y otras regiones del hemisferio norte. Allí aparecieron nombres célebres como Diplodocus o Brachiosaurus, convertidos casi en iconos populares de la paleontología. Sin embargo, el sur del antiguo supercontinente Gondwana seguía ofreciendo muchas más preguntas que respuestas.
Esa falta de piezas era especialmente notable en Patagonia, una de las grandes reservas fósiles del planeta. Aunque en la provincia argentina de Chubut se conocían restos importantes, el rompecabezas estaba lejos de completarse. Cada nueva vértebra extraída de esas rocas podía cambiar el dibujo general.
Y eso es exactamente lo que ha ocurrido ahora. El equipo formado por investigadores alemanes y argentinos analizó un conjunto de huesos recuperados en la Formación Cañadón Calcáreo, una unidad geológica datada en torno a 155 millones de años. Allí aparecieron decenas de vértebras del cuello, espalda y cola, además de costillas y parte de la pelvis.
Un animal adulto que murió donde cayó
Los restos no pertenecían a un ejemplar juvenil ni a un animal arrastrado desde lejos. Tal y como indica el estudio, la microestructura ósea y la fusión de varias piezas muestran que se trataba de un individuo adulto. Los investigadores también consideran probable que fuera enterrado cerca del lugar donde murió, mientras las partes más ligeras del cuerpo desaparecieron con el tiempo.
Ese detalle importa porque ofrece una imagen más fiel del animal original. A partir de los huesos conservados, los autores estiman una longitud cercana a los 20 metros. No era el mayor saurópodo conocido, pero sí un gigante de tamaño respetable en su ecosistema.
Durante la preparación del material apareció otro dato llamativo: algunas vértebras recordaban mucho a fósiles atribuidos años atrás a un grupo completamente distinto. Esa coincidencia abrió una cuestión delicada. ¿Se habían confundido ciertos rasgos anatómicos? ¿O los grandes saurópodos compartían más características de las esperadas?
El momento clave: nace Bicharracosaurus
La respuesta llegó tras comparar centenares de caracteres anatómicos en varios análisis filogenéticos. El nuevo dinosaurio ha sido bautizado como Bicharracosaurus dionidei. El nombre del género procede de “bicharraco”, una forma coloquial de referirse a un animal grande; el de la especie homenajea a Dionide Mesa, el pastor que encontró los primeros restos en su finca.
Lo verdaderamente importante no es el nombre, sino su posición en el árbol evolutivo. Tal y como ha revelado el trabajo, Bicharracosaurus encaja mejor entre los macronarios, el gran grupo que incluye a los braquiosáuridos. Si esta interpretación se confirma, sería uno de los primeros braquiosáuridos jurásicos identificados en Sudamérica.
Eso resulta sorprendente porque varias de sus vértebras dorsales se parecen a las de diplodócidos, el linaje de Diplodocus. En otras palabras: mostraba una mezcla anatómica que hasta ahora parecía improbable entre ramas consideradas bien diferenciadas.
Este hallazgo refuerza la idea de que Patagonia fue uno de los grandes escenarios de la evolución de los dinosaurios gigantes.
Por qué cambia la historia de los gigantes del Jurásico
El hallazgo sugiere que la separación entre estos grupos no fue tan limpia en sus primeras fases. Algunas características quizá evolucionaron varias veces o se conservaron durante más tiempo del esperado. Para los paleontólogos, eso obliga a revisar ejemplares antiguos y a ser prudentes con fósiles fragmentarios.
También refuerza la importancia de Gondwana en la evolución de los saurópodos. Durante mucho tiempo, Tanzania era casi la única gran referencia austral para este periodo. Ahora Patagonia gana peso como laboratorio natural para entender cómo se diversificaron estos colosos.
No es un detalle menor. Los saurópodos dominaron los ecosistemas terrestres durante millones de años y alcanzaron tamaños imposibles para cualquier mamífero moderno. Saber cómo surgieron sus principales linajes ayuda a explicar uno de los mayores éxitos evolutivos de la historia.

El descubrimiento confirma que el hemisferio sur aún guarda claves esenciales para entender la historia de los dinosaurios.
Un museo argentino y una pregunta abierta
Los restos de Bicharracosaurus dionidei se conservan hoy en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew. Allí seguirán siendo estudiados mientras otras campañas buscan nuevos huesos en la misma formación.
Porque este descubrimiento no cierra una historia: la abre. Si un dinosaurio de 20 metros pudo permanecer oculto hasta ahora y además alterar las relaciones entre familias enteras, es muy posible que Patagonia todavía guarde más sorpresas bajo la roca.
Referencias
- Thiry, Médard y Milnes, Anthony. 2024. “Reports Engineered ‘landmarks’ associated with Late Paleolithic engraved shelters”. Journal of Archaeological Science: Reports, 55: 1-25. DOI: 10.1016/j.jasrep.2024.104490
Fuente informativa
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