Un fósil hallado en Nuevo México ha revelado que algunos linajes primitivos de dinosaurios sobrevivieron mucho más tiempo de lo que se creía.
La historia comenzó con una pieza poco prometedora: un cráneo deformado, fragmentado y difícil de interpretar, extraído en 1982 de la célebre cantera de Coelophysis Quarry, en Ghost Ranch, uno de los yacimientos triásicos más conocidos de Estados Unidos. Durante años permaneció en colecciones sin ofrecer respuestas claras. Ahora, gracias a nuevas técnicas de escaneado y reconstrucción digital, ese bloque de hueso maltrecho se ha convertido en una de las pistas más valiosas sobre el origen de los dinosaurios.
Tal y como indica el estudio publicado en Papers in Palaeontology, el ejemplar procede de rocas situadas al final del Triásico, hace unos 201 millones de años, justo en las proximidades de una de las grandes crisis biológicas de la Tierra: la extinción del final del Triásico. Ese episodio alteró los ecosistemas globales y abrió la puerta al dominio jurásico de los dinosaurios.
Hasta ahora, muchos especialistas pensaban que ciertos grupos tempranos de dinosaurios carnívoros habían desaparecido antes de ese cataclismo. Sin embargo, este fósil sugiere que algunos resistieron hasta el último momento en regiones concretas del antiguo supercontinente Pangea.
Lo más llamativo es que el animal no pertenecía a los terópodos clásicos que más tarde darían lugar a gigantes como Tyrannosaurus rex. Formaba parte de una rama mucho más antigua y enigmática, emparentada con algunos de los primeros dinosaurios depredadores conocidos.
Un cráneo extraño que escondía una sorpresa
Los investigadores emplearon tomografía computarizada para separar virtualmente huesos desplazados, corregir deformaciones y reconstruir la cabeza en tres dimensiones. El resultado fue inesperado: un animal con hocico probablemente corto y profundo, caja craneana ancha y unos pómulos desproporcionadamente desarrollados.
El cráneo mide alrededor de 22 centímetros, pero su anatomía resulta singular entre los dinosaurios tempranos. Tal y como ha revelado el trabajo científico, poseía un hueso yugal —la región equivalente al pómulo— extraordinariamente alto, una característica no vista hasta ahora en formas tan antiguas.
Ese detalle llevó a los autores a concluir que no estaban ante una especie conocida, sino ante un nuevo género y especie. Lo bautizaron como Ptychotherates bucculentus, un nombre que alude a su estado “plegado” y a sus “mejillas llenas”.
La especie se integra en un grupo recién formalizado, que reúne a varios dinosaurios carnívoros del Triásico tardío del actual suroeste de Estados Unidos. Este linaje mezclaba rasgos primitivos con otros más avanzados, lo que lo convierte en una pieza clave para entender cómo evolucionaron los primeros saurisquios.
El refugio final de una dinastía perdida
La gran implicación del hallazgo no está solo en el aspecto del animal, sino en su fecha. Si vivió realmente tan cerca del límite Triásico-Jurásico como sugieren los sedimentos, entonces algunos dinosaurios arcaicos convivieron con formas más modernas hasta mucho después de lo esperado.
Eso cambia una idea muy extendida: la de una sustitución rápida y temprana de los viejos depredadores por los terópodos más derivados. En realidad, pudo existir una larga coexistencia, con ecosistemas donde distintos modelos evolutivos compartían territorio.
Los autores plantean además que las latitudes bajas de Pangea —zonas hoy equivalentes al suroeste de Norteamérica— actuaron como refugio biológico. Mientras otros lugares ya habían perdido esos linajes, allí pudieron resistir durante millones de años más.
Cuando llegó la extinción final del Triásico, desaparecieron para siempre. Es posible que Ptychotherates bucculentus represente uno de sus últimos supervivientes conocidos.

Una pieza pequeña para una pregunta enorme
En paleontología, a veces una sola pieza cambia el mapa completo. Este cráneo cabe entre las manos, pero obliga a revisar cuándo se extinguieron algunos grupos de dinosaurios, cómo se repartían por el planeta y qué ocurrió realmente antes del ascenso jurásico.
También recuerda algo esencial: muchos descubrimientos no esperan bajo tierra, sino en cajones de museo. Décadas después de ser excavado, este fósil ha hablado por fin.
Y lo que cuenta es fascinante: antes de que los dinosaurios dominaran el mundo, algunas de sus ramas más antiguas aún seguían luchando por sobrevivir.
Referencias
- Simba Srivastava et al, A new taxon of saurischian dinosaur from the Coelophysis Quarry of New Mexico, USA (Triassic: latest Norian or Rhaetian) highlights herrerasaurian diversity in the latest Triassic, Papers in Palaeontology (2026). DOI: 10.1002/spp2.70069
Fuente informativa
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