domingo 1 febrero 2026

Europa construye una máquina colosal para rastrear vibraciones del espacio-tiempo que hoy permanecen invisibles. Si detecta cómo se atenúan las ondas gravitacionales a miles de millones de años luz, podríamos descubrir que la relatividad no es la última palabra sobre el cosmos

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Durante algunas décadas, los grandes interferómetros como LIGO y Virgo se han comportado como faros tímidos asomándose a un océano oscuro. Nos han permitido detectar fusiones de agujeros negros, estrellas de neutrones y los primeros ecos del espacio-tiempo vibrando. Pero ese universo ha sido apenas el borde iluminado de un continente más profundo.

El Telescopio Einstein, si todo sale como está previsto, será la expedición que penetre en ese territorio desconocido, capaz de escuchar señales que hoy ni siquiera rozan nuestros instrumentos.

Una máquina subterránea pensada para escuchar el universo antes de las estrellas

© NASA, ESA, CXC, SSC, e STScI.

Para comprender este salto tecnológico, hay que entender qué limita a los detectores actuales. En la superficie terrestre, todo vibra: el tráfico, el viento, los microterremotos, incluso las fluctuaciones del propio suelo. Ese “ruido” hace imposible oír las ondas gravitacionales más antiguas y débiles, aquellas generadas cuando el universo no tenía estrellas, solo fluctuaciones primordiales.

El Telescopio Einstein esquiva ese problema moviéndose bajo tierra, enterrado entre 200 y 300 metros de roca firme. Allí, aislado del mundo, podrá bajar su umbral de detección hasta los 3 Hz. Hoy, ningún detector puede oír por debajo de 20 Hz. Y según Michele Maggiore, físico de la Universidad de Ginebra y uno de los líderes del proyecto, “es justo en ese inframundo de frecuencias donde se esconden las historias más antiguas del universo”.

La estructura propuesta es monumental: un triángulo equilátero de 10 kilómetros por lado, o dos gigantescas configuraciones en forma de L separadas por cientos de kilómetros.

En su interior, una arquitectura de “xilófono” combinará dos interferómetros: uno criogénico, enfriado a 20–30 Kelvin para silenciar el ruido térmico, y otro de alta potencia láser para cubrir las frecuencias superiores. Es una solución imposible para una sola máquina, pero esencial para abarcar un espectro tan amplio como el que necesita la nueva astronomía gravitacional.

Un detector que puede ver el futuro… y avisar con un día de antelación

La mejora de sensibilidad no solo permitirá capturar eventos más remotos. También ampliará la capacidad de anticiparse a ellos. Hoy, los detectores solo ven la fusión de dos estrellas de neutrones en sus últimos instantes, una fracción de segundo antes del choque. Con el Telescopio Einstein, esa señal entraría en el rango operativo del detector hasta 24 horas antes.

Esto es un cambio radical. Significa que una red global de telescopios podría apuntar sus instrumentos con antelación a un punto exacto del cielo. Podríamos ver el nacimiento de una kilonova desde su momento inicial, registrar su evolución completa y comparar las señales ópticas con las gravitacionales desde su origen.

Maggiore lo resume con una frase que suena casi a ciencia ficción: “Pasaremos de detectar unas decenas de eventos al año a más de cien mil. Uno cada pocos minutos”. No es solo una mejora estadística. Es una transición a la precisión absoluta.

¿Y si Einstein no basta? El detector que puede cazar fallos en la relatividad

Europa construye una máquina colosal para rastrear vibraciones del espacio-tiempo que hoy permanecen invisibles. Si detecta cómo se atenúan las ondas gravitacionales a miles de millones de años luz, podríamos descubrir que la relatividad no es la última palabra sobre el cosmos
© LIGO/Caltech/MIT/Sonoma State (Aurore Simonnet).

Aquí es donde el proyecto adquiere un carácter totalmente filosófico inesperado. El Telescopio Einstein, el mayor homenaje experimental al padre de la relatividad general, podría ser también la herramienta que demuestre sus límites. Su objetivo no es buscar errores por capricho, sino medir cómo se atenúan las ondas gravitacionales a lo largo de decenas de miles de millones de años luz.

En la relatividad general, la amplitud de una onda gravitatoria disminuye inversamente con la distancia. Pero si la gravedad se comporta de manera distinta en escalas cosmológicas —si existe, por ejemplo, un componente no local o una modificación de la ley de gravitación— esa atenuación debería seguir un patrón diferente.

Y el Telescopio Einstein podría detectarlo comparando distancias medidas por ondas gravitacionales con distancias medidas por luz, gracias a las llamadas “sirenas estándar”. Maggiore lo plantea como una pregunta abierta: “Cada vez que llevamos la gravedad a escalas cosmológicas, algo no encaja. Quizá lo que llamamos energía oscura sea, en realidad, una señal de que las ecuaciones de Einstein no son las correctas a gran escala”.

Agujeros negros primordiales y el universo antes de las estrellas

Europa construye una máquina colosal para rastrear vibraciones del espacio-tiempo que hoy permanecen invisibles. Si detecta cómo se atenúan las ondas gravitacionales a miles de millones de años luz, podríamos descubrir que la relatividad no es la última palabra sobre el cosmos
© Einstein Telescope.

El Telescopio Einstein será tan sensible que podrá ver más allá del nacimiento de las primeras estrellas. En ese territorio oscuro solo podrían existir objetos extremadamente exóticos: los agujeros negros primordiales, formados a partir de fluctuaciones de densidad inmediatamente posteriores al Big Bang.

Detectar uno de ellos sería algo histórico. No solo significaría haber visto un objeto más antiguo que cualquier estrella, sino validar un tipo de física que conecta la cosmología temprana con la estructura cuántica del universo. En la práctica, sería una forma de asomarse a los primeros latidos del cosmos, una oportunidad sin precedentes para entender cómo empezó todo.

Una decisión geopolítica antes de 2027: Cerdeña, Euregio o Lusatia

Aunque su ciencia está clara, su ubicación no. Europa evalúa tres propuestas:

  • la mina de Sos Enattos, en Cerdeña,
  • la región Euregio Mosa-Rin, entre Holanda, Alemania y Bélgica,
  • y Lusatia, en Alemania.

Cerdeña es, según varios análisis, la opción más silenciosa desde el punto de vista sísmico. Un recurso natural precioso para un detector que depende del silencio absoluto. La otra gran decisión gira en torno a la geometría: un triángulo único o dos L gigantes distribuidas entre países. Italia afirma estar dispuesta a acoger el triángulo o a integrarse en la red de dos detectores, pero aún falta la resolución final.

Si todo avanza según lo previsto, dentro de quince años la máquina estará terminada. Y entonces, por primera vez, podremos escuchar lo que ocurrió antes de que existieran estrellas, galaxias o luz.

El Telescopio Einstein no es solo un experimento. Es una pregunta lanzada al cosmos: ¿funciona realmente la gravedad como creemos? Y lo que escuche podría cambiarlo todo.

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