Puerto Príncipe.– Haití entra este sábado 7 de febrero en una de las fases más críticas de su prolongada crisis política, tras el vencimiento oficial del mandato del Consejo Presidencial de Transición (CPT) sin que se haya logrado cumplir su misión de conducir al país hacia la elección y juramentación de un presidente constitucional.
La salida del CPT, en medio de la falta de elecciones y un persistente clima de inseguridad, ha dejado a la nación caribeña atrapada en un profundo vacío institucional, sin autoridades electas ni una estructura clara de poder. Con la expiración de sus funciones, Haití queda sin presidente, senadores, diputados ni alcaldes, configurando un escenario de extrema gravedad política.
Durante su gestión, el Consejo Presidencial de Transición fue objeto de múltiples cuestionamientos por presuntos abusos, corrupción, nepotismo, tráfico de influencias y privilegios indebidos. Su incapacidad para cumplir el mandato asignado ha sido señalada como una de las principales causas del colapso institucional que ahora enfrenta el país.
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La situación mantiene en alerta a la región, particularmente a la República Dominicana, ante el impacto que históricamente han tenido las crisis haitianas en los países vecinos. La ausencia total de autoridad abre el riesgo de que grupos criminales o sectores políticos intenten ocupar el espacio de poder, sin que exista una instancia legítima capaz de ordenar detenciones o someter responsables ante la justicia.
El vacío también afecta de manera directa al sistema judicial, que queda prácticamente paralizado. Sin un marco institucional funcional, surgen interrogantes sobre el manejo de los procesos judiciales y la situación de los reclusos en el país.
De acuerdo con el periodista haitiano Robenson Geffrard, del diario Le Nouvelliste, este sábado se celebrará una ceremonia en la Villa d’Accueil, con la presencia del cuerpo diplomático e invitados especiales, donde el presidente saliente del CPT, Laurent Saint-Cyr, pronunciará un discurso de despedida. En ese acto, Saint-Cyr entregará las funciones del poder ejecutivo al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, quien asumiría la responsabilidad de garantizar la continuidad del Estado, aunque con atribuciones consideradas “inciertas” e “indefinidas”.
Fils-Aimé es visto por Estados Unidos como una figura clave para mantener cierto nivel de control institucional en medio del vacío de poder, aunque sectores haitianos cuestionan la legalidad de su eventual rol, al no surgir de un proceso electoral. Su designación es interpretada por algunos analistas como una medida impulsada bajo presión internacional, similar a lo ocurrido con Ariel Henry tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse.
Paralelamente, medios haitianos han informado sobre propuestas de actores políticos que plantean la designación de un juez de la Corte de Casación como presidente interino, alternativa que sigue generando debate en el país. No obstante, diversos sectores coinciden en que una extensión del mandato del Consejo Presidencial de Transición no sería aceptada por la población.
En este contexto de alta tensión, la llegada el pasado miércoles 4 de febrero de los buques USS Stockdale, USCGC Stone y USCGC Diligence a la bahía de Puerto Príncipe ha generado interrogantes. Aunque Estados Unidos indicó que se trata de la operación “Lanza del Sur”, la presencia naval se produjo apenas días antes del vencimiento del mandato del CPT, lo que ha sido interpretado como una medida de advertencia o previsión ante posibles disturbios.
La embajada de Estados Unidos en Haití señaló en su cuenta de X que la llegada de los buques “refleja el firme compromiso de Estados Unidos con la seguridad, la estabilidad y un futuro mejor para Haití”. El desarrollo de los acontecimientos, sin embargo, dependerá del curso que tome la crisis política y de las decisiones que se adopten en las próximas horas.


