Durante años, una sola empresa parecía tener el control casi total del internet satelital en órbita baja. Miles de dispositivos girando alrededor del planeta consolidaron una ventaja difícil de igualar. Pero el tablero está cambiando. Un nuevo actor acaba de dar un paso decisivo, con lanzamientos estratégicos, acuerdos internacionales y una hoja de ruta que promete alterar la competencia en el espacio cercano a la Tierra.
Un dominio que parecía intocable
Desde que Elon Musk impulsó el proyecto Starlink a través de SpaceX, el mercado de internet satelital en órbita baja quedó prácticamente bajo su control. Con más de 10.000 satélites lanzados y alrededor de 8.600 activos, la red se convirtió en la constelación más grande jamás desplegada.
La ambición no se detiene ahí. La aprobación para operar hasta 12.000 satélites ya está concedida, y existen planes para superar incluso los 30.000 dispositivos en el largo plazo. El objetivo es claro: cobertura global de alta velocidad y baja latencia, capaz de llegar a regiones donde la infraestructura terrestre es limitada o inexistente.
Durante años, ningún competidor logró acercarse a esa escala ni a la velocidad de despliegue, apoyada en cohetes reutilizables y una logística altamente optimizada.
El movimiento que cambia el tablero
Ahora, Jeff Bezos entra de lleno en la disputa con su propio sistema de satélites, conocido como Amazon Leo. El reciente lanzamiento de 32 satélites desde el cosmódromo de Kourou, en la Guayana Francesa, marca un punto de inflexión simbólico y estratégico.
La misión fue realizada por el cohete Ariane 6, en su versión más potente, Ariane 64. No se trata solo de sumar dispositivos a la órbita, sino de enviar un mensaje claro: la competencia ya no es hipotética.
Aunque la constelación de Amazon todavía es mucho más pequeña (apenas supera los 200 satélites) el plan contempla desplegar 3.236 unidades en los próximos años. Además, existe un contrato para 18 misiones adicionales con el lanzador europeo, lo que refuerza el compromiso a largo plazo.
Europa entra en la ecuación
El lanzamiento desde Europa no es un detalle menor. La colaboración con Arianespace, respaldada por la Agencia Espacial Europea, posiciona a Ariane 6 en el centro de la nueva economía espacial comercial.
Mientras Musk ha basado su estrategia en la integración vertical (cohetes propios, producción interna y reutilización constante) Bezos apuesta por alianzas internacionales y diversificación de proveedores de lanzamiento. Esta diferencia estratégica podría tener implicancias geopolíticas y comerciales relevantes en los próximos años.
Para Europa, además, representa una oportunidad de consolidar autonomía en el acceso al espacio en un contexto de creciente competencia global.
Dos modelos, una misma órbita
Tanto Starlink como Amazon Leo operan bajo el mismo principio: constelaciones de satélites en órbita baja terrestre (LEO) que transmiten datos entre usuarios y estaciones terrestres. La diferencia radica en la escala y en el ritmo de expansión.
Starlink ha logrado una ventaja clara gracias al uso frecuente del cohete Falcon 9 y, en perspectiva, la futura capacidad de la nave Starship. Amazon, en cambio, avanza con un despliegue más gradual, pero incorporando innovaciones propias.
Entre ellas, el desarrollo de terminales específicas como la antena Ultra, diseñada para mayor resistencia ambiental, y el uso de enlaces láser entre satélites, lo que permitiría reducir latencia y mejorar la eficiencia de la red.
Los satélites recién lanzados se ubican a unos 465 kilómetros de altura y forman parte de una primera fase que busca habilitar servicios comerciales hacia finales de 2026 o 2027, inicialmente para clientes empresariales y gubernamentales.
Una competencia que recién comienza
En términos numéricos, la ventaja sigue claramente del lado de SpaceX. Sin embargo, el ingreso decidido de Amazon introduce un nuevo equilibrio competitivo. La batalla no será solo tecnológica, sino también financiera, política y estratégica.
El despliegue masivo de satélites en órbita baja redefine la infraestructura global de comunicaciones. Lo que está en juego no es únicamente quién ofrece mejor conexión, sino quién controla la red que podría sostener economías digitales enteras, operaciones militares, sistemas logísticos y comunicaciones críticas.
El primer paso ya está dado. Y aunque el liderazgo actual parezca firme, la historia demuestra que en el espacio la ventaja puede cambiar más rápido de lo que muchos imaginan.
[Fuente: La Razón]


