martes 17 febrero 2026
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Multas por no reciclar orgánicos en NYC: el DSNY retoma sanciones y refuerza el compostaje obligatorio

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El programa obligatorio de compostaje residencial en la ciudad de Nueva York vuelve a estar bajo estricta vigilancia. Desde el 1 de enero de 2026, el Departamento de Sanidad de la Ciudad de Nueva York (DSNY, por sus siglas en inglés) reanudó la emisión de multas a todos los edificios que no participen correctamente en el sistema de Curbside Composting, que exige separar restos de comida y desechos de jardín del resto de la basura.

Las sanciones ya se habían aplicado brevemente en abril de 2025, pero el entonces alcalde Eric Adams decidió suspenderlas tras menos de 3 semanas de implementación, argumentando que era necesario dar más tiempo a los edificios para adaptarse a la normativa. 10 meses después, y bajo la nueva administración encabezada por Zohran Mamdani, el DSNY retomó la aplicación de sanciones en toda la ciudad.

“Desde el 1 de enero hemos estado aplicando la ley de manera generalizada, no solo a los reincidentes de alta densidad como hicimos durante gran parte de 2025”, explicó Vincent Gragnani, portavoz del departamento, en declaraciones a medios locales.

Hasta el 10 de febrero, la agencia había emitido 414 citaciones a edificios por no separar adecuadamente residuos orgánicos. La cifra podría haber sido mayor de no ser por las tormentas de nieve y las temperaturas bajo cero que obligaron al DSNY a redoblar esfuerzos en remoción de nieve y recolección de basura.

¿Cuánto cuestan las multas por no compostar en Nueva York?

Las multas por no colocar los contenedores marrones de compostaje van desde $50 dólares por la primera infracción hasta $200 por la tercera y posteriores. En el caso de separar incorrectamente los residuos, ejemplo, arrojar basura común en el contenedor de orgánicos, las sanciones varían según el tamaño del edificio. Las propiedades con 9 unidades o más enfrentan penalidades más altas que las construcciones más pequeñas.

El objetivo no es recaudatorio, insisten las autoridades, sino ambiental. El programa busca reducir la cantidad de residuos orgánicos que terminan en vertederos, donde generan metano, un gas de efecto invernadero con alto impacto en el calentamiento global.

Participación baja, pero en aumento

Aunque los contenedores marrones se han vuelto parte habitual del paisaje urbano en Manhattan y otros distritos, la participación inicial fue baja. En otoño de 2024, poco después del lanzamiento del programa residencial, la tasa de captura, es decir, el porcentaje de residuos orgánicos efectivamente separados respecto al total generado, era inferior al 5%, según un análisis de Samantha MacBride, profesora asociada en Baruch College y exfuncionaria del DSNY durante casi 20 años.

Sin embargo, el breve periodo de aplicación de multas en la primavera de 2025 tuvo un efecto notable. Según la investigación de MacBride, la tasa de captura se duplicó hasta aproximadamente el 10% tras la emisión de más de 4,000 infracciones en abril de ese año.

Un hallazgo llamativo fue que no necesariamente la cantidad de multas determinó la mejora, sino la percepción de que la normativa se estaba aplicando. “La conciencia sobre la fiscalización, más que las multas en sí mismas, impulsó el aumento en la participación”, concluyó la académica.

Manhattan rezagado, pero el Upper West Side destaca

El nivel de participación varía considerablemente según el vecindario. Manhattan, en general, presenta tasas más bajas que otros distritos. No obstante, el Upper West Side se posicionó como una excepción positiva, con una tasa de captura de 13.5% en la primavera de 2025, superando ampliamente el promedio del borough.

Aunque no hay datos públicos más recientes sobre la tasa específica de captura en el área, las cifras oficiales del portal Open Data muestran una tendencia al alza en el volumen total recolectado. En octubre de 2024, cuando comenzó el programa residencial, el Upper West Side generó 129 toneladas de compost. Para diciembre de 2025, esa cifra había aumentado a más de 318 toneladas mensuales.

Más que multas: educación y comunidad

Para MacBride, el cumplimiento sostenido no depende únicamente de la fiscalización. La experta sostiene que se requiere una estrategia más focalizada de educación y acercamiento comunitario.

“Cada distrito comunitario es también un distrito de saneamiento y tiene su propio garaje. Los trabajadores conocen íntimamente sus zonas porque están allí todos los días”, explicó. Aprovechar ese conocimiento local podría ser clave para diseñar campañas más efectivas.

El DSNY asegura que ya implementa diversas estrategias de divulgación, incluyendo redes sociales, reuniones con administradores y superintendentes de edificios, además de advertencias previas a la imposición de multas.

“Sabemos que aumentar la participación lleva tiempo. Seguimos recordando a los neoyorquinos que el compostaje es obligatorio y extremadamente simple: basta con sacar los restos de comida y desechos de jardín en un contenedor el mismo día del reciclaje”, señaló Gragnani.

Impacto ambiental y energía renovable

El programa no solo apunta a reducir emisiones contaminantes. Los residuos orgánicos recolectados se procesan para convertirse en abono rico en nutrientes destinado a parques y jardines, o se envían a instalaciones de tratamiento donde se transforman en gas natural renovable. Este recurso puede contribuir a diversificar la matriz energética y, potencialmente, aliviar costos energéticos a largo plazo.

Expertos coinciden en que el verdadero éxito del programa dependerá de cambiar hábitos cotidianos. Separar cáscaras de frutas, restos de café o alimentos vencidos puede parecer un gesto pequeño, pero multiplicado por millones de hogares tiene un impacto significativo en la reducción de residuos y emisiones.

Con la reanudación de multas en 2026, la ciudad deja claro que el compostaje ya no es opcional. Para los edificios residenciales de Nueva York, adaptarse no solo evitará sanciones económicas, sino que también contribuirá a una estrategia ambiental que busca posicionar a la ciudad como referente en gestión sostenible de residuos.

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