viernes 6 febrero 2026

Bitcoin vuelve a compararse con el oro en plena corrección del mercado. JPMorgan explica por qué ahora la criptomoneda resulta más atractiva a largo plazo

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Durante meses, el relato ha sido casi unánime: el oro recuperó protagonismo como refugio mientras Bitcoin se movía en terreno incómodo, atrapado entre correcciones, salidas de capital y un mercado cripto que perdió parte del brillo de ciclos anteriores. Sin embargo, los últimos datos empiezan a dibujar un matiz distinto. Para JPMorgan, el equilibrio entre ambos activos está cambiando de forma silenciosa. No porque Bitcoin haya vuelto a “ponerse de moda”, sino porque el contexto de riesgo ha reordenado la comparación a largo plazo.

Un invierno duro para las criptomonedas

© Unsplash – Kanchanara.

El mercado cripto llega a este punto tras varias semanas de presión. La debilidad general de los activos de riesgo ha pesado sobre Bitcoin y Ethereum, y los flujos hacia productos financieros ligados a criptomonedas se han enfriado. Los ETF al contado han registrado salidas netas, una señal de que la desconfianza no se limita a pequeños inversores, sino que alcanza también a perfiles más institucionales.

A este entorno se suman episodios de inseguridad dentro del ecosistema, que, aunque puntuales, tienden a amplificar la sensación de fragilidad. No es tanto el impacto económico directo de cada incidente, sino el efecto psicológico que deja en un mercado que todavía busca consolidar su credibilidad a largo plazo.

El oro también se mueve (y eso importa)

El oro ha brillado como refugio, pero no de la forma clásica que muchos esperan. En los últimos meses, su rendimiento ha sido fuerte, pero también lo ha sido su volatilidad. Para un activo que suele asociarse con estabilidad, este detalle es relevante: cuando el “refugio” empieza a moverse con más brusquedad, la frontera entre activo defensivo y activo de riesgo se vuelve más difusa.

En este contexto, la comparación entre oro y Bitcoin deja de ser tan simple como contraponer estabilidad frente a volatilidad. El escenario actual muestra a dos activos moviéndose en direcciones distintas, pero con perfiles de riesgo que empiezan a acercarse más de lo que sugiere el estereotipo.

Qué está mirando realmente JPMorgan

El argumento central de JPMorgan no es que Bitcoin sea “mejor” que el oro, sino que su atractivo relativo ajustado al riesgo ha mejorado. La relación entre la volatilidad de ambos activos se ha estrechado hasta niveles históricamente bajos, lo que cambia la forma en que se interpreta el potencial de cada uno en el largo plazo.

Además, el banco observa que la corrección reciente ha llevado a Bitcoin a cotizar por debajo de estimaciones de coste de producción que, en ciclos anteriores, han funcionado como una especie de “suelo flexible” del mercado. No es una garantía de rebote inmediato, pero sí un punto de referencia que suele marcar zonas donde el pesimismo se concentra en exceso.

ETF, desapalancamiento y una corrección menos caótica

Otro matiz interesante es cómo se ha producido la corrección. Aunque ha habido salidas de capital en productos vinculados a Bitcoin, el desapalancamiento en derivados ha sido más moderado que en episodios de estrés anteriores. En otras palabras, el ajuste ha sido duro, pero menos desordenado.

Esto sugiere un mercado que, aunque golpeado, empieza a mostrar dinámicas algo más maduras. No es estabilidad plena, pero sí una diferencia respecto a ciclos donde cada caída se traducía en liquidaciones masivas y pánico generalizado.

¿Bitcoin como “nuevo oro”? No exactamente

Bitcoin vuelve a compararse con el oro en plena corrección del mercado. JPMorgan explica por qué ahora la criptomoneda resulta más atractiva a largo plazo
© Pexels – Kaboompics.com.

El análisis de JPMorgan no apunta a una sustitución del oro por Bitcoin como refugio clásico. Las funciones que cumplen ambos activos en una cartera siguen siendo distintas. El oro mantiene su papel histórico como reserva de valor en entornos de incertidumbre macroeconómica. Bitcoin, en cambio, sigue siendo un activo tecnológico-financiero con un componente especulativo elevado.

Lo que cambia es el encuadre: en determinados momentos de mercado, la relación riesgo-retorno de Bitcoin puede volverse más atractiva que la del oro, especialmente cuando el metal precioso ya ha descontado gran parte de su narrativa defensiva.

Un cambio de marco mental para el largo plazo

Más que una predicción de precios, lo que emerge de este análisis es un cambio de marco. La comparación entre oro y Bitcoin deja de ser un duelo de “seguro contra arriesgado” y pasa a ser una evaluación más matizada del equilibrio entre volatilidad, rendimiento y narrativa de refugio.

Para el inversor a largo plazo, esto no implica elegir bando de forma excluyente, sino entender que incluso los activos con roles históricos muy definidos pueden intercambiar matices según el momento del ciclo. Y que, a veces, el activo más volátil es el que, ajustado al contexto, empieza a ofrecer una ecuación de riesgo más interesante de lo que parece a simple vista.

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