Descubren el misterio más insólito del Sudario de Turín: ADN de 10 especies y un 40% de origen indio


Un análisis genético revela ADN de múltiples especies y linajes humanos, haciendo casi imposible identificar su origen real.

Un equipo de científicos ha confirmado que el Sudario de Turín contiene ADN de más de 10 especies y un sorprendente 40% de linajes de origen indio, una mezcla tan desconcertante que hace prácticamente imposible identificar su origen real. Este hallazgo, publicado recientemente, no resuelve el enigma: lo complica hasta un punto sin precedentes.

Durante siglos, el llamado Sudario de Turín ha sido objeto de veneración y debate. La tela, de unos 4,4 metros de largo, conserva la silueta de un hombre que muchos identifican con Jesús. Pero ahora hay un problema: el ADN sugiere que el tejido ha estado en contacto con medio mundo, transformándolo en algo muy distinto a una reliquia “pura”.

Un tejido convertido en archivo genético viviente

El nuevo estudio, liderado por el genetista italiano Gianni Barcaccia, ha identificado una diversidad biológica sorprendente en muestras recogidas en 1978. El sudario contiene ADN de animales domésticos, especies salvajes, cultivos agrícolas y numerosos individuos humanos.

Pero hay un detalle que cambia por completo la interpretación: la tela no solo ha acumulado restos biológicos, sino que parece haber registrado siglos de contacto humano y ambiental.

Entre los restos aparecen gatos, perros, caballos, vacas o cabras, junto a especies marinas como el bacalao atlántico. A ello se suman insectos, ácaros y crustáceos microscópicos. Esta combinación sugiere que el sudario ha atravesado entornos muy distintos, como si fuera un objeto en constante tránsito a lo largo de la historia.

En el ámbito vegetal, los investigadores hallaron ADN de trigo, zanahorias, pimientos, tomates e incluso patatas. Este último detalle es especialmente revelador: estos cultivos llegaron a Europa tras el contacto con América, lo que implica que parte de la contaminación es posterior al siglo XV. Es decir, el sudario no solo ha sobrevivido al tiempo, sino que ha absorbido la historia agrícola global.

El ADN humano: una multitud invisible en la tela

Pero el hallazgo más desconcertante no está en los animales ni en las plantas. Está en nosotros.

Los científicos identificaron múltiples linajes mitocondriales humanos, algunos propios de Europa occidental y otros del Próximo Oriente. Sin embargo, hay un dato que rompe todas las expectativas: casi un 40 % del ADN hallado corresponde a linajes del subcontinente indio.

Este porcentaje abre una hipótesis tan intrigante como incómoda: el lino podría haberse producido en regiones cercanas al valle del Indo o haber circulado por rutas comerciales mucho más amplias de lo que se creía.

Pero aquí surge el mayor problema: la cantidad de ADN humano es tan elevada que borra cualquier rastro original. El sudario ha sido tocado, trasladado y estudiado durante siglos. Y cada contacto ha dejado una huella.

Este punto es crucial: incluso si la tela hubiera envuelto un cuerpo específico, esa señal habría quedado enterrada bajo capas sucesivas de contacto humano. El sudario, en esencia, se ha convertido en una memoria colectiva biológica, más que en una prueba individual.

Ciencia frente a creencia: un debate que no se apaga

El estudio no llega en un vacío. En 1988, análisis de datación por radiocarbono situaron la creación del sudario entre 1260 y 1390, en plena Edad Media. Para la mayoría de la comunidad científica, esta conclusión sigue siendo sólida. Sin embargo, algunos sectores han cuestionado esos resultados, alegando posibles contaminaciones o errores metodológicos.

El nuevo análisis genético no contradice directamente esa datación, pero sí añade complejidad. La presencia de especies mediterráneas y europeas refuerza la idea de un origen en esa región. No obstante, los linajes indios reavivan teorías alternativas sobre su fabricación o comercio.

Expertos independientes, como el genetista Anders Götherström, consideran que no hay razones suficientes para abandonar la hipótesis medieval europea. Desde esta perspectiva, el sudario sería una creación devocional del siglo XIV que adquirió un enorme valor simbólico con el tiempo.

En su nuevo estudio, investigadores de la Universidad de Padua encontraron ADN de varias fuentes en la tela. Crédito: Universidad de Padova.

Pero aquí reside el verdadero núcleo del misterio: el sudario no es solo un objeto físico, sino un fenómeno cultural. Su historia (más que su autenticidad) podría ser lo verdaderamente relevante. La tela ha sido testigo de peregrinaciones, debates teológicos, avances científicos y controversias modernas.

En ese sentido, el ADN no desacraliza el sudario; lo transforma. Lo convierte en un objeto que refleja la interacción humana con lo sagrado a lo largo de los siglos.

Un enigma que cambia de forma, pero no desaparece

El Sudario de Turín sigue resistiéndose a una respuesta definitiva. Cada avance científico, lejos de cerrarlo, abre nuevas preguntas. El ADN hallado no confirma su origen divino ni lo descarta por completo: simplemente revela que la historia es mucho más intrincada de lo esperado.

Quizá la clave no esté en demostrar si envolvió a una figura histórica concreta, sino en entender cómo un objeto puede acumular capas de significado, fe y contacto humano hasta convertirse en un símbolo universal. En su tejido no solo hay fibras de lino, sino siglos de historia compartida.

Referencias

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