Esto es lo que buscarán los astronautas de Artemis II en la cara oculta de la Luna, el lugar más misterioso de nuestro satélite


La misión tripulada revelará zonas jamás vistas por ojos humanos, con solo un 20% iluminado, clave para entender el origen violento del Sistema Solar.

Un equipo de científicos ha confirmado que los astronautas de Artemis II observarán hasta 930 kilómetros de estructuras geológicas en la cara oculta de la Luna, una región nunca vista directamente por humanos y marcada por impactos extremos.

El histórico sobrevuelo —el primero desde 1972— permitirá estudiar cráteres gigantes, cambios de luz y fenómenos como eclipses solares desde el espacio profundo, aportando datos clave sobre el pasado caótico del Sistema Solar. Pero hay un detalle que desconcierta a los científicos: solo el 20% de esa superficie estará iluminado.

El rostro invisible de la Luna: un mundo más violento de lo esperado

La cara oculta de la Luna no es solo “la otra mitad”: es un paisaje radicalmente distinto, más antiguo, más golpeado y mucho menos moldeado por lava que el lado visible desde la Tierra.

Mientras la cara cercana presenta grandes mares oscuros formados por antiguas erupciones volcánicas, la cara lejana está dominada por una corteza más gruesa y una densidad abrumadora de cráteres. Es, en cierto modo, un archivo fósil del bombardeo cósmico que sufrió el Sistema Solar hace miles de millones de años.

Ese periodo, conocido como el Bombardeo Intenso Tardío, ocurrió hace unos 4.000 millones de años. Durante ese tiempo, la Luna fue impactada por innumerables asteroides, dejando cicatrices que hoy siguen intactas.

Pero hay algo que intriga a los expertos: ¿por qué la cara oculta conserva tantas más huellas que la visible?

La respuesta podría estar en su estructura interna y en la historia térmica del satélite. Artemis II podría aportar nuevas pistas gracias a algo que ninguna sonda puede replicar del todo: la percepción humana directa.

Crédito: Sergio Parra / ChatGPT

Orientale y otros gigantes: los cráteres que podrían cambiarlo todo

Entre todos los objetivos, uno destaca con fuerza casi mítica: la cuenca Orientale. Con 930 kilómetros de diámetro, es el mayor y más joven cráter de impacto de la Luna, una estructura colosal formada cuando un asteroide gigantesco golpeó la superficie y desencadenó una reacción en cadena.

El resultado fue espectacular: tres anillos concéntricos que se expandieron como una ola tras el impacto, deformando la corteza lunar en un patrón que los científicos aún estudian.

Según los expertos de la NASA, Orientale es un modelo clave para entender impactos en todo el Sistema Solar, desde Marte hasta lunas de Júpiter. Pero no estará solo. Los astronautas también observarán:

  • El cráter Ohm (64 km), con un pico central emergiendo entre antiguos flujos de lava
  • El cráter Pierazzo (9 km), más pequeño pero científicamente relevante
  • Regiones nunca vistas bajo luz solar directa por humanos

Aquí surge otro elemento fascinante: los astronautas buscarán cambios sutiles de color y brillo, pistas que podrían revelar diferencias en composición mineral o edad de la superficie.

Y hay un detalle que podría marcar la diferencia: la luz llegará en ángulos muy bajos, creando sombras extremas que resaltarán el relieve de forma dramática.

Un espectáculo irrepetible: eclipse solar, “Earthrise” y posibles impactos

La misión no será solo geología. Durante el sobrevuelo, los astronautas presenciarán un eclipse solar desde el espacio lunar, cuando la Luna bloquee completamente al Sol. En ese momento, podrán observar la corona solar, la capa externa de la estrella, normalmente invisible desde la Tierra.

Además, se repetirá una de las imágenes más icónicas de la historia: El “Earthrise” —la Tierra emergiendo sobre el horizonte lunar— volverá a aparecer ante ojos humanos, como ocurrió en la misión Apollo 8.

Pero hay más. Los científicos esperan —aunque no pueden asegurarlo— que ocurra algo aún más espectacular: destellos de luz en la superficie lunar provocados por impactos de meteoritos en tiempo real.

Sería un momento único: ver la historia geológica de la Luna escribiéndose ante nuestros ojos.

Para captarlo, los astronautas llevarán cámaras de alta precisión, incluyendo objetivos de hasta 400 mm, además de dispositivos más simples como teléfonos móviles. Y aun así, hay una limitación inevitable: a una distancia mínima de 6.600 kilómetros, la Luna se verá del tamaño de un balón sostenido con el brazo extendido.

China

La exploración de la cara oculta de la Luna ha estado dominada casi exclusivamente por sondas robóticas, siendo el programa espacial chino el que ha logrado los avances más decisivos en las últimas décadas. 

En particular, la misión Chang’e 4 marcó un hito histórico en 2019 al convertirse en la primera en aterrizar suavemente en esta región inaccesible desde la Tierra, utilizando un satélite de retransmisión para mantener las comunicaciones. 

Antes de ello, orbitadores de agencias como la NASA o la Roscosmos ya habían cartografiado extensamente la zona mediante radar e imágenes de alta resolución, pero sin presencia directa en superficie. Este dominio robótico ha permitido reconstruir un mapa detallado de un territorio que, paradójicamente, sigue siendo uno de los menos “experimentados” por el ojo humano, lo que convierte misiones como Artemis II en un salto cualitativo más que cuantitativo.

Un regreso que redefine nuestra mirada

Artemis II no es solo un viaje: es un reencuentro con lo desconocido, con una mitad de nuestro satélite que ha permanecido en la penumbra de la experiencia humana.

Durante apenas seis horas, los astronautas observarán lo que generaciones de científicos solo han podido imaginar a través de datos e imágenes robóticas. Pero hay algo profundamente humano en esta misión. No se trata solo de medir, fotografiar o analizar. Se trata de mirar. De comprender con los ojos.

Porque, en el silencio de la cara oculta, donde la luz apenas roza la superficie,
la Luna no será solo un objeto científico… sino un espejo del pasado violento del cosmos y del futuro de nuestra exploración.

Referencias

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