Un equipo de científicos ha confirmado que en la galaxia Markarian 501 existen dos agujeros negros supermasivos orbitando entre sí con un periodo de apenas 121 días, y podrían fusionarse en unos 100 años. Este hallazgo constituye la evidencia más directa jamás obtenida de un sistema binario en fase final de colisión.
El descubrimiento, liderado por Silke Britzen desde el Max Planck Institute for Radio Astronomy, no solo confirma una predicción clave de la astrofísica moderna, sino que abre la puerta a observar en tiempo casi real uno de los eventos más violentos del universo: la fusión de dos gigantes cósmicos. Pero hay un detalle que desconcierta a los científicos: no se ven directamente, sino a través de sus chorros de materia.
Un doble motor cósmico: los chorros que revelaron lo invisible
Durante décadas, los astrónomos asumieron que en el centro de galaxias como Markarian 501 habitaba un único agujero negro supermasivo. Sin embargo, algo no encajaba. Las emisiones de radio mostraban patrones extraños, como si dos motores estuvieran funcionando al mismo tiempo.
El equipo analizó observaciones acumuladas durante más de 23 años, captadas por redes internacionales de radiotelescopios. Lo que encontraron fue sorprendente: no uno, sino dos chorros de partículas —jets— emergiendo desde el núcleo galáctico. Estos jets, compuestos de materia acelerada a velocidades cercanas a la luz, actúan como faros cósmicos.
Uno de los chorros apunta directamente hacia la Tierra, lo que explica su brillo intenso y su detección temprana. El segundo, sin embargo, estaba inclinado en otra dirección, haciéndolo mucho más difícil de observar… hasta ahora.
Pero hay un giro inesperado: el segundo chorro parece moverse, describiendo un patrón orbital alrededor del primero. Este comportamiento solo puede explicarse si hay un segundo agujero negro en danza gravitatoria.
El estudio, aceptado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, representa la primera imagen indirecta de un sistema binario tan cercano en el corazón de una galaxia.
Un baile vertiginoso: órbitas de 121 días y distancias imposibles
Los datos revelan que estos dos titanes —con masas entre 100 millones y mil millones de veces la del Sol— orbitan entre sí cada 121 días. En términos cósmicos, esto es vertiginosamente rápido.
La separación entre ambos oscila entre 250 y 540 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Puede parecer enorme, pero para agujeros negros de este tamaño, es extraordinariamente pequeño. Estamos ante un sistema en fase final de espiral, justo antes del colapso definitivo.
Aquí surge otro elemento fascinante: en junio de 2022, los investigadores observaron un fenómeno óptico extraordinario. La luz del segundo chorro fue curvada por el campo gravitatorio del primero, formando un anillo perfecto: un anillo de Einstein.
Este efecto, predicho por la relatividad general, indica una alineación casi perfecta entre el sistema y la Tierra. Es como si el universo hubiera colocado una lente cósmica para permitirnos ver lo que de otro modo sería invisible.
Pero hay más. Las variaciones periódicas en el brillo de los jets sugieren que el plano orbital del sistema está oscilando, como una peonza cósmica. Este “bamboleo” añade una capa adicional de complejidad al sistema.
Y aquí aparece el gran interrogante: ¿cuánto tiempo queda antes del choque final?

Cuenta atrás cósmica: ondas gravitacionales y un final inminente
Los modelos actuales indican que estos dos agujeros negros podrían fusionarse en apenas 100 años. En escala humana, parece mucho. En escala cósmica, es un parpadeo.
Sin embargo, hay una limitación importante: ni siquiera telescopios como el Event Horizon Telescope pueden resolver ambos objetos por separado debido a la enorme distancia. Todo lo que sabemos proviene de sus efectos indirectos. Pero eso podría cambiar gracias a las ondas gravitacionales.
Cuando dos agujeros negros orbitan tan cerca, deforman el espacio-tiempo y emiten ondas gravitacionales de baja frecuencia. Estas ondas, aunque imposibles de detectar con instrumentos convencionales, pueden ser captadas mediante redes de púlsares conocidas como “arrays de sincronización de púlsares”.
En 2023, varios proyectos internacionales ya detectaron un fondo de ondas gravitacionales que podría provenir de múltiples sistemas binarios de agujeros negros. Markarian 501 se convierte ahora en un candidato clave para vincular esas señales a un sistema concreto.
Pero hay un detalle que cambia todo: si logramos detectar estas ondas de forma continua, podríamos observar cómo su frecuencia aumenta con el tiempo, una señal inequívoca de que los agujeros negros se acercan al choque final.
Sería la primera vez en la historia que la humanidad presencia —aunque sea indirectamente— la fusión de dos agujeros negros supermasivos en tiempo casi real.
Un universo en colisión constante
Este descubrimiento no solo responde a una pregunta antigua, sino que plantea muchas nuevas. ¿Cómo crecen los agujeros negros hasta alcanzar masas tan descomunales? La respuesta parece estar en las fusiones.
Las galaxias colisionan con frecuencia en el universo. Cuando lo hacen, sus agujeros negros centrales quedan atrapados en una danza gravitatoria que puede durar millones de años… hasta ahora. Lo que vemos en Markarian 501 es el acto final de ese proceso.
Pero hay un giro inquietante: hasta este hallazgo, no se había observado de forma directa un sistema binario tan cercano. Esto sugiere que podrían ser más comunes de lo que pensamos… y que simplemente no sabíamos cómo detectarlos.
El universo, en su inmensidad silenciosa, es en realidad un escenario de colisiones constantes. Y por primera vez, estamos empezando a escuchar su eco.
Referencias
- Britzen, Silke, et al. “Evidence for a Close Supermassive Black Hole Binary in Markarian 501.” Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, forthcoming, 2026.
- Hobbs, George, et al. “The International Pulsar Timing Array: First Detection of the Gravitational Wave Background.” Astronomy & Astrophysics, 2023.
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