Los agujeros negros no son solo objetos extremos del universo: también son un punto de choque entre las dos grandes teorías de la física. Por un lado, la relatividad general, que describe la gravedad. Por otro, la mecánica cuántica, que gobierna el comportamiento de las partículas. Cuando ambas se aplican a un mismo fenómeno, como la evaporación de un agujero negro, empiezan los problemas.
El trabajo reciente de Pinčák y colaboradores, publicado en General Relativity and Gravitation, propone una idea poco intuitiva pero muy sugerente: la solución podría estar en la geometría del espacio-tiempo cuando se extiende a más dimensiones. No se trata de añadir partículas nuevas sin más, sino de explorar si la propia estructura del universo —cuando se describe con más detalle— puede resolver varios enigmas a la vez.
Qué significa que un agujero negro “pierda información”
Para entender el problema, primero hay que aclarar qué significa “información” en física. No se refiere a datos en el sentido cotidiano, sino a toda la información cuántica que describe un sistema: posiciones, energías, estados de las partículas, etc.
Cuando algo cae en un agujero negro, esa información queda atrapada. Durante mucho tiempo se pensó que permanecería ahí para siempre. Pero en los años 70, Hawking demostró que los agujeros negros emiten radiación y pueden evaporarse lentamente.
Es en este momento en el que aparece la contradicción: si el agujero negro desaparece por completo, ¿dónde queda la información? Según la mecánica cuántica, no puede destruirse. El propio artículo lo resume así: “este proceso parece conducir a una pérdida irreversible de información, violando el principio de unitariedad de la mecánica cuántica”.
Este conflicto no es un detalle menor. Indica que algo importante falta en nuestra comprensión del universo.
Una idea clave: el espacio-tiempo podría tener más estructura de la que percibimos
La propuesta del artículo parte de una idea fundamental: el espacio-tiempo podría ser más complejo de lo que vemos. En concreto, plantea que existen dimensiones adicionales, compactas y ocultas, que no percibimos directamente.
Para imaginarlo, puede pensarse en una manguera: de lejos parece una línea (una dimensión), pero de cerca tiene una superficie cilíndrica (dos dimensiones). De forma similar, nuestro universo podría tener más dimensiones enrolladas a escalas diminutas.
En este modelo, el espacio total tiene siete dimensiones. Las cuatro habituales (tres de espacio y una de tiempo) más tres adicionales con una geometría especial llamada variedad G2. Este tipo de estructura es importante en teorías avanzadas porque permite conectar gravedad y partículas.
Además, el modelo introduce un concepto menos conocido: la torsión. En la relatividad general estándar, el espacio-tiempo puede curvarse (como una hoja doblada). Aquí, además, puede “retorcerse”. Esa torsión no es una metáfora: es una propiedad matemática que cambia cómo interactúan la materia y la gravedad.
Cómo la geometría puede generar propiedades físicas reales
Una de las ideas más interesantes del trabajo es que las propiedades físicas pueden surgir directamente de la geometría. En lugar de introducir constantes a mano, estas aparecen como consecuencia de la forma del espacio.
En particular, el modelo estudia un campo asociado a la torsión (llamado τ₀). Este campo tiene un valor de equilibrio, conocido como valor esperado en el vacío. Es un concepto importante en física: describe el valor que toma un campo incluso cuando no hay partículas presentes.
Lo sorprendente es que este valor coincide con una escala bien conocida: la escala electrodébil, alrededor de 246 GeV, que está relacionada con el campo de Higgs, responsable de dar masa a las partículas.
Dicho de forma sencilla, el modelo sugiere que la masa de las partículas podría tener un origen geométrico, ligado a cómo están organizadas las dimensiones ocultas.

Cuando la gravedad deja de dominar: aparece una fuerza inesperada
La clave del artículo aparece al analizar qué ocurre en condiciones extremas, como las del interior de un agujero negro al final de su vida.
En ese régimen, la torsión del espacio-tiempo genera un efecto nuevo: una fuerza repulsiva. Es importante entender esto bien. Normalmente, la gravedad siempre atrae. Pero en este modelo, a densidades enormes, aparece un efecto opuesto.
El propio trabajo explica que este marco “proporciona un mecanismo físico concreto para detener la evaporación del agujero negro, llevando a la formación de una masa residual estable” .
Esto significa que la evaporación no continúa indefinidamente. Llega un punto en el que esta fuerza repulsiva equilibra la pérdida de masa.
El resultado: un pequeño remanente en lugar de la desaparición total
En lugar de desaparecer, el agujero negro deja un remanente estable. Es un objeto extremadamente pequeño, con una masa aproximada de 9 × 10⁻⁴¹ kg, pero con propiedades muy importantes.
Este resultado cambia por completo el problema inicial. Si el agujero negro no desaparece, la información no tiene por qué perderse. Permanece almacenada en ese remanente.
Además, el modelo no rompe las leyes conocidas: mantiene la dinámica de Hawking en casi todo el proceso y solo introduce cambios en la fase final.
Cómo podría almacenarse la información
El siguiente paso es explicar dónde y cómo se guarda la información. Aquí entra otro concepto clave: los modos cuasi-normales. Estos modos pueden entenderse como patrones de vibración del sistema, similares a las resonancias de un instrumento musical. En este caso, son vibraciones del campo de torsión dentro del remanente.
A diferencia de un agujero negro clásico, que absorbe todo, este remanente permite que esas vibraciones existan y persistan. Cada patrón puede codificar información distinta. El artículo propone que la información queda almacenada en estas excitaciones. Es decir, el remanente actúa como una especie de almacén físico de información, sin necesidad de recurrir a mecanismos más abstractos.
Una conexión inesperada: agujeros negros y el origen de la masa
Uno de los aspectos más llamativos es que el mismo mecanismo geométrico conecta dos problemas distintos: la evaporación de agujeros negros y el origen de la masa de las partículas.
Esto ocurre porque el valor del campo de torsión (τ₀) determina tanto la escala del Higgs como la masa del remanente. En términos simples, la misma “pieza” geométrica explica fenómenos muy diferentes.
Esta conexión no es trivial. En física, encontrar un marco que relacione áreas distintas suele ser una señal de que se está avanzando hacia una teoría más profunda.
Por qué no se ha detectado todavía
Una pregunta natural es por qué no se han observado estas dimensiones extra. La respuesta está en la escala de energía. El modelo predice que las partículas asociadas a estas dimensiones tienen masas enormes, del orden de 10¹⁵ GeV, muy por encima de lo que pueden alcanzar aceleradores como el LHC.
Eso significa que no pueden producirse directamente en experimentos actuales. Sin embargo, el modelo sigue siendo comprobable de otras formas, por ejemplo, buscando efectos indirectos en fenómenos cosmológicos o en señales gravitacionales.
Referencias
- Thiry, Médard y Milnes, Anthony. 2024. “Reports Engineered ‘landmarks’ associated with Late Paleolithic engraved shelters”. Journal of Archaeological Science: Reports, 55: 1-25. DOI: 10.1016/j.jasrep.2024.104490
Fuente informativa
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