La imagen resulta tan insólita como reveladora: un esqueleto fosilizado incrustado en el techo de una cueva en el occidente de Cuba. No se trata de una escena anecdótica, sino de uno de los descubrimientos más relevantes de los últimos años en paleontología marina del Caribe. Tal y como ha adelantado un equipo internacional liderado por el investigador Manuel Iturralde-Vinent, este fósil representa el ejemplar de ictiosaurio más completo encontrado hasta la fecha en la isla.
El hallazgo se produjo en 2023 en el entorno del geoparque de Viñales, un enclave conocido por su riqueza geológica. Allí, a unos 60 metros de la entrada, los científicos identificaron una sección del esqueleto que incluye una columna vertebral curvada en forma de U, costillas asociadas y una extremidad posterior. Aunque incompleto, el conjunto ofrece una ventana excepcional a un periodo del que apenas se conservaban registros en la región.
La importancia del descubrimiento no radica únicamente en su estado de conservación, sino también en su antigüedad. Los restos han sido datados en torno a los 145 millones de años, en el periodo Titoniense del Jurásico Superior. Hasta ahora, los ictiosaurios conocidos en Cuba procedían de depósitos más antiguos, lo que limitaba la comprensión de su evolución en esta zona. Tal y como indica el estudio, este nuevo fósil amplía el rango temporal conocido de estos reptiles marinos en el Caribe.
Un depredador oceánico en un mar que conectaba el mundo
Los ictiosaurios fueron uno de los grupos de reptiles marinos más exitosos de la era mesozoica. Con cuerpos hidrodinámicos similares a los de los delfines actuales, dominaron los océanos durante millones de años. El ejemplar cubano, aunque aún no ha sido asignado a una especie concreta, presenta características que lo vinculan con la familia Ophthalmosauridae, un grupo bien adaptado a la vida en mar abierto.
Tal y como ha revelado el equipo investigador, la morfología de su extremidad posterior muestra similitudes con especies conocidas del mismo periodo, como algunas formas europeas. Este detalle no es menor, ya que sugiere conexiones biogeográficas entre regiones que hoy se encuentran separadas por miles de kilómetros.
En el Jurásico Superior, el área que hoy ocupa el Caribe no era un conjunto de islas como en la actualidad, sino un corredor marino en formación. Este pasaje conectaba el océano Tetis oriental con el occidental, facilitando el intercambio de especies entre Europa, América y otras regiones. La presencia de este ictiosaurio en Cuba refuerza la idea de que este corredor desempeñó un papel fundamental en la dispersión de fauna marina.
Además, los investigadores señalan que este sistema tiene sus raíces en antiguos valles de rift formados durante la fragmentación del supercontinente Pangea. Es decir, el escenario donde vivió este animal no solo era dinámico desde el punto de vista biológico, sino también geológico.
Un registro fósil escaso que empieza a completarse
Uno de los principales problemas para reconstruir la historia de los ictiosaurios en el Caribe ha sido la escasez de fósiles. A diferencia de otras regiones como Europa o América del Norte, donde los hallazgos son relativamente abundantes, en Cuba y áreas cercanas los registros han sido fragmentarios y limitados.
Este nuevo descubrimiento cambia parcialmente ese panorama. Tal y como ha señalado el equipo en su publicación en la Journal of Vertebrate Paleontology, el ejemplar de El Cuajaní —nombre informal con el que se ha bautizado al fósil— podría convertirse en una pieza clave para entender la evolución tardía de los ictiosaurios en esta región.
El hecho de que el esqueleto se conserve en el techo de una cueva añade una dimensión adicional al hallazgo. Este tipo de conservación es poco habitual y plantea preguntas sobre los procesos geológicos que llevaron a su actual posición. Todo apunta a que el fósil quedó atrapado en sedimentos marinos que, con el paso del tiempo y los cambios en el nivel del mar, terminaron formando parte de la estructura de la cueva.

Más allá del fósil: claves para entender un océano desaparecido
El valor de este descubrimiento va más allá de la descripción de un nuevo ejemplar. En realidad, ofrece pistas sobre cómo eran los ecosistemas marinos del Jurásico en una zona que hoy sigue siendo clave desde el punto de vista geográfico.
Los ictiosaurios eran depredadores que ocupaban posiciones altas en la cadena trófica, por lo que su presencia indica la existencia de ecosistemas ricos y complejos. La identificación de este espécimen sugiere que el Caribe jurásico albergaba una biodiversidad mayor de lo que se pensaba.
Además, este tipo de hallazgos permite afinar los modelos sobre la distribución de especies en el pasado. Comprender cómo se movían los animales entre diferentes regiones ayuda a reconstruir la historia de los océanos y, en última instancia, del planeta.
Los investigadores confían en que futuras exploraciones en la zona permitan descubrir nuevos restos que completen el puzle. Por ahora, el ictiosaurio de El Cuajaní se presenta como una pieza clave en un relato mucho más amplio: el de un mundo antiguo en el que los mares conectaban continentes y los grandes reptiles dominaban las profundidades.
Referencias
- Manuel Iturralde-Vinent et al. A partial ichthyosaur (?Ophthalmosauridae) skeleton from the Tithonian (Upper Jurassic) of western Cuba. Journal of Vertebrate Paleontology, published online February 6, 2026; DOI: 10.1080/02724634.2025.2609717
Fuente informativa
#Paleontólogos #encuentran #Cuba #fósil #excepcional #depredador #marino #del #Jurásico

