Tal y como anticipó el astronauta Pedro Duque, la nave Orión perdió la comunicación con la Tierra durante unos 40 minutos al pasar por la cara oculta de la Luna. Durante su viaje alrededor de la Luna, la nave Orión de la misión Artemis II tuvo un momento en el que desapareció completamente del alcance de las comunicaciones con la Tierra. Durante unos 40 minutos, no hubo comunicación posible. No es un fallo ni un problema técnico: era algo esperado. Aun así, la idea de una nave tripulada “aislada” en el espacio genera inquietud.
El astronauta Pedro Duque ya lo había resumido en un tuit: durante el paso por la cara oculta de la Luna, la comunicación se interrumpe, y además señaló que China dispone de satélites en esa zona que, en teoría, podrían haber servido como enlace. La pregunta ahora es qué significa realmente ese silencio, qué riesgos implica y si habría podido evitarse.
Por qué se pierde la comunicación
La explicación es más sencilla de lo que parece: la Luna se interpone entre la nave y la Tierra. Las comunicaciones espaciales funcionan, en esencia, como una línea recta de señal. Si hay un objeto sólido en medio —en este caso, un cuerpo celeste entero— la señal no puede atravesarlo. Es algo parecido a lo que ocurre cuando pierdes cobertura en el móvil al entrar en un túnel o al pasar detrás de una montaña. Incluso cuando entras en algunas habitaciones de tu propia casa. No es que el teléfono falle, sino que la señal no puede llegar hasta él.
Cuando Orión pasó por la cara oculta de la Luna, quedó completamente fuera del alcance de las antenas terrestres. Durante ese tiempo, no se pudieron enviar ni recibir datos, ni hablar con los astronautas, ni monitorizar la nave en tiempo real.
Esto plantea varios desafíos. El principal no es tanto el peligro inmediato, sino la falta de capacidad de reacción. Si hubiera ocurrido algún problema durante esos minutos, el control de misión no habría podido intervenir directamente. Todo dependía de dos cosas: de que los sistemas automáticos funcionaran correctamente y de que la tripulación estuviera preparada para actuar por su cuenta.
Por eso, estas fases se planifican con extremo cuidado. Las maniobras críticas no suelen programarse durante el periodo de “silencio” y los astronautas entrenan para manejar situaciones sin apoyo inmediato desde la Tierra. En otras palabras, no es una situación improvisada: está completamente prevista.
Lo mismo ocurría en las misiones Apolo
Aunque pueda parecer un problema propio de la tecnología moderna, este “apagón” de comunicaciones no es nada nuevo. Ya ocurría en las misiones Apolo en los años 60 y 70.
Cada vez que una nave Apolo pasaba por la cara oculta de la Luna, el contacto con la Tierra se perdía. En el centro de control en Houston, esos minutos eran algunos de los más tensos de toda la misión. No había forma de saber exactamente qué estaba ocurriendo hasta que la nave reaparecía.
Sin embargo, para los astronautas, la experiencia era algo distinta. Algunos describieron ese momento como uno de los más tranquilos del viaje. Por primera vez, estaban completamente solos, sin la constante supervisión desde la Tierra.
Eso no significa que no hubiera riesgos. Al igual que en Artemis II, todo dependía de la planificación previa. Las trayectorias, los encendidos de motores y las operaciones importantes se calculaban cuidadosamente para minimizar cualquier imprevisto durante ese periodo sin contacto.
El éxito de las misiones Apolo demostró que este tipo de “silencio” es manejable, siempre que se tenga en cuenta desde el diseño de la misión.
¿Podrían ayudar los satélites chinos?
Aquí entra el punto más llamativo del comentario de Pedro Duque. China ha desarrollado una infraestructura específica para comunicarse con sondas en la cara oculta de la Luna, algo que históricamente ha sido complicado.
Uno de los elementos clave es el satélite Queqiao-2, diseñado para actuar como repetidor de comunicaciones. En lugar de comunicarse directamente con la Tierra, una nave o sonda puede enviar su señal a este satélite, que a su vez la retransmite hacia nuestro planeta. Es como colocar una antena intermedia en un punto estratégico para evitar que la Luna bloquee la señal.
En teoría, un sistema así podría reducir o incluso eliminar el tiempo sin comunicación. Sin embargo, en la práctica, Artemis II no utilizó esa infraestructura.. Las razones no son técnicas, sino organizativas y políticas.
Las misiones espaciales suelen depender de sus propias redes de comunicación, desarrolladas y controladas por las agencias que las operan. En el caso de la NASA, existe una red propia de seguimiento y comunicaciones (como la Deep Space Network), diseñada específicamente para sus misiones.
Integrar sistemas de otro país no es imposible, pero requiere acuerdos complejos, compatibilidad técnica y confianza mutua. En el contexto actual, esa cooperación no forma parte del programa Artemis.
Por eso, la observación de Pedro Duque es interesante como posibilidad técnica, pero no como una solución prevista o inmediata.

Un silencio esperado en un viaje histórico
El paso de Orión por la cara oculta de la Luna fue, sin duda, uno de los momentos más simbólicos de Artemis II. Durante unos 40 minutos, la humanidad perdió todo contacto con sus astronautas, como si la nave se desvaneciera detrás de un muro invisible.
Pero ese “lado oculto” no es solo un lugar sin señal. Es también una cara distinta de la Luna, literalmente. A diferencia del hemisferio que vemos desde la Tierra —más liso y cubierto por grandes mares oscuros de lava solidificada— la cara oculta es mucho más accidentada, llena de cráteres y montañas, y casi sin esas grandes llanuras. Es un paisaje más antiguo, más intacto, como si conservara mejor la memoria de los impactos que dieron forma al sistema solar.
Además, es uno de los lugares más silenciosos del sistema solar desde el punto de vista radioeléctrico. La propia Luna bloquea las interferencias de la Tierra, lo que lo convierte en un sitio ideal para futuros telescopios que quieran escuchar las señales más débiles del universo.
Así que, mientras Orión permaneció incomunicada, no solo estuvo “fuera de cobertura”. Estuvo sobrevolando un territorio que sigue siendo, en muchos sentidos, desconocido. Un lugar donde no llegan nuestras señales… pero desde el que quizá algún día escuchemos mejor el cosmos.
Ese silencio, más que una limitación, es también una oportunidad.
Fuente informativa
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