Durante los últimos años, la inteligencia artificial se ha integrado en nuestra vida cotidiana como una herramienta eminentemente digital: escribe textos, genera imágenes, depura código, resume documentos. Pero en los últimos meses está cruzando una frontera mucho más delicada: la de los sistemas que empiezan a influir en decisiones con consecuencias físicas en el mundo real. Y esa frontera ya incluye el espacio.
El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA acaba de confirmar algo que, hasta hace poco, sonaba prematuro: el rover Perseverance completó recorridos en Marte siguiendo rutas cuya planificación inicial fue propuesta por inteligencia artificial.
Qué hizo exactamente la IA (y qué no)
La prueba fue tan concreta como reveladora, según explica Xataka. El 8 y el 10 de diciembre de 2025, Perseverance realizó dos conducciones dentro del cráter Jezero utilizando waypoints —puntos intermedios de navegación— generados por modelos de IA con capacidad visual. No se trató de “conducción autónoma total”, ni de un rover tomando decisiones por su cuenta.
La IA se utilizó para una tarea muy específica: proponer los puntos de paso sobre los que luego los ingenieros humanos construyen el plan de conducción final. Una labor que, hasta ahora, dependía casi por completo del análisis manual de imágenes y datos del terreno por parte de especialistas del Jet Propulsion Laboratory.
El experimento se desarrolló bajo supervisión directa del equipo de operaciones del rover y en colaboración con Anthropic, la empresa detrás de Claude.
El verdadero problema no es el terreno, es la distancia
Marte no se conduce como un coche teledirigido. A una distancia media de unos 225 millones de kilómetros, la latencia en las comunicaciones hace inviable cualquier control en tiempo real. Cada orden enviada al rover tarda minutos en llegar, y la confirmación del resultado tarda otros tantos en volver.
Por eso, la exploración marciana funciona por tramos cuidadosamente planificados. Se analizan imágenes, se trazan rutas conservadoras, se envían instrucciones a través de la Red del Espacio Profundo y se espera. Es un sistema robusto, pero lento. Y especialmente restrictivo cuando el rover se enfrenta a terrenos complejos donde avanzar rápido puede significar quedarse atascado… o algo peor.
Ahí es donde la IA empieza a resultar tentadora.
Los números del hito (sin épica artificial)
Las cifras son modestas a propósito. En la primera demostración, el 8 de diciembre, Perseverance recorrió unos 210 metros. En la segunda, el día 10, avanzó aproximadamente 246 metros. Algo más de 400 metros en total.
No es un récord ni pretende serlo. Lo relevante es el cambio de método: esos recorridos se apoyaron en rutas construidas a partir de waypoints sugeridos por IA, ejecutados después en un entorno real, hostil y sin margen para errores improvisados.
Autonomía, pero con correa corta

“Esta demostración muestra hasta qué punto han avanzado nuestras capacidades y amplía la forma en que exploraremos otros mundos”, explicó Jared Isaacman, administrador de la NASA. Y añadió una frase que resume el espíritu del experimento: las tecnologías autónomas pueden hacer que las misiones sean más eficientes y científicamente productivas a medida que aumenta la distancia con la Tierra.
Según Xataka, la clave está en el matiz: autonomía asistida, no delegación total. Al menos por ahora.
Por qué esto importa más allá de Marte
No hablamos de cualquier modelo. Claude lleva tiempo ganando peso como herramienta para programación y análisis complejo, hasta el punto de empezar a disputarle protagonismo a ChatGPT en ciertos entornos profesionales.
Esa reputación ya se está filtrando a las grandes tecnológicas. Según Mark Gurman en Bloomberg, Apple estaría explorando su integración en Xcode; Meta lo ha incorporado en herramientas internas de depuración, según Insider.
Lo nuevo aquí es el escenario. La IA ya no solo sugiere qué escribir o qué código optimizar. Empieza a participar en decisiones físicas donde no existe el botón de “deshacer”.
El aviso silencioso
Este ensayo no convierte a Claude en el copiloto definitivo de la exploración espacial. Pero sí lanza un mensaje claro: la autonomía ya no es solo un concepto de laboratorio. Se está probando, con cautela, en Marte.
Y cuando una tecnología empieza a funcionar fuera de la Tierra, suele ser cuestión de tiempo que cambie también cómo operamos aquí abajo.


