En las últimas dos décadas (2005-2025), Carolina del Norte se ha convertido en uno de los estados con mayor crecimiento de población latina en Estados Unidos. No se trata de una tendencia aislada, sino de un fenómeno que responde a cambios demográficos, económicos y sociales de largo plazo.
Las estimaciones poblacionales señalan que para 2060 uno de cada cuatro estadounidenses será latino, superando los 111 millones de personas. Ese crecimiento ya se siente con fuerza en estados del sur y del sureste, como Carolina del Norte, que en este 2026 forma parte de los estados que reducirán el impuesto sobre la renta.
Según datos del Censo, en 2022 Carolina del Norte ya formaba parte del grupo de 13 estados con más de un millón de latinos. Entre 2010 y 2020, la población latina creció un 40%, frente a un 7% de crecimiento en la población no latina.
¿Cómo es vivir en Carolina del Norte?
En el oeste del estado, por ejemplo, los latinos se concentran especialmente en condados como Henderson (12.9% de población latina), Macon (9.4%), Buncombe (8.14%) y Jackson (7.64%). Estas zonas son más rurales, con climas más fríos y una población general de mayor edad. En contraste, los latinos suelen ser más jóvenes, principalmente entre los 20 y 39 años.
Según reportes locales, la economía está impulsada por sectores como la manufactura, la minería, la industria textil, la madera y la agricultura.
Las tasas de empleo latino oscilan entre el 59% y el 76%, según el condado, con ingresos anuales que van desde los $34,000 hasta los $55,000. Estas cifras permiten cubrir necesidades básicas, aunque no siempre garantizan estabilidad a largo plazo.
Trabajo, salud y barreras persistentes
Uno de los grandes desafíos para la comunidad latina en Carolina del Norte es el acceso a servicios esenciales. Muchos trabajadores no cuentan con seguro médico, pese a que se reportan problemas de salud como presión arterial alta y diabetes.
Además, uno de cada cinco residentes indicó haber experimentado más de siete días al mes con mala salud mental, una tasa que entre los latinos alcanza el 32%.
El idioma también juega un papel clave. La falta de dominio del inglés expone a muchos latinos a situaciones de discriminación laboral y educativa, incluso cuando cuentan con empleo estable. Datos de Camino Research Institute (CRI) evidencian que el crecimiento poblacional no siempre va acompañado de un acceso equitativo a servicios de salud y educación.
Clima, seguridad y calidad de vida
Más allá de los datos, la experiencia cotidiana de vivir en Carolina del Norte se refleja en los testimonios de quienes ya se establecieron allí. El youtuber argentino Federico Iannone, residente en el área de Raleigh, señala que el clima tiene aspectos a considerar.
“No puedes tener ninguna ventana abierta, porque se te llena absolutamente todo de polen”, comentó sobre la primavera, una situación que puede extenderse por semanas. También advirtió sobre la alta humedad del verano y recomendó contar con aire acondicionado en casa y en el automóvil.
En cuanto a la seguridad, Federico destaca que es uno de los mayores puntos a favor del estado. “Cuando me mudé acá, mi mente se liberó de un montón de cuidados. Y no es que uno viva confiado, sino que realmente no pasa nada”, afirmó.
Sobre el tránsito, reconoce que genera opiniones divididas, pero lo considera mucho más llevadero que en ciudades como Nueva York o Buenos Aires, su ciudad natal.
Oportunidades para familias latinas
Santiago Cano, un colombiano radicado en Carolina del Norte, resume una percepción compartida por muchas familias latinas. “Nunca planeé vivir acá, primero vivimos en Boston, pero qué frío y qué vida tan cara. En Carolina del Norte la vida no es perfecta, pero tampoco te empuja, la gente no solo piensa en trabajar y trabajar. Es lo que estábamos buscando, un lugar donde podemos disfrutar de nuestros hijos y disfrutar al aire libre”, contó.
Esa combinación de costos de vida más moderados, oportunidades laborales y un ritmo menos acelerado ha convertido a Carolina del Norte en una opción atractiva para miles de latinos.
Aunque persisten desafíos en salud, idioma y acceso a servicios, el estado se perfila como un espacio donde muchos inmigrantes encuentran estabilidad, comunidad y perspectivas a largo plazo.
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