La historia de Islandia está escrita en fuego y hielo. Cada cuatro años aproximadamente, una nueva erupción recuerda a sus habitantes que viven sobre un suelo en ebullición. Para la arquitecta Arnhildur Pálmadóttir, esa fuerza incontrolable no solo es una amenaza, sino también una oportunidad: transformar la lava en el material de construcción del futuro.
El origen de una idea marcada por la infancia
Cuando era niña, Pálmadóttir presenció una erupción volcánica que moldeó su visión del mundo. Medio siglo después, esa experiencia se ha convertido en motor de un proyecto pionero. Su propuesta, Lavaforming, busca canalizar y solidificar lava fundida para crear basalto, una roca volcánica de enorme resistencia. En lugar de temer al magma, plantea domesticarlo y convertirlo en aliado.
Lavaforming: arquitectura nacida del magma+

Presentado en la Bienal de Arquitectura de Venecia, el proyecto defiende que Islandia debe aprovechar lo que la naturaleza le ofrece. El país carece de madera o arcilla en abundancia, pero posee una fuente inagotable de material que surge directamente del núcleo terrestre.
Con canales impresos en 3D y piscinas de contención, la lava podría ser guiada hasta transformarse en cimientos para edificios enteros. Según la arquitecta, un flujo basáltico bastaría para levantar una ciudad en cuestión de semanas.
Implicaciones para Islandia y más allá

Además de su potencial económico, Lavaforming plantea una solución que podría reducir la tensión geológica en zonas activas, al extraer la lava de forma controlada.
También ofrece una alternativa a la producción de hormigón, que genera enormes emisiones de CO₂. La visión de Pálmadóttir conecta sostenibilidad, tradición y futuro: imaginar ciudades construidas con el mismo material que ha forjado durante milenios el paisaje islandés. Una arquitectura que no lucha contra los volcanes, sino que nace de ellos.



