Creció en un campo de refugiados recogiendo agua cada día. Décadas después, este químico ganó el Nobel y creó una tecnología capaz de producir agua directamente del aire

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El acceso al agua potable es uno de los grandes desafíos científicos y tecnológicos del siglo XXI. Mientras sequías prolongadas afectan a regiones enteras del planeta, algunos investigadores buscan soluciones fuera de los métodos tradicionales. Entre ellos aparece el químico Omar Yaghi, cuyo trabajo con materiales diseñados a escala molecular permitió desarrollar una tecnología capaz de capturar vapor del aire y transformarlo en agua líquida.

El material que permite extraer agua directamente del aire

El avance que convirtió a Omar Yaghi en uno de los ganadores del Premio Nobel de Química 2025 se basa en el desarrollo de las llamadas estructuras metalorgánicas, conocidas como MOF por sus siglas en inglés (Metal-Organic Frameworks). Estos materiales poseen una arquitectura extremadamente porosa que puede diseñarse con precisión a escala molecular.

Su característica más notable es la enorme superficie interna que contienen. Aunque a simple vista pueden parecer cristales sólidos, en realidad están formados por una red de cavidades microscópicas capaces de atrapar moléculas específicas presentes en el aire. En el caso de los sistemas desarrollados por Yaghi, esas cavidades están diseñadas para capturar vapor de agua atmosférico.

El proceso funciona en tres etapas. Primero, los materiales absorben el vapor presente en el aire, incluso en condiciones de humedad relativamente bajas. Luego, las moléculas quedan retenidas dentro de los poros del material. Finalmente, al aplicar una pequeña cantidad de energía térmica —que puede provenir de electricidad o incluso de energía solar— el vapor se libera, se condensa y se transforma en agua líquida.

En condiciones industriales, algunos prototipos basados en esta tecnología podrían producir hasta 1.000 litros de agua por día, una cifra que abre nuevas posibilidades para regiones donde el acceso a fuentes tradicionales de agua resulta extremadamente limitado.

Un descubrimiento que nació de una experiencia personal

© Atoco.

El camino que llevó a este descubrimiento tiene una historia personal detrás. Omar Yaghi creció en Jordania, en un entorno donde el acceso al agua era una preocupación cotidiana. Durante su infancia, su familia debía recolectar agua en una fuente comunitaria para abastecer el hogar, una experiencia que marcaría profundamente su relación con el problema de la escasez hídrica.

Años más tarde, su curiosidad científica comenzó de manera casi accidental cuando encontró un libro sobre moléculas en una biblioteca pública de Amán. Ese encuentro despertó su interés por la química y lo llevó a dedicar su carrera al diseño de materiales capaces de manipular sustancias a escala molecular.

El desarrollo de las estructuras MOF terminó convirtiéndose en uno de los campos más activos de la química moderna. Desde que se presentaron las primeras versiones de estos materiales, los científicos han creado decenas de miles de variantes, cada una diseñada para capturar o almacenar diferentes moléculas.

Mucho más que producir agua: las aplicaciones de los MOF

Aunque la captura de agua atmosférica es una de las aplicaciones más llamativas, las estructuras metalorgánicas tienen un potencial mucho más amplio. Gracias a su capacidad para atrapar gases o moléculas específicas, estos materiales pueden utilizarse en múltiples sectores industriales y ambientales.

Entre sus usos más prometedores se encuentran la captura de dióxido de carbono en instalaciones industriales, el almacenamiento de hidrógeno para futuras tecnologías energéticas y la eliminación de contaminantes presentes en el agua. Algunas variantes incluso han sido diseñadas para encapsular enzimas capaces de degradar residuos farmacéuticos o para capturar gases que aceleran la maduración de frutas durante su transporte.

En ese contexto, la tecnología que permite convertir aire en agua representa solo una de las muchas posibilidades abiertas por esta familia de materiales. Lo verdaderamente relevante es que demuestra cómo el diseño molecular puede transformar problemas que durante décadas parecían imposibles de resolver.

Y en un planeta donde la disponibilidad de agua dulce se vuelve cada vez más incierta, la idea de obtener agua directamente del aire ya no pertenece al terreno de la ciencia ficción. Ahora forma parte de una de las líneas de investigación más prometedoras de la química moderna.

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