El Liverpool necesitará mucho más que un milagro en Anfield para remontar ante un equipo que ha aprendido a ganar cuando más importa
El Paris Saint-Germain dio un paso de gigante hacia las semifinales de la UEFA Champions League. El conjunto dirigido por Luis Enrique, actual monarca del continente, dio una exhibición de madurez y control para derrotar 2-0 a un Liverpool que, si todavía respira en la eliminatoria, es gracias a la imponente figura de su guardameta Giorgi Mamardashvili.
Consciente de la inferioridad actual de su equipo, el técnico Arne Slot sorprendió al dejar en el banquillo a su máxima estrella, Mohamed Salah, y plantar una línea de cinco defensores. La intención era clara: resistir el vendaval francés y jugárselo todo en el partido de vuelta. Sin embargo, cederle el timón al campeón es un pecado que se paga caro.
Con Khvicha Kvaratskhelia y Désiré Doué abandonando los costados para generar superioridad por dentro, los laterales parisinos se convirtieron en puñales por las bandas. Apenas al minuto 11, un balón dividido terminó en los pies de Doué, cuyo remate se desvió en un defensor para trazar una vaselina imposible que superó a Mamardashvili.
El 1-0 fue un golpe psicológico para los británicos y el combustible ideal para un equipo francés que empezó a jugar a placer, controlando los tiempos con la suficiencia de quien ya sabe lo que es levantar la “Orejona”.
Mamardashvili inexorable
El ex del Valencia, sustituto del lesionado Alisson Becker, sostuvo a su equipo con una serie de intervenciones de mérito. Primero frustró a su compatriota Kvaratskhelia con una estirada felina a los 32 minutos y, poco después, volvió a negarle el doblete a Doué.
Incluso Ousmane Dembélé gozó de dos ocasiones claras antes del descanso, pero la falta de puntería y la muralla georgiana mantuvieron la diferencia mínima tras los primeros 45 minutos.
Sentencia y suspenso por el VAR
En el complemento, la tónica no cambió. El Paris Saint-Germain siguió martilleando la estructura defensiva de un Liverpool que apenas cruzaba la mitad de la cancha. La insistencia tuvo premio en el minuto 65, cuando Kvaratskhelia fabricó una joya individual, dejó a dos rivales en el camino y batió a Mamardashvili con un disparo seco para poner el 2-0.
Posteriormete, el colegiado llegó a señalar un penal que parecía poner fin a la historia, pero tras la revisión del VAR, la decisión fue revocada. Esa intervención, sumada a un par de paradas más del portero visitante, dejó la eliminatoria con un hilo de vida.
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