domingo 15 febrero 2026

El invento japonés que podría desatar energía sin límites y alterar el poder de las petroleras

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El océano siempre ha sido visto como una promesa energética casi infinita, pero difícil de domesticar. Sus olas nunca descansan, su fuerza es constante y, aun así, convertir ese movimiento en electricidad estable ha resultado más complejo de lo que parecía. Ahora, un grupo de investigadores japoneses afirma haber encontrado una solución distinta a todo lo anterior. No se trata de turbinas tradicionales ni de boyas convencionales, sino de un mecanismo que aprovecha un fenómeno físico tan elegante como poderoso.

Un problema que la energía renovable aún no ha resuelto

La transición energética global ha impulsado tecnologías como la solar y la eólica a niveles impensados hace apenas veinte años. Sin embargo, ambas comparten un límite evidente: dependen de condiciones cambiantes. Si no hay sol, no hay generación fotovoltaica. Si el viento cae, los aerogeneradores se detienen.

© Taljat David – shutterstock

Frente a esa intermitencia, el mar siempre apareció como una alternativa más predecible. Las olas no dependen de la luz diurna y, en muchas regiones, mantienen patrones relativamente constantes. El problema nunca fue la falta de energía, sino cómo captarla de manera eficiente.

Los convertidores tradicionales de energía de las olas, conocidos como WECs, funcionan bien solo en rangos muy específicos de frecuencia y altura de oleaje. Cuando las condiciones cambian, su rendimiento cae de forma drástica. Esto ha impedido que la energía undimotriz despegue a gran escala.

En ese contexto aparece la propuesta de la Universidad de Osaka. El equipo liderado por investigadores japoneses decidió abandonar los enfoques convencionales y apostar por un principio físico que, hasta ahora, no había sido explotado de esta manera en el mar.

El giro inesperado: aprovechar la precesión giroscópica

El nuevo sistema recibe el nombre de convertidor de energía de olas por giroscopio, o GWEC por sus siglas en inglés. Su núcleo no es una pala ni un pistón hidráulico, sino un volante giratorio alojado dentro de una estructura flotante.

Aquí entra en juego un concepto clave: la precesión giroscópica. Cuando un objeto en rotación experimenta una fuerza externa (como el vaivén irregular de las olas) su eje de giro no se inclina sin más, sino que describe un movimiento adicional, controlado y aprovechable. Ese movimiento es el que el sistema transforma en electricidad.

En lugar de depender de una frecuencia exacta de oleaje, el dispositivo puede adaptarse a variaciones en la dirección y el ritmo del mar. Esa flexibilidad marca una diferencia sustancial frente a los sistemas tradicionales.

El volante interno está conectado a un generador que convierte el movimiento rotatorio en energía eléctrica. Según explicó el investigador Takahito Iida, la clave radica en que el sistema mantiene una alta absorción de energía incluso cuando cambian las condiciones del entorno marino. En otras palabras: no necesita que el mar se comporte “perfectamente” para rendir bien.

Resultados que cambian las reglas del juego

Para comprobar la viabilidad del sistema, el equipo utilizó modelos basados en la teoría lineal de las olas. Simularon la interacción entre el océano, la plataforma flotante y el giroscopio, ajustando parámetros hasta encontrar configuraciones óptimas.

Los resultados fueron llamativos. En simulaciones, el dispositivo alcanzó una eficiencia de absorción cercana al 50 % de la energía disponible en distintas frecuencias de oleaje. Esto es relevante porque la mayoría de los convertidores existentes solo alcanzan buenos niveles de rendimiento en un rango muy estrecho.

Diseño Sin Título (20)
© TechAnimationStock – shutterstock

Además, las pruebas en dominios tanto de frecuencia como de tiempo mostraron que el sistema mantiene un desempeño elevado cerca de su frecuencia de resonancia, que coincide con patrones naturales del oleaje oceánico. El diseño permite ajustar parámetros del giroscopio para adaptarse a diferentes entornos, lo que abre la puerta a instalaciones en múltiples regiones costeras.

Este avance no implica que mañana veremos ciudades enteras alimentadas exclusivamente por olas. Pero sí sugiere que la energía undimotriz podría abandonar su papel marginal y convertirse en un complemento estable dentro del mix renovable.

En un escenario global donde la demanda energética sigue creciendo y la presión para reducir emisiones es cada vez mayor, soluciones como esta ofrecen algo escaso: continuidad. Si logra escalarse industrialmente, el sistema japonés podría transformar al océano en una fuente renovable más constante de lo que jamás se había conseguido.

El mar siempre estuvo ahí. Lo que faltaba era entender cómo escuchar su ritmo sin intentar forzarlo.

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