domingo 1 febrero 2026

El nuevo T800 de EngineAI deja de ser un concepto futurista… Un robot humanoide entrenado en artes marciales que combina fuerza bruta y una GPU de NVIDIA

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Lo que hace apenas unos meses era un vídeo algo simpático de robots torpes sirviendo cafés se ha transformado en otra cosa. EngineAI presentó a su nuevo T800 —nombre que sin duda no ayuda a calmar los nervios— y el resultado desencadena una mezcla de fascinación y vértigo tecnológico. En el clip divulgado por la compañía, el humanoide no solo ejecuta técnicas de karate, sino que lo hace con una estabilidad y potencia propias de un atleta profesional.

No hay CGI, no hay trucos de postproducción. EngineAI insistió en que el vídeo es completamente real. Y eso cambia las reglas del juego. Ver al T800 elevar la pierna casi a la altura de su propia cabeza, lanzar secuencias rápidas de puños o replicar movimientos de capoeira recuerda que ya no estamos ante robots “domésticos”, sino ante máquinas capaces de interpretar y ejecutar patrones corporales complejos.

La paradoja es bastante evidente: mientras la IA amenaza con reemplazar tareas cognitivas y el debate laboral se intensifica, ahora también vemos cómo la robótica empieza a cubrir lo físico. Lo que antes era “lo único que los humanos hacíamos mejor” ya no parece tan seguro.

Aprender artes marciales… y entrenar humanos

© YouTube / Engineai Robot.

EngineAI utiliza un sistema de entrenamiento por IA que combina modelos de simulación, aprendizaje por refuerzo y análisis biomecánico. El robot no solo puede dar golpes: puede enseñarlos. En otra secuencia del vídeo, un niño practica con él. El T800 actúa como instructor, ajustando distancia, ritmo y postura.

Según la compañía, estos robots podrían utilizarse tanto en formación deportiva como en entornos donde se requieran movimientos extremadamente coordinados, como rescate, construcción o manejo de herramientas pesadas. Hacia el final del clip, de hecho, el T800 aparece en un taller, blandiendo un martillo como si llevara años trabajando en metalurgia.

Lo que hace una década parecía una fantasía —robots con capacidad de improvisación física— empieza a asomar como un producto comercial.

La arquitectura del poder: Intel + NVIDIA dentro de un karateka mecánico

El nuevo T800 de EngineAI deja de ser un concept futurista: un robot humanoide entrenado en artes marciales que combina fuerza bruta y una GPU de NVIDIA
© YouTube / Engineai Robot.

Como casi todo lo revolucionario hoy en día, el T800 es un híbrido entre músculo mecánico y cerebro algorítmico. EngineAI reveló parte del hardware que alimenta sus capacidades:

  • CPU Intel N97, responsable del procesamiento base y la gestión sensorial.
  • NVIDIA Jetson AGX Orin con 64 GB, uno de los módulos más potentes de la compañía, especializado en IA, visión computacional y análisis en tiempo real.

Este robot puede caminar a 10,8 km/h, mantener equilibrio incluso durante giros rápidos y ejecutar acciones dinámicas sin perder estabilidad. Su cuerpo incorpora actuadores de alta respuesta y sensores distribuidos que permiten gestionar la fuerza aplicada en cada movimiento.

No es un robot estético. Es un robot funcional, diseñado para reaccionar, corregir y ejecutar.

La pregunta inevitable: ¿qué significa esto para el futuro?

Que un robot humanoide pueda realizar tareas del hogar ya no sorprende. Que pueda entrenar artes marciales, adaptarse al movimiento humano y replicar técnicas complejas es un salto de magnitud distinta.

EngineAI asegura que el propósito del T800 es expandir los límites de lo que un robot humanoide puede aprender. Pero el debate social es inevitable: ¿qué sucede cuando combinamos IA de alto nivel, capacidades físicas avanzadas y hardware cada vez más accesible?

Quizá aún estemos lejos de algo parecido a una “UFC de robots”, pero si el T800 sirve como indicador del camino, la frontera entre máquinas diseñadas para asistir y máquinas diseñadas para actuar de forma autónoma y física se vuelve cada vez más tenue.

El futuro ya no pregunta si los robots humanoides serán parte de la vida cotidiana. Pregunta cómo nos adaptaremos cuando, además, puedan patear más alto que nosotros.

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