En los pasillos de cualquier supermercado, una decisión que parece menor puede marcar una diferencia crucial en la salud pública.
Separar la carne cruda en una bolsa aparte no es solo una recomendación común: es una medida esencial para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos que afectan a millones de personas cada año.
Aunque muchos consumidores intentan reducir el uso de plásticos por razones ambientales o por comodidad, los especialistas en seguridad alimentaria son claros: cuando se trata de carne cruda, este paso no debe omitirse.
El principal riesgo de no aislar la carne cruda durante la compra y el transporte es la contaminación cruzada. Los envases de carne y aves pueden portar patógenos peligrosos en su superficie exterior, incluso cuando parecen estar bien sellados. Michael Handal, chef del Instituto de Educación Culinaria, explica que “el embalaje exterior de la carne y las aves crudas puede contener diversos patógenos (organismos que pueden causar enfermedades) que pueden provocar contaminación cruzada una vez que se encuentran en la cocina”.
El problema radica en que el plástico que envuelve estos productos no siempre garantiza un cierre hermético. Durante el traslado, el almacenamiento o la manipulación, los paquetes pueden romperse o liberar líquidos imperceptibles. Basta un pequeño derrame para que bacterias pasen de un envase a otro, contaminando frutas, verduras u otros alimentos listos para el consumo.
Entre los patógenos más comunes presentes en la carne cruda se encuentran el E. coli y los estafilococos. En el caso de las aves de corral, los riesgos aumentan con la posible presencia de salmonela, Campylobacter, Listeria y Clostridium perfringens. Lo más preocupante es la capacidad de supervivencia de estos microorganismos: según Handal, muchos pueden vivir entre cuatro y 32 horas en las superficies de los envases. Esto significa que el riesgo no desaparece al llegar a casa, sino que puede extenderse durante todo un día o más.
Contaminación cruzada: el riesgo invisible que comienza en el carrito
Por esta razón, los expertos insisten en que la carne cruda debe empacarse siempre por separado en el supermercado. Aunque pueda parecer una medida excesiva, se trata de una defensa eficaz y sencilla contra enfermedades gastrointestinales y otras complicaciones de salud. Cocinar la carne elimina la mayoría de los patógenos, pero el peligro se encuentra antes de que el alimento llegue al fuego: en el contacto de los envases con manos, carritos, bolsas reutilizables y superficies de la cocina.
Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan adoptar hábitos prácticos durante la compra. Uno de los más simples es utilizar las bolsas plásticas disponibles en la sección de frutas y verduras antes de llegar al área de carnes. Muchas carnicerías dentro de los supermercados también ofrecen bolsas adicionales diseñadas específicamente para productos crudos, y lo ideal es usarlas siempre que se compren carnes o aves.
La organización del carrito también juega un papel importante. Handal aconseja colocar la carne cruda en la bandeja superior del carrito o en un área separada, lejos de otros comestibles. Incluso si la carne viene empacada, no hay que confiarse: mantenerla aislada reduce significativamente la posibilidad de que líquidos o residuos entren en contacto con alimentos que no serán cocinados.
Las precauciones no terminan al salir del supermercado. En casa, la carne cruda debe almacenarse de forma estratégica en el refrigerador. La recomendación general es colocarla en el estante inferior, donde un posible derrame no pueda gotear sobre otros productos. Este detalle, aparentemente pequeño, puede evitar la contaminación de alimentos listos para el consumo y proteger la salud de toda la familia.
Sin embargo, en los últimos años ha surgido un dilema adicional: el impacto ambiental del uso de bolsas plásticas. La preocupación por la acumulación de residuos, su lenta degradación y la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el medioambiente y en el cuerpo humano ha llevado a muchos consumidores a rechazar el plástico de un solo uso. Un informe de la Fundación de las Naciones Unidas advierte que, si las tendencias actuales continúan, los residuos plásticos podrían triplicarse para 2060, con consecuencias graves para los ecosistemas y la salud humana.
Además, la producción y eliminación de plásticos contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que agrava la crisis climática. Como respuesta, muchas tiendas han reducido o eliminado las bolsas plásticas, y los consumidores han adoptado opciones reutilizables, como bolsas de tela o lona.
No obstante, los expertos señalan que estas bolsas reutilizables no siempre son seguras para transportar carne cruda. Las bolsas de tela, aunque prácticas y ecológicas, pueden absorber líquidos y son difíciles de desinfectar por completo. Esto las convierte en un vehículo potencial de bacterias si se usan indistintamente para todo tipo de alimentos.
La alternativa recomendada es utilizar una bolsa específica y exclusiva para proteínas crudas. Idealmente, debe estar fabricada con materiales no absorbentes, como plástico reutilizable o superficies impermeables, y ser fácil de lavar y desinfectar después de cada uso. De esta manera, es posible mantener altos estándares de seguridad alimentaria sin renunciar al compromiso ambiental.
En definitiva, la seguridad en la compra y el almacenamiento de carne cruda depende de decisiones cotidianas que están al alcance de todos. Separar los productos crudos en el supermercado, usar bolsas adecuadas y mantener una correcta higiene en casa reduce de forma significativa los riesgos sanitarios. Al mismo tiempo, optar por alternativas lavables y reutilizables permite proteger la salud sin descuidar el planeta. Un pequeño gesto, repetido cada semana, puede tener un impacto duradero tanto en la seguridad alimentaria como en el bienestar ambiental.
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