Ocho meses después de que se detectara una estafa de más de $17 millones de dólares vinculada al Programa de Empleo Juvenil de Verano de Nueva York, la ciudad aún no ha explicado completamente cómo se ejecutó el esquema ni quién ha sido responsabilizado, según información divulgada por The New York Times.
La investigación apunta a un uso fraudulento de tarjetas de pago entregadas a participantes del programa, que debían servir para abonar salarios limitados a jóvenes trabajadores.
En lugar de esos montos, las tarjetas habrían sido utilizadas para realizar retiros masivos en cajeros automáticos, en algunos casos por decenas de miles de dólares por tarjeta.
De acuerdo con la reconstrucción del caso, cerca de 1,000 tarjetas vinculadas al programa municipal fueron empleadas para extraer fondos muy por encima de lo permitido.
El dinero retirado habría superado ampliamente los pagos habituales del programa, que contempla salarios de hasta 400 dólares semanales por participante.
Los hechos se habrían concentrado durante un breve periodo del verano pasado en distintos puntos de la ciudad de Nueva York, donde se registraron múltiples extracciones simultáneas. En algunos casos, cajeros automáticos recién abastecidos quedaron vacíos en cuestión de minutos, según reportes recogidos por el medio.
Cómo fue la estafa
Uno de los principales puntos sin resolver es el mecanismo exacto de la estafa. Hasta ahora, las autoridades no han explicado si se trató de una falla estructural del sistema de tarjetas o de una red organizada que explotó vulnerabilidades del programa, que cada año emplea a más de 100,000 jóvenes y cuenta con un presupuesto de $240 millones de dólares.
Documentos del Departamento de Investigación de la ciudad citados en la pesquisa señalan que ya existían advertencias previas sobre posibles irregularidades en el sistema de pagos antes del verano en que ocurrió el fraude.
Sin embargo, no se han detallado públicamente esas alertas ni su alcance.
El esquema también habría sido amplificado por la difusión en redes sociales de información sobre una supuesta vulnerabilidad del sistema. En ese contexto, algunas tarjetas habrían sido vendidas por participantes del programa, aunque las autoridades no han confirmado esta hipótesis ni la dimensión de esa práctica.
Otro elemento sin aclarar es el destino final de los fondos sustraídos. Tampoco se ha precisado quién asumió la pérdida de los $17 millones de dólares ni si el monto correspondía directamente a dinero público o a otra fuente de financiamiento.
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