Bianca Marroquín nació en Matamoros, una pequeña ciudad mexicana en el estado de Tamaulipas que tiene frontera con Brownsville, Texas.
A pesar de eso, Marroquín —que se educó en Texas—, tenía sueños grandes. Quería ser bailarina y lo sabía desde los 3 años, cuando comenzó a estudiar desde ballet hasta flamenco y jazz.
“Tú me decías, ‘¿vas a la piñata de Fulanita o vas a tu clase de ballet?’”, dijo. “Pues nunca lo pensé dos veces, siempre puse como prioridad mis clases”.
Cuando llegó el momento de ir a la universidad, no tuvo opción; sus padres la mandaron a Monterrey a estudiar Ciencias de la Comunicación. Pero cuando iba en el quinto semestre, hubo audiciones para la producción de Disney del musical La Bella y la Bestia y se fue a escondidas de sus padres a hacer la prueba. La eligieron, y uno de los requisitos de la compañía era que tenía que mudarse a Ciudad de México.
“Les digo a mis papás, ‘pues, ¿qué creen? Audicioné, me quedé, me van a pagar, me alcanza para una renta y me voy”, recordó. “Cumplo 21 años en dos meses, y si no me apoyan me voy sola”.
Los padres accedieron y ese fue el comienzo de la carrera de una de las contadas artistas mexicanas que ha encontrado la gloria en el competido mundo de Broadway.
“Nunca me imaginé que iba a llegar y romper barreras ni que llegaría a Broadway”, dijo. “Yo crecí con una mentalidad muy humilde; mi mamá nos decía, ‘los pies bien en la tierra siempre’”.
Lo que la catapultó a la meca de los musicales fue su destacada labor como Roxie Hart en la producción en español de “Chicago”, y su bilingüismo. En junio de 2002, debutó en un teatro de Nueva York.
Casi 25 años después de ese evento, se sigue preparando. Está tomando clases de canto porque quiere perfeccionar su voz. Se avecinan varios proyectos para la segunda mitad del año.
“Siento que uno nunca debe dejar de prepararse”, dijo. “Jamás vamos a ser perfectos, pero el día que dejas de prepararte se empieza a apagar tu luz y empiezas a morir un poco”.
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