miércoles 18 febrero 2026
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Estados Unidos apaga uno de sus grandes aceleradores de partículas. El RHIC se despide tras 25 años recreando el universo primitivo en la Tierra

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Cerrar un gran acelerador de partículas no es como apagar un laboratorio cualquiera. Es clausurar una forma concreta de hacer preguntas al universo. El RHIC nació con una misión ambiciosa: recrear en la Tierra, por fracciones de segundo, el estado de la materia tal como existía poco después del Big Bang. Dos décadas y media después, se despide habiendo cambiado la forma en que los físicos piensan sobre la materia en condiciones extremas.

Un laboratorio para el universo primitivo

El RHIC no se diseñó para encontrar nuevas partículas exóticas, sino para estudiar cómo se comportan las ya conocidas cuando se les somete a temperaturas y densidades inimaginables. Al hacer chocar núcleos pesados casi a la velocidad de la luz, los protones y neutrones se “funden” y liberan quarks y gluones, recreando un plasma que no se observa de forma natural desde los primeros microsegundos del cosmos.

Ese enfoque convirtió al RHIC en una máquina del tiempo microscópica. No viajaba al pasado, pero reproducía las condiciones físicas que gobernaron el nacimiento del universo. La pregunta central era simple y profunda a la vez: ¿cómo se organizó la materia para dar lugar a los protones, neutrones y, en última instancia, a todo lo que existe hoy?

El hallazgo que obligó a reescribir expectativas

© Brookhaven National Laboratory.

Uno de los resultados más sorprendentes del RHIC fue descubrir que el plasma de quarks y gluones no se comporta como un gas caótico de partículas libres, como muchos esperaban. En su lugar, fluye como un líquido casi perfecto, con una viscosidad extremadamente baja. Ese comportamiento “colectivo” obligó a revisar modelos teóricos y a replantear la naturaleza de la interacción fuerte en condiciones extremas.

El hallazgo tuvo un efecto dominó. Impulsó nuevas técnicas de simulación, conexiones con la física de fluidos y colaboraciones entre disciplinas que rara vez se cruzaban. De pronto, un experimento de física nuclear estaba influyendo en cómo se modelan sistemas complejos en otros campos.

Una máquina que también cambió cómo se hace ciencia

Más allá de los resultados concretos, el RHIC fue un ejemplo de ciencia colaborativa a gran escala. Miles de investigadores de decenas de países pasaron por Brookhaven para diseñar detectores, analizar datos y construir teorías que dieran sentido a colisiones que ocurren en escalas de tiempo y espacio casi inconcebibles.

La última campaña del RHIC no fue solo simbólica: produjo uno de los mayores conjuntos de datos de su historia, un legado que seguirá alimentando análisis durante años. Apagar el acelerador no significa que se haya exprimido todo lo que podía ofrecer. Significa que la fase experimental cede el paso a una fase larga de interpretación.

Por qué se apaga ahora (y no antes)

En la gran ciencia, cerrar una instalación no suele ser un fracaso, sino una decisión estratégica. Los aceleradores tienen ciclos de vida: nacen para responder a ciertas preguntas y, cuando esas preguntas se refinan o cambian, se necesita otra herramienta. El RHIC ha llevado al límite su capacidad para explorar el plasma primordial. Seguir exprimiéndolo ofrecería rendimientos decrecientes frente a lo que puede aportar una nueva generación de máquinas.

El relevo está claro: el Colisionador de Electrones e Iones (EIC) tomará el testigo. No recreará directamente el Big Bang, sino que diseccionará con mayor precisión cómo quarks y gluones construyen la estructura interna de protones y neutrones. Es un cambio de escala en la pregunta: del comportamiento colectivo extremo a la cartografía detallada de la materia.

Reutilizar para avanzar: una transición material y simbólica

Estados Unidos apaga uno de sus grandes aceleradores de partículas. El RHIC se despide tras 25 años recreando el universo primitivo en la Tierra
© Brookhaven National Laboratory.

Parte de la infraestructura del RHIC no se pierde. Componentes, tecnología y conocimiento se reciclan para dar forma al EIC. Es una transición que no solo ahorra recursos, sino que simboliza cómo progresa la física experimental: cada gran máquina se construye sobre los cimientos de la anterior.

Este relevo también refleja un cambio generacional en la comunidad científica. Investigadores que comenzaron su carrera con el RHIC verán ahora cómo sus estudiantes trabajan en un acelerador distinto, con preguntas afinadas por 25 años de descubrimientos previos.

El valor de apagar una gran máquina

Apagar un colisionador no suele generar titulares tan espectaculares como encender uno nuevo. Sin embargo, es un momento clave para medir el impacto real de un proyecto científico. El RHIC deja tras de sí algo más que artículos y gráficos: deja una forma distinta de entender la materia caliente y densa, y una comunidad que aprendió a trabajar en el límite de lo técnicamente posible.

La física de partículas y nuclear avanza a base de ciclos: construir, exprimir, cerrar y volver a construir. El apagado del RHIC no es el final de una historia, sino el cierre de un capítulo que permitió escribir el siguiente.

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