La creatividad ha sido durante siglos uno de los territorios más íntimos del ser humano. No solo como habilidad técnica, sino como forma de expresión, como manera de dar sentido al mundo y como espacio donde se mezclan experiencia, intuición y emoción. Por eso, cuando la ciencia se atreve a medirla, el resultado suele generar incomodidad. No porque las cifras sean falsas, sino porque tocan algo que muchas personas consideran irrenunciablemente humano.
Eso es exactamente lo que propone un estudio publicado en Scientific Reports en enero de 2026, firmado por un amplio equipo internacional liderado por Karim Jerbi y con la participación de Yoshua Bengio. Su conclusión principal es tan clara como delicada: algunos sistemas de inteligencia artificial ya superan a la persona media en determinadas pruebas de creatividad lingüística, aunque siguen estando por debajo de los humanos más creativos. No es un titular fácil. Tampoco es una sentencia contra artistas, escritores o creadores. Es, más bien, una invitación a pensar con precisión qué entendemos por creatividad y por qué las personas excepcionales siguen marcando la diferencia.
Qué mide realmente la creatividad en este estudio
El punto de partida del trabajo es una aclaración fundamental: no toda creatividad es lo mismo. El estudio se centra en una dimensión concreta, conocida en psicología como creatividad divergente. Este tipo de creatividad se refiere a la capacidad de generar ideas variadas, poco habituales y semánticamente alejadas entre sí a partir de una consigna sencilla.
Para medirla, los investigadores emplearon una prueba llamada Divergent Association Task, o DAT. En ella, se pide a los participantes que escriban diez palabras que sean lo más distintas posible en significado y uso. No se trata de vocabulario raro ni de tecnicismos, sino de capacidad para saltar entre conceptos alejados. La puntuación se obtiene calculando la distancia semántica entre esas palabras mediante modelos computacionales del lenguaje.
El estudio aplicó exactamente la misma prueba a 100.000 personas y a una amplia variedad de modelos de lenguaje, incluidos sistemas comerciales y de código abierto. El propio artículo define con claridad qué se está midiendo cuando afirma que estas medidas de divergencia “indexan el pensamiento asociativo, la capacidad de acceder y combinar conceptos remotos en el espacio semántico, un rasgo establecido de la cognición creativa”.
Este matiz es clave. No se está evaluando talento artístico, sensibilidad estética ni profundidad emocional, sino una capacidad cognitiva concreta relacionada con la exploración de ideas. Entender esto evita malentendidos y lecturas alarmistas.
Cuando la máquina supera a la media, pero no al talento excepcional
Uno de los resultados más comentados del paper es que algunos modelos, en especial GPT-4, obtienen puntuaciones medias en el DAT superiores a las del conjunto total de participantes humanos. Dicho de forma sencilla: comparada con la media de la población, la IA sale bien parada en esta prueba específica.
Sin embargo, el análisis no se detiene ahí. Cuando los investigadores dividen a los participantes humanos por niveles de creatividad, el panorama cambia de forma clara. El propio artículo lo resume sin ambigüedades: “varios modelos superan la media poblacional, pero incluso los mejores modelos no exceden la media del 50% superior de las respuestas humanas”.
La diferencia se vuelve aún más evidente al observar a las personas situadas en el 10% superior. En ese grupo, los humanos superan sistemáticamente a todos los modelos analizados, incluso a los más avanzados. No es una diferencia marginal ni estadísticamente dudosa. Es un hueco consistente que, por ahora, la inteligencia artificial no logra cerrar.
Este punto es esencial para artistas y creadores. El estudio no sugiere que la IA esté alcanzando a las personas excepcionales, sino todo lo contrario: confirma que la creatividad más alta sigue siendo patrimonio humano. Y lo hace con datos, no con intuiciones.
Creatividad no es solo producir, sino decidir
Una de las ideas más interesantes del trabajo aparece cuando los autores reflexionan sobre qué fases del proceso creativo están siendo capturadas por estas pruebas. La creatividad humana no consiste únicamente en generar ideas, sino también en seleccionarlas, refinarlas y dotarlas de sentido dentro de un contexto cultural, emocional y personal.
El propio artículo señala que el DAT mide sobre todo la fase exploratoria del proceso creativo, aquella en la que se multiplican las posibilidades. La fase posterior, la convergente, donde se decide qué ideas valen la pena y cuáles no, sigue estando poco explorada en modelos artificiales. En palabras del paper, “la competencia potencial de los modelos en la fase convergente del proceso creativo permanece infraexplorada”.
Esta distinción es crucial para entender por qué los artistas humanos siguen siendo insustituibles. La creatividad no es solo variedad, sino criterio, intención y significado. Una máquina puede generar muchas asociaciones, pero no vive, no recuerda, no arriesga reputación ni identidad en una obra.

Fuente: Scientific Reports
La creatividad artificial depende de cómo la guiamos
Otro resultado relevante del estudio es que la creatividad de los modelos no es fija. Puede aumentar o disminuir según cómo se les pregunte y según ciertos parámetros internos. Uno de ellos es la llamada “temperatura”, un ajuste técnico que controla cuán predecibles o arriesgadas son las respuestas del modelo.
Cuando la temperatura aumenta, las respuestas se vuelven más diversas y menos repetitivas. El paper muestra que, en estos casos, las puntuaciones de creatividad suben de forma significativa. Además, el tipo de instrucciones importa mucho. Pedir explícitamente que se tengan en cuenta las raíces etimológicas de las palabras, por ejemplo, produce respuestas más divergentes.
Esto refuerza una idea importante para los creadores humanos: la IA no es autónoma en su creatividad, sino profundamente dependiente de la orientación humana. El estudio lo deja claro cuando señala que las mejoras observadas “subrayan el papel central del diseño de instrucciones y el ajuste de parámetros”.
La creatividad artificial, por tanto, no surge de la nada. Es inducida, dirigida y modulada por personas. Sin esa mediación, los resultados se empobrecen.
Qué ocurre cuando se pasa de palabras a textos creativos
Para comprobar si estos resultados se mantenían en tareas más complejas, los investigadores analizaron también textos creativos: haikus, sinopsis de películas y relatos breves. En todos los casos se aplicaron métricas automáticas diseñadas para medir diversidad semántica y complejidad textual.
El patrón vuelve a repetirse. Algunos modelos se acercan al rendimiento humano medio, pero los textos escritos por personas con habilidades creativas destacadas siguen mostrando mayor riqueza. El propio artículo reconoce que, en formatos como el haiku, los humanos mantienen una ventaja clara.
Este punto es especialmente relevante para el mundo artístico. La escritura creativa no se reduce a combinar palabras distantes, sino a respetar reglas, romperlas con intención y conectar con tradiciones culturales. La máquina puede imitar estructuras, pero no compartir experiencia.
De la competencia al acompañamiento creativo
Lejos de presentar la situación como una carrera entre humanos y máquinas, el paper adopta una mirada más matizada. En uno de sus pasajes más claros, los autores afirman que “los resultados sugieren que los temores a una sustitución inminente de los profesionales creativos siguen siendo prematuros”.
La propuesta implícita no es la sustitución, sino la colaboración. La IA puede servir como herramienta de exploración, como generador de variantes, como apoyo en fases concretas del proceso creativo. El núcleo creativo, sin embargo, sigue dependiendo de personas capaces de dotar de sentido, intención y valor cultural a lo que producen.
Para artistas y creadores, este mensaje es importante: la tecnología no invalida su trabajo. Al contrario, pone en evidencia qué aspectos de la creatividad son realmente humanos.
Más allá del ruido, una frontera que sigue intacta
Este estudio no dicta el final de la creatividad humana. Tampoco la glorifica sin matices. Lo que hace es algo más incómodo y, a la vez, más útil: distinguir entre creatividad media y creatividad excepcional, entre producción automática y creación con significado.
La inteligencia artificial puede superar a la mayoría en tareas bien definidas. Pero la creatividad que transforma, conmueve y permanece sigue estando ligada a biografías, culturas y miradas humanas. Esa frontera, al menos por ahora, permanece intacta.
Referencias
- Bellemare-Pepin, A., Lespinasse, F., Thölke, P., Harel, Y., Mathewson, K., Olson, J. A., Bengio, Y. y Jerbi, K. Divergent creativity in humans and large language models. Scientific Reports (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-025-25157-3.


