Encuesta revela que los jóvenes usan IA, pero crece su enojo, temor laboral y desconfianza en su impacto educativo y profesional
La relación entre la Generación Z y la inteligencia artificial (IA) está cambiando de forma significativa. Lo que hace apenas unos años parecía una adopción natural por parte de los jóvenes, hoy muestra señales de desgaste, preocupación e incluso enojo.
Una nueva encuesta de Gallup, realizada junto con la Walton Family Foundation y GSV Ventures, revela un giro en la percepción de esta tecnología entre los jóvenes de Estados Unidos.
Aunque más de la mitad de los encuestados (51%) continúa utilizando herramientas de IA al menos una vez por semana, el crecimiento en su adopción se ha desacelerado notablemente. En el último año, el uso apenas aumentó 4 puntos porcentuales, lo que sugiere que la expansión de esta tecnología entre los jóvenes ha entrado en una fase de estancamiento.
Pero lo más llamativo no es solo la desaceleración, sino el cambio en las emociones que despierta la inteligencia artificial. El entusiasmo y la esperanza han caído de forma importante: 14 y 9 puntos porcentuales, respectivamente; mientras que el enojo ha crecido: 31% de los jóvenes afirma sentirse molesto con esta tecnología, frente al 22% del año anterior. A esto se suma que más de 4 de cada 10 jóvenes aseguran sentirse ansiosos sobre el futuro de la IA.
Uno de los focos principales de esta inquietud es el impacto de la IA en el trabajo. Según la encuesta, el 48% de los jóvenes considera que los riesgos de su uso en el entorno laboral superan sus beneficios, lo que representa un aumento de 11 puntos porcentuales respecto al año pasado.
Este dato resulta especialmente relevante si se considera que el 56% de los encuestados reconoce que estas herramientas les permiten completar tareas más rápido. Sin embargo, esa eficiencia no se percibe como una ventaja sin consecuencias. De hecho, el 80% cree que depender de la IA para trabajar más rápido podría dificultar el aprendizaje a largo plazo.
La percepción de la productividad también está cambiando. El porcentaje de jóvenes que considera que la IA mejora su desempeño laboral ha disminuido en comparación con 2025, lo que indica que el entusiasmo inicial por estas herramientas comienza a diluirse frente a preocupaciones más profundas sobre su impacto en habilidades, formación y estabilidad laboral.
A pesar de estas dudas, la mayoría de los jóvenes reconoce que la inteligencia artificial será clave en su futuro. Más de la mitad de los estudiantes de educación básica y media (52%) considera que necesitará saber usar IA para acceder a la educación superior, mientras que el 48% cree que será esencial en sus carreras profesionales.
Escuelas avanzan, pero crece la desconfianza
En el ámbito educativo, las instituciones han comenzado a responder con mayor rapidez al auge de la inteligencia artificial. Actualmente, el 74% de los estudiantes afirma que sus escuelas ya cuentan con políticas sobre el uso de estas herramientas, un aumento notable frente al año anterior.
Sin embargo, este avance institucional no ha disipado las dudas de los estudiantes. Por el contrario, la encuesta muestra un aumento en la percepción de deshonestidad académica. Aproximadamente, el 41% de los jóvenes cree que la mayoría de sus compañeros utiliza inteligencia artificial para realizar tareas escolares, incluso cuando está prohibido.
Este clima de desconfianza refleja un problema más amplio: la dificultad de integrar la tecnología sin erosionar la credibilidad del sistema educativo. A medida que la IA se vuelve más accesible, los estudiantes no solo cuestionan su uso, sino también las reglas y la equidad en su aplicación.
Expertos señalan que este fenómeno podría tener implicaciones a largo plazo en la forma en que los jóvenes perciben el aprendizaje y el mérito académico. La línea entre herramienta útil y atajo indebido se vuelve cada vez más difusa.
Preferencia por lo humano sigue intacta
A pesar de haber crecido rodeados de tecnología, los miembros de la Generación Z muestran una clara preferencia por la interacción humana en servicios clave. Menos del 20% elegiría inteligencia artificial para tareas como tutoría, asesoría financiera o atención al cliente.
Este dato sugiere que, más allá de la eficiencia, los jóvenes valoran aspectos como la empatía, la comprensión y la confianza, cualidades que aún asocian con las personas más que con los sistemas automatizados.
La tendencia también pone en evidencia un límite importante para la expansión de la IA en sectores donde la interacción humana es central. Aunque la tecnología puede optimizar procesos, no necesariamente reemplaza la conexión interpersonal que muchos consideran indispensable.
Una generación que reconsidera su relación con la IA
Los resultados del estudio apuntan a una conclusión clara: la Generación Z no está rechazando la inteligencia artificial, pero sí está reevaluando su papel en la vida cotidiana.
Lejos de la narrativa de adopción masiva sin cuestionamientos, los jóvenes muestran una postura más crítica y matizada. Reconocen los beneficios de la tecnología, pero también sus riesgos, especialmente en áreas como el aprendizaje, la confianza y el desarrollo profesional.
Este cambio de percepción plantea un desafío tanto para instituciones educativas como para empresas tecnológicas. La integración de la inteligencia artificial ya no puede centrarse únicamente en la eficiencia o la innovación, sino que debe considerar también el impacto en la formación, la ética y la experiencia humana.
El creciente escepticismo de esta generación podría definir la forma en que la inteligencia artificial se desarrolla e integra en los próximos años, marcando un equilibrio entre progreso tecnológico y valores humanos.
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