Europa quiere convertir los centros de datos en fábricas de energía. Geotermia profunda y calefacción urbana para transformar el calor de la IA en electricidad y hogares calientes

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La inteligencia artificial está empujando a Europa hacia un dilema energético incómodo: cada nuevo centro de datos exige una cantidad masiva y constante de electricidad, justo cuando el continente intenta desprenderse del gas y el carbón. La solución que empieza a dibujarse no apunta al cielo, sino hacia abajo. Literalmente.

Bajo varios kilómetros de roca caliente, la geotermia profunda emerge como la pieza que podría convertir un problema en oportunidad. Y no solo para alimentar servidores. La apuesta europea busca algo más ambicioso: usar ese calor —y el que desprenden los propios centros de datos— para abastecer redes de calefacción urbana. Una simbiosis energética que roza la ingeniería circular perfecta.

Perforar más barato, producir más estable

© Getty Images / ONATHAN NACKSTRAND/AF.

La geotermia fue durante décadas un privilegio casi exclusivo de territorios volcánicos como Islandia. El calor, el agua y la permeabilidad de la roca debían coincidir de forma natural. Eso limitaba enormemente su expansión.

El cambio llegó cuando la industria energética adaptó técnicas de perforación profunda procedentes del petróleo y el gas. Los llamados Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS) permiten fracturar roca caliente seca, inyectar fluidos y extraer calor sin depender de condiciones geológicas ideales. El resultado: una reducción de costes cercana al 40% en la última década.

Según el think tank Ember, la electricidad geotérmica en Europa ya puede producirse por debajo de los 100 €/MWh, compitiendo directamente con el gas fósil. El potencial comercial inmediato ronda los 43 GW, equivalentes a unos 301 TWh anuales. Eso supondría reemplazar aproximadamente el 42% de la generación eléctrica fósil actual de la Unión Europea.

Hungría, Polonia, Alemania y Francia aparecen entre los países con mayor margen de desarrollo. Pero la clave estratégica no es solo producir electricidad constante, sino dónde hacerlo.

Centros de datos y district heating: la “triple victoria”

Los mapas de potencial geotérmico a 5.000 metros coinciden con los grandes nodos europeos de centros de datos: París, Ámsterdam, Fráncfort. Y muchos de esos núcleos ya cuentan con redes de calefacción urbana, el llamado district heating.

El plan es tan lógico que resulta casi evidente: ubicar centros de datos cerca de plantas geotérmicas. La electricidad estable alimenta la infraestructura digital. Después, el calor residual generado tanto por la central como por los propios servidores se canaliza hacia redes urbanas que calientan viviendas y edificios públicos.

Este modelo no es teoría. En Helsinki, la compañía energética Helen lleva años recuperando el calor de centros de datos. Algunas instalaciones ya abastecen a decenas de miles de hogares. El secreto está en grandes bombas de calor industriales que elevan la temperatura del agua hasta los 85-90 ºC necesarios para la red urbana.

La inteligencia artificial, vista así, deja de ser solo un consumidor eléctrico voraz y se convierte en fuente térmica estratégica.

Bruselas mueve ficha, pero el reloj corre

A finales de 2024, el Consejo y el Parlamento Europeo respaldaron la creación de una Alianza Geotérmica Europea para acelerar permisos y financiación. Países como España han anunciado inversiones específicas, mientras las Islas Canarias se perfilan como laboratorio natural por su subsuelo volcánico.

El problema es que el liderazgo tecnológico no está garantizado. Estados Unidos y Canadá avanzan con incentivos fiscales agresivos y fuerte inversión privada. Investigaciones citadas por Ember señalan que la geotermia podría cubrir hasta el 64% del crecimiento eléctrico previsto para centros de datos estadounidenses a comienzos de la próxima década.

Europa inventó la primera planta geotérmica comercial en Larderello en 1904. Hoy compite por no perder esa ventaja histórica.

Una revolución silenciosa bajo tierra

El verdadero valor de esta estrategia no reside solo en sustituir combustibles fósiles. Reside en crear una infraestructura energética que conecte la economía digital con el bienestar urbano. Electricidad constante para algoritmos. Calor estable para hogares. Menos emisiones, menos dependencia exterior.

La nube, paradójicamente, podría volverse terrenal. Y si el plan funciona, los centros de datos dejarán de ser vistos como agujeros negros energéticos para convertirse en nodos de una red más inteligente y circular.

Bajo nuestros pies, a kilómetros de profundidad, se está gestando una de las apuestas energéticas más pragmáticas de la era digital.

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