Entre el Museum of Modern Art (MoMA) y la Metropolitan Opera se logró encontrar un punto mágico para el universo de Frida Kahlo y Diego Rivera, en este caso un territorio fértil para un diálogo artístico.
El resultado es “Frida and Diego: The Last Dream”, exposición que abre al público el 21 de marzo y que acompaña la ópera “El Último Sueño de Frida y Diego”.
La propuesta combina dos lenguajes para contar una misma pulsión creativa. Lo escénico, lo pictórico y lo simbólico se cruzan para revisitar la relación entre ambos artistas desde una mirada contemporánea. Beverly Adams, curadora de arte latinoamericano del MoMa, explicó a la prensa que la colaboración surgió casi de manera natural: “Cuando supimos que la Met Opera iba a producir una obra sobre Frida Kahlo y Diego Rivera pensamos que era un buen momento para realizar una colaboración entre las dos instituciones”.
Una historia que se despliega entre salas y escenarios
La ópera, con libreto de Nilo Cruz, música de Gabriela Lena Frank e interpretada por Isabel Leonard y Carlos Álvarez, se estrenará el 14 de mayo dentro de la Met Opera. En la ficción, Rivera llama a Kahlo durante el Día de Muertos con la intención de traerla de vuelta, aunque ella rechaza la invitación. Esa tensión emocional también se siente en el recorrido dentro del museo, donde el visitante ingresa a una suerte de teatro íntimo.
Una maqueta colocada en la entrada presenta un adelanto visual: Frida, frente a una cama azul vigilada por dos esqueletos, es observada por Rivera desde una estructura de madera, mientras un árbol rojo sostiene la atmósfera dramática de la escena. Ese mismo elemento reaparece en el centro de la sala, donde un árbol rojizo atraviesa una estrecha cama y extiende sus ramas bajo un espejo suspendido en lo alto.
Jon Bausor, escenógrafo y codiseñador de vestuario de la ópera, describe este núcleo de la exposición como un símbolo en sí mismo: “Este es el tótem de nuestra sala, con el espejo por encima de ese elemento retorcido, constreñido, forzado a permanecer en una jaula en la parte inferior y que se libera hacia el cielo”, comentó a los medios.
Obras icónicas y el eco de la tradición mexicana
El museo reúne piezas fundamentales de Kahlo, como “Árbol de la esperanza, mantente fuerte”, donde la artista se sitúa frente a su propia vulnerabilidad física, además de “Mis abuelos, mis padres y yo”, “Fulang-Chang y yo”, “Retrato con pelo corto” y “Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos”.
La selección se complementa con más de veinte trabajos de Rivera, en su mayoría bocetos creados para el ballet “H.P. (Horsepower)”, junto a un imponente mural de Emiliano Zapata empuñando un machete de caña de azúcar.
La curaduría se ancla en el vínculo de ambos artistas con la cultura popular mexicana. “El vínculo con la cultura popular mexicana era algo muy importante para Kahlo y Rivera, que miraban muy de cerca las tradiciones indígenas y reivindicaban lo auténticamente mexicano en sus obras”, subrayó Adams. Ejemplo de ello es “Festival de las Flores: Fiesta de Santa Anita”, donde Rivera retrata con tonos vivos una celebración tradicional.
La ópera también incorpora este espíritu en su vestuario, confeccionado con bordados elaborados por artesanas de Oaxaca y otras regiones del país. Y será en mayo cuando “Frida and Diego: The Last Dream” expanda las ideas expuestas en el MoMa, rememorando la herencia artística y cultural que la pareja dejó en México y en el mundo.
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