Japón acaba de desplegar un brazo robótico de 22 metros dentro de Fukushima. Su misión es acercarse a uno de los lugares más radiactivos del planeta y recoger muestras del combustible fundido

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Más de una década después del desastre nuclear de Fukushima, el mayor desafío técnico sigue siendo el mismo: qué hacer con el combustible fundido que permanece dentro de los reactores dañados. La radiación en esas zonas continúa siendo tan intensa que cualquier intervención directa resulta imposible para los humanos. Por eso, el futuro del desmantelamiento de la central depende en gran medida de robots capaces de operar en entornos extremos.

Japón acaba de presentar uno de los más ambiciosos desarrollos en ese campo. Se trata de un brazo robótico de aproximadamente 22 metros de longitud, diseñado para introducirse en el interior de los reactores y recoger muestras de escombros altamente radiactivos. El dispositivo forma parte del complejo proyecto de desmantelamiento de la central de Fukushima Daiichi, que podría prolongarse durante varias décadas.

Un robot para explorar uno de los lugares más peligrosos del planeta

© YouTube / AFP Español.

El sistema, desarrollado por la empresa operadora TEPCO, pesa cerca de 4,6 toneladas y ha sido diseñado para moverse a través de estructuras dañadas y conductos estrechos dentro del reactor. Su diseño flexible, similar al de una serpiente mecánica, permite que el brazo se desplace entre restos de metal y hormigón sin necesidad de que un operador humano se acerque al núcleo.

La misión principal del robot será recoger pequeñas muestras del material radiactivo acumulado en el interior. Esos restos incluyen combustible nuclear fundido mezclado con escombros estructurales, una combinación extremadamente peligrosa que se formó tras el accidente de 2011.

Los ingenieros esperan que el dispositivo proporcione información mucho más precisa que los sistemas utilizados hasta ahora. Hasta el momento, los equipos de trabajo solo han podido recuperar pequeñas cantidades de material durante operaciones experimentales destinadas a estudiar cómo retirar los residuos de forma segura.

Un desmantelamiento que llevará décadas

El reto es gigantesco. Se estima que dentro de los reactores dañados permanecen alrededor de 880 toneladas de material radiactivo, cuya retirada completa requerirá nuevas tecnologías y una planificación extremadamente cuidadosa.

El brazo robótico será utilizado en una nueva fase de pruebas destinada a evaluar cómo manipular esos residuos sin provocar nuevas liberaciones de radiación. La información obtenida ayudará a diseñar las futuras operaciones de extracción.

Las previsiones actuales indican que la retirada completa del combustible fundido podría prolongarse hasta 2037 o incluso más allá, lo que refleja la complejidad del proceso.

Fukushima sigue siendo uno de los proyectos de ingeniería más difíciles del mundo moderno. Cada avance tecnológico, como este robot gigante, representa un pequeño paso hacia la resolución de un problema que comenzó en 2011 y que probablemente seguirá marcando la historia de la energía nuclear durante muchas décadas.

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