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domingo 22 febrero 2026
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La tecnología que reduce un 75 % los retrasos en la visión robótica y acerca a las máquinas a lo humano

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Durante años, la visión artificial fue uno de los grandes desafíos de la tecnología. Aunque los robots podían “ver”, lo hacían de manera lenta y poco natural. Sin embargo, un reciente desarrollo está alterando ese panorama. Gracias a un enfoque que imita el funcionamiento del cerebro, las máquinas están empezando a interpretar el mundo con una rapidez que hasta ahora parecía reservada a los seres humanos.

Un salto que redefine la percepción de las máquinas

El campo de la robótica está atravesando un momento decisivo. Ya no se trata únicamente de crear máquinas que ejecuten órdenes programadas, sino de dotarlas de una capacidad de reacción casi instantánea frente a lo que ocurre a su alrededor. En este contexto, un estudio publicado en Nature Communications ha presentado un avance que podría marcar un antes y un después.

El desarrollo consiste en un sistema de visión capaz de procesar el movimiento hasta cuatro veces más rápido que las tecnologías convencionales. Esta mejora no es simplemente técnica: implica que dispositivos como vehículos autónomos o robots quirúrgicos podrían reaccionar con una precisión y velocidad nunca vistas.

La clave de este progreso está en un tipo de ingeniería que busca replicar el funcionamiento del cerebro humano. En lugar de seguir el modelo clásico de procesamiento (donde la información viaja constantemente entre memoria y procesador), este nuevo enfoque integra ambas funciones en un mismo lugar, reduciendo drásticamente los tiempos de respuesta y el consumo energético.

© TESLA.

Inspiración biológica: cuando el cerebro marca el camino

Para lograr este avance, el equipo liderado por el investigador Shuo Gao se inspiró en una estructura cerebral conocida como núcleo geniculado lateral. Esta región actúa como un filtro inteligente que permite al cerebro concentrarse en los cambios relevantes del entorno, ignorando aquello que permanece estático.

Trasladar este principio al mundo de los chips fue clave. En lugar de analizar toda la información visual de forma constante, el sistema se enfoca únicamente en lo que cambia. Esto significa que no desperdicia recursos procesando datos irrelevantes, sino que dirige toda su potencia a detectar movimiento en tiempo real.

Este cambio de paradigma transforma completamente la manera en que las máquinas interpretan su entorno, acercando su percepción a la eficiencia biológica.

De imágenes estáticas a percepción continua

Tradicionalmente, los sistemas de visión artificial funcionaban capturando imágenes estáticas y comparándolas entre sí. Este método, aunque efectivo, implicaba un retraso considerable. Incluso una fracción de segundo podía marcar la diferencia en situaciones críticas, como la conducción a alta velocidad.

El nuevo enfoque elimina esa limitación al trabajar de forma continua, detectando variaciones de luz en tiempo real. Así, las máquinas ya no necesitan “esperar” al siguiente fotograma para entender qué está ocurriendo.

Este avance reduce drásticamente los tiempos de reacción, permitiendo que los sistemas respondan de manera mucho más fluida y precisa ante cambios repentinos en su entorno.

Resultados prometedores, pero con desafíos pendientes

Las pruebas realizadas, que incluyeron simulaciones de conducción y tareas con brazos robóticos, mostraron resultados muy alentadores. El sistema logró reducir los retrasos en un 75 % y mejorar notablemente la precisión en situaciones complejas.

Sin embargo, todavía existen limitaciones. En entornos donde ocurren múltiples movimientos simultáneamente, el sistema puede perder eficiencia. Además, aún depende en parte de algoritmos tradicionales para interpretar completamente la información visual.

A pesar de estos desafíos, el avance representa un salto significativo respecto a las tecnologías actuales y abre la puerta a nuevas posibilidades en el desarrollo de sistemas inteligentes.

Un futuro donde las máquinas entienden mejor el mundo

Más allá de aplicaciones industriales o automotrices, esta tecnología podría transformar la vida cotidiana. Robots domésticos capaces de detectar gestos sutiles o cambios en la expresión facial podrían interactuar con las personas de una manera mucho más natural.

El verdadero desafío ahora será escalar esta tecnología sin perder su eficiencia. Si los ingenieros logran superar este obstáculo, no solo cambiará la forma en que las máquinas ven, sino también la velocidad con la que comprenden un entorno en constante movimiento.

En ese escenario, la línea entre percepción humana y artificial podría volverse más difusa de lo que jamás imaginamos.

 

[Fuente: La Razón]

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