domingo 15 febrero 2026
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La vida de algunas personas mejoraría si destruyeran sus teléfonos, especialmente si se trata de un matrimonio

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En el New York Times, el día de San Valentín, Kashmir Hill ha presentado la historia de dos personas en edad de retiro que necesitaban un regalo: el regalo de que alguien tirara sus teléfonos celulares al mar.

El Times menciona sus nombres, pero aquí no lo haremos. Se trata del propietario de una librería que habla inglés y de su esposa que habla chino mandarín. Hicieron lo que la humanidad ha estado haciendo desde hace milenios: se enamoraron y se casaron, cruzando las fronteras de sus respectivos grupos socio-lingüísticos. Sin embargo, el artículo cuenta que a pesar de que llevan años de matrimonio, parece que se han vuelto tan adictos a sus teléfonos que ya ni se hablan.

Según lo documenta la nota, usan la app Microsoft Translator todo el día, todos los días. Sus teléfonos son tan esenciales para la comunicación cotidiana que siempre tienen a mano ocho baterías externas para poder seguir, según escribe Hill en el Times.

Translator es una app brillante. Aunque muchas compañías, incluyendo a Apple, han tratado durante años de que funcione la traducción en vivo, no siempre lo han logrado. Pero en este artículo parece que el esposo y la esposa usan el modo “Auto” de Translator, disponible desde 2020. Es una interfaz de traducción robusta y de diseño elegante para conversaciones entre dos personas.

En el modo Auto, seleccionas dos idiomas. Una persona habla un idioma y segundos después, la traducción escrita aparece en el teléfono de la otra persona. Y sin tocar nada, la otra persona responde en otro idioma, y en el teléfono de la primera persona aparece la traducción. Sin complicaciones. Funciona. Y tal parece que, lamentablemente, funciona durante todo el día.

Cada vez más, los estudios del inglés como segunda lengua respaldan la idea de que los programas de inmersión les dan ventaja a los estudiantes cuando necesitan mejorar su inglés para propósitos puntuales como los puntajes de exámenes TOEFL. También hay pequeñas señales de que los estudiantes de idiomas en tándem que participan de un sistema de intercambio mutuo en que enseñan y aprenden al mismo tiempo reciben una instrucción más efectiva que la de quienes están en un aula.

Pero quiero contarte un par de anécdotas: he enseñado en muchas clases de inglés para principiantes, con alumnos cuyo idioma yo no conocía. Lo mejor del mundo es ver que en unos meses, el que solo podía decir que sabía algunas palabras básicas, logra afirmar: “Puedo hablar en inglés, aunque todavía estoy aprendiendo”.

He logrado aprender algo de los idiomas en los que estuve inmerso durante mucho tiempo, como el español y el coreano, pero no puedo comunicarme en absoluto en japonés a pesar de que he pasado décadas con libros y apps. Mi conclusión es que aprendo a hablar idiomas al observar y oír ese idioma en gente que me está viendo y a quienes debo responder. Por eso creo que las apps de aprendizaje de idiomas, tan glorificadas últimamente, no brindan la fluidez que la persona está buscando.

Suponiendo que no vives en un lugar donde solo se habla un idioma, es probable que hayas notado que en las relaciones románticas con personas que hablan el idioma que buscan aprender, la adquisición de la segunda  lengua parecería ser más rápida y natural. Es una oportunidad que perdieron el dueño de la librería y su esposa.

No me malentiendas: la pareja del New York Times suena a buena gente y les deseo lo mejor, pero por eso mismo me horrorizo al pensar que en lugar de mirarse a los ojos tienen la mirada puesta en sus teléfonos, todo el tiempo.

El hombre del artículo del New York Times cuenta en un video que jamás aprenderá a leer chino. Y eso es una pena. Pero hay otro video que te muestra algo más esperanzador. La pareja está en un supermercado y vemos que al esposo le cuesta que Translator encuentre la traducción adecuada para “mix de hortalizas”. La expresión de su esposa es de confusión, y entonces ella dice  “shālā” (ensalada, en mandarín), y de repente su rostro se ilumina. Supongo que porque están casados ella sabe qué ensalada le gusta a su esposo. En este video en particular, el teléfono no fue de ayuda. Más bien, fue un obstáculo.

Según otro artículo de hace unos meses en The Economist, tal parece que la gente mayor en edad de retiro se está volviendo adicta a sus teléfonos. Los de esa franja etaria pasan más tiempo por día ante la pantalla de lo que lo hacen los jóvenes adultos, y “cada vez más, viven sus vidas a través de sus teléfonos como lo hacen algunos adolescentes”, según Ipsit Vahia, del Laboratorio de Envejecimiento y Tecnología del Hospital McLean de Harvard.

En el artículo hay un pasaje especialmente tierno en que se cuenta que la pareja ha pasado mucho tiempo mirándose a los ojos, y Microsoft Translator entonces arrojó resultados con errores. Porque para que los resultados sean los mejores tienen que mirar las palabras que aparecen en sus teléfonos, sin mirar a la cara al otro, porque aparentemente pueden surgir errores de transcripción y traducción.

Sería bueno que tomaran esto como señal de que su intuición les indica  lo correcto: solo necesitan mirarse a los ojos con amor y dejar de lado sus teléfonos.

Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.

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