Marruecos decidió no esperar a que volviera la lluvia. El país está construyendo una red gigante de desalinizadoras para convertir el agua del mar en la nueva base de su suministro

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La escasez de agua dejó de ser un problema temporal para Marruecos. Tras varios años de sequía prolongada y lluvias cada vez más impredecibles, el país decidió replantear su estrategia hídrica con una idea clara: depender menos del clima y más de la tecnología. El resultado es un ambicioso programa de desalación que busca transformar el agua del mar en una de las principales fuentes de suministro para la población.

El plan ya está en marcha. Marruecos opera actualmente 17 plantas desalinizadoras, tiene cuatro más en construcción y planea nueve adicionales antes de 2030. El objetivo es alcanzar una capacidad de producción cercana a 1,7 millones de metros cúbicos de agua al año, una cifra que refleja la escala del cambio que está impulsando el país para garantizar el suministro en el futuro.

Convertir el océano en una fuente de agua potable

© Getty Images / Jose Luis Roca/AFP.

La lógica de esta estrategia responde a un problema estructural. Durante décadas, el sistema hídrico marroquí se apoyó principalmente en presas y embalses para almacenar agua de lluvia. Sin embargo, la irregularidad climática de los últimos años ha puesto en evidencia los límites de ese modelo.

La desalación permite reducir esa dependencia. Al producir agua potable directamente a partir del mar, las ciudades costeras pueden cubrir parte de su demanda sin recurrir a los embalses del interior. Esto libera recursos que pueden destinarse a regiones agrícolas y zonas rurales, donde la escasez suele tener consecuencias más graves para la economía y el abastecimiento.

El sistema se complementa con nuevas infraestructuras hidráulicas. Marruecos está ampliando canales, redes de trasvase y conexiones entre regiones para redistribuir el agua de forma más eficiente. En la práctica, el país está construyendo una red nacional capaz de mover recursos hídricos allí donde la presión sea mayor.

El reto energético de desalinizar agua

Marruecos decidió no esperar a que volviera la lluvia. El país está construyendo una red gigante de desalinizadoras para convertir el agua del mar en la nueva base de su suministro
© X / @RGisanintwari.

La desalación tiene una ventaja evidente —el mar es una fuente prácticamente ilimitada— pero también plantea un desafío importante: el consumo de energía. Transformar agua salada en agua potable requiere procesos intensivos que pueden encarecer el suministro si dependen de combustibles convencionales.

Para reducir ese impacto, Marruecos está intentando integrar estas plantas en una infraestructura energética basada en fuentes renovables. Parte del plan incluye líneas eléctricas alimentadas por energía limpia y proyectos experimentales como paneles solares flotantes sobre embalses, que permiten generar electricidad y al mismo tiempo reducir la evaporación del agua.

Aunque las recientes lluvias han ofrecido un respiro momentáneo, el país no parece confiar en un retorno a la normalidad climática. El enfoque actual no responde solo a una emergencia puntual, sino a una transformación más profunda de su política hídrica.

Marruecos está apostando por una infraestructura diseñada para un escenario de sequías más frecuentes y ciclos climáticos imprevisibles. En ese contexto, convertir el océano en una fuente estable de agua potable puede convertirse en una de las piezas clave para garantizar el suministro en las próximas décadas.

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