En EEUU, Meneses sacó la licencia de asistente médico, trabaja en un hospital en Miami, paga los taxes cada año y está estudiando para revalidar su título. El hombre, de 42 años, dice que cuando cruzó la frontera por el Río Bravo hubiese querido explicar las arbitrariedades del sistema político y de salud que sufrió en carne propia, pero le entregaron un I-220A —una “Orden de Libertad Bajo Palabra” que las autoridades migratorias de EEUU otorgaron indistintamente a ciertas personas que fueron detenidas durante un periodo después de 2017 y hasta al menos el 2024.

Su caso es el de miles de cubanos que han pedido asilo en EEUU para evitar la deportación y con la esperanza de regularizar su estatus migratorio algún día. A los cubanos con I-220A se han sumado los que entraron por CBP One y el programa de parole humanitario, luego de que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) indicara que podrían ser deportados de manera acelerada.

Expertos consideran que en la mayoría de los casos, el asilo no es la solución sino “una manera de ganar tiempo”.

Desde 2021, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EEUU (USCIS) comenzó a registrar un aumento sin precedente en las solicitudes de asilo de cubanos. Solo en 2023, más de 78.000 solicitaron asilo en el país, según cifras oficiales. En los últimos cuatro años el número superó los 146.000.

Más de 1 millón de solicitudes de asilo pendientes

En 2023, EEUU recibió su número más alto de solicitudes de asilo, duplicándose con respecto al año anterior, según cifras de la Oficina de Estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (OHSS). Aunque la ley establece que un caso de asilo debe completarse en 180 días, “los retos logísticos son inmensos, extendiendo el proceso a dos años o más”, apuntan los expertos.

No es solo la imposibilidad de una deportación mientras se procesa un caso de asilo lo que hace que algunos miren con esperanza esta alternativa, también el tiempo que pueden permanecer en el país, incluso después de haberles sido negada la solicitud e iniciarse un proceso de deportación.

El abogado Álvarez explica que “antes había mucha gente que durante años tenía orden de deportación y permanecía en el país por 10 o 15 años, sin ningún tipo de problema” porque dependía de “qué tan alto estés en la lista de prioridades de aquellas personas que son deportadas”. Pero ahora “las cosas han cambiado”, indica.

Los solicitantes de asilo se encuentran en una especie de limbo porque, aunque no pueden ser deportados, tampoco pueden salir del país.

Para González, estos procesos de deportaciones son complejos precisamente porque muchas personas “están integradas a la comunidad, tienen negocios, pagan impuestos, tienen deudas de tarjetas de crédito, tienen rentas. Si los sacas de un momento a otro, ¿qué pasa con ellos y con la comunidad? A la larga los van a afectar”, apuntó.

Meneses, quien espera con paciencia la evolución de su caso de asilo, dice sentirse tranquilo.

“Tengo mucha fe en que, cuando termine esta ‘cacería’ con los inmigrantes ilegales que han cometido delitos, nos regularicen”, dice el médico, que en estos casi cuatro años se ha establecido en Miami, donde viven también sus hijas y la mayor parte de su familia.

FUENTE: Martí Noticias