La inteligencia artificial suele presentarse como una revolución abstracta, hecha de algoritmos y datos. Pero, según el artículo publicado por Kotaku, su verdadero talón de Aquiles es mucho más tangible: la electricidad. A medida que los centros de datos se multiplican, el consumo energético se convierte en un problema estratégico. En ese contexto, Microsoft ha decidido apostar fuerte por una solución que combina sostenibilidad, previsión financiera y control a largo plazo.
Comprar energía verde para no frenar el crecimiento
El avance de la nube y la IA ha transformado a los centros de datos en uno de los grandes motores del consumo eléctrico mundial. Entrenar modelos, procesar datos y ofrecer servicios en tiempo real exige una infraestructura que no descansa nunca.
Según explica Kotaku, Microsoft logró por primera vez el año pasado igualar el 100% de su consumo eléctrico con energía renovable contratada. No se trata de compensaciones simbólicas, sino de acuerdos de compra de energía a largo plazo (PPAs) que garantizan suministro verde durante años.
Esta estrategia cumple dos funciones clave. Por un lado, reduce la huella de carbono asociada a su crecimiento. Por otro, protege a la compañía frente a la volatilidad del precio de la electricidad, un factor cada vez más impredecible a medida que la demanda global aumenta.
Cifras que hablan de una estrategia casi estatal
La magnitud del movimiento es difícil de ignorar. Microsoft tiene actualmente contratados unos 40 gigavatios de energía renovable, de los cuales 19 gigavatios ya están operativos. En términos prácticos, es una capacidad comparable a la producción eléctrica de países enteros.
Según Kotaku, estos contratos no solo abastecen a la empresa, sino que también impulsan la construcción de nuevos parques solares y eólicos que se integran a las redes nacionales. Es decir, la expansión de la IA está financiando directamente nueva infraestructura energética.
Mientras tanto, la demanda de potencia informática sigue creciendo. Cada nuevo centro de datos añade presión a sistemas eléctricos que, en muchos países, ya operan cerca de su límite.
Una jugada global frente a un problema global
La estrategia no se concentra en un solo mercado. Microsoft compra electricidad en 26 países, adaptando su política energética a distintas regulaciones y realidades locales. Esta diversificación responde a un problema evidente: la presión energética de la tecnología no es exclusiva de Estados Unidos.
Kotaku pone como ejemplo el caso de Irlanda, donde en 2024 los centros de datos llegaron a consumir el 22% de la electricidad nacional. La respuesta fue endurecer las reglas para nuevas instalaciones, exigiendo respaldo renovable como condición para crecer.
Este tipo de medidas anticipa un escenario que podría repetirse en otros países. Asegurar energía limpia ya no es solo una cuestión ambiental: es una licencia para operar.

Más allá del sol y el viento: diversificar para sobrevivir
La apuesta de Microsoft no se limita a la energía eólica y solar. Según recoge Kotaku, la compañía también explora fuentes adicionales de electricidad libre de carbono, incluida la energía nuclear, como parte de su planificación para la próxima década.
La razón es simple: igualar el consumo anual con renovables no garantiza que cada hora de operación esté alimentada por energía verde. Ese desfase entre consumo real y balance anual es uno de los grandes debates técnicos y políticos del sector.
Diversificar el mix energético se convierte así en una cuestión de resiliencia operativa. Sin acceso estable a electricidad suficiente, la expansión de la IA simplemente se detiene.
La verdadera carrera de la inteligencia artificial
La narrativa dominante presenta la competencia en IA como una guerra de chips, modelos y talento. Pero, como señala Kotaku, hay una carrera paralela que se libra lejos de los focos: quién consigue asegurar la energía necesaria para sostener todo ese poder computacional.
Parques eólicos, contratos eléctricos, inversiones multimillonarias y acuerdos a décadas vista son ahora tan importantes como los avances en software. La pregunta ya no es solo quién liderará la próxima generación de inteligencia artificial, sino quién podrá mantenerla encendida sin colapsar la red ni disparar los costos.
Y en ese tablero, Microsoft ya ha movido ficha.
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