La Ciudad de Nueva York quizás evitó este mes una tragedia que pudo haber tenido consecuencias impredecibles en el corazón de Manhattan: una alerta por una posible falla estructural en un edificio de 37 pisos en Midtown, construido en los años 70, obligó a evacuar trabajadores, cerrar calles y desplegar equipos de emergencia, mientras ingenieros del Departamento de Edificios (DOB) trabajaban para estabilizar una estructura que está siendo transformada de oficinas a apartamentos de lujo.
El incidente que afortunadamente no dejó heridos, abrió nuevamente un debate que va más allá de este edificio, en donde funcionaba la sede mundial de Pfizer: ¿está preparado el actual modelo de supervisión del DOB para fiscalizar una ola sin precedentes de conversiones de torres de oficinas construidas incluso hace 80 años?
Este incidente puso bajo escrutinio uno de los mayores desafíos de la ola de reconversión de oficinas en Nueva York: cómo garantizar que estructuras diseñadas hace medio siglo puedan asumir nuevas cargas y pisos, además de ampliaciones y cambios radicales de uso, sin comprometer su estabilidad.
Un reporte de la contraloría municipal en 2025 identificó al menos 17,432 unidades en proceso de conversión de oficina a vivienda en Manhattan y Brooklyn entre 2020 y marzo de 2025.
Las dos conversiones más grandes de la ciudad se encuentran en el 111 Wall Street y 25 Water Street en el Bajo Manhattan, las cuales han acumulado 10 y 8 infracciones de seguridad, respectivamente, desde 2025.
La pregunta surge mientras en la Gran Manzana se impulsa la transformación de miles de metros cuadrados de oficinas vacantes en viviendas y mientras en la ‘capital del mundo’, con más de un millón de edificios, hay decenas de miles de obras activas simultáneamente.
Las dudas sobre la capacidad operativa del DOB, no proviene únicamente de expertos en ingeniería, ya algunos reportes oficiales dan cuenta que esta agencia podría estar quedándose pequeña ante la magnitud de obras que debe ponerle la lupa para evitar tragedias.
En este escenario, portavoces de la Ciudad indicaron a El Diario que la respuesta inmediata ante los primeros indicios, de que algo no estaba bien en ese proyecto, es un ejemplo claro de que existe toda una “maquinaria de ingeniería y supervisión” para evitar colapsos y eventuales tragedias.
“¿Sabes cuántos proyectos inmensos de están desarrollando en este momento en esta ciudad: la respuesta se cuenta en miles. Hay un trabajo intenso en cada minuto. Una incidencia entre miles de actuaciones de supervisión y control, no puede poner en dudas la eficiencia de nuestras agencias. Obviamente siempre hay muchos ejes que mejorar”, acotó la fuente.
El factor sindical
Este incidente también abre otra controversia sobre la seguridad laboral en grandes conversiones inmobiliarias. E efecto, quienes advirtieron sobre las fallas de esta estructura fueron trabajadores de la construcción.
De inmediato, representantes sindicales cuestionaron abiertamente las decisiones adoptadas en el proyecto y señalaron que la incorporación de nuevos pisos sobre una estructura antigua requería mayores controles y refuerzos.
Sin embargo, las autoridades aún no han determinado si la causa estuvo relacionada con el diseño estructural, la ejecución de la obra o los procesos de inspección.
La principal reacción vino de representantes del sindicato Steamfitters Local Union 638, quienes explicaron que los obreros de la construcción observaron señales alarmantes antes de la evacuación, incluyendo ventanas agrietadas, vigas deformadas y desprendimiento de concreto.
Un portavoz de esta unión, Cliff Johnsen, afirmó que el desarrollador planeaba agregar 16 pisos adicionales al edificio, además cuestionó la cantidad de acero incorporado a la estructura.
“Obviamente no añadieron la cantidad correcta del metal. El lado norte de ese edificio se está desmoronando, las vigas principales se están doblando como cigarrillos ahí dentro, lo cual es extremadamente peligroso”, afirmó.
De acuerdo con fuentes periodísticas este proyecto ya ha acumulado siete infracciones del DOB solo el año pasado, incluyendo una multa de $10,000 en diciembre por no notificar un incidente de construcción que dejó a alguien herido.
Construyan rápido…pero
Las conversiones de oficinas en viviendas se han convertido en una pieza clave de la estrategia de Nueva York para enfrentar la crisis habitacional y el cambio en el mercado inmobiliario tras la pandemia.
La administración de Eric Adams impulsó esta transformación y el alcalde Zohran Mamdani la ha continuado con el grupo de trabajo SPEED, creado para reducir los tiempos de aprobación de proyectos y acelerar la construcción de nuevas unidades residenciales.
Como advierten expertos en ingeniería, el desafío es que muchas de estas oficinas fueron construidas hace 50, 60 o incluso 80 años, eso implica que convertirlas en viviendas es mucho más que una remodelación: puede requerir modificar sistemas estructurales, redistribuir cargas, instalar nuevos servicios e incluso agregar pisos sobre edificios existentes, aumentando la complejidad de la supervisión técnica.
Esta transformación plantea una tensión clave: mientras el Departamento de Edificios (DOB) enfrenta cuestionamientos por limitaciones de personal y recursos para realizar inspecciones, la política de la Ciudad apunta a acelerar los permisos y que se construya lo más rápido posible.

Contralor: “efectivos ante emergencias”
Un reciente informe del contralor estatal Thomas P. DiNapoli advirtió que aunque la agencia mantiene “una respuesta efectiva ante emergencias prioritarias”, su capacidad para responder con rapidez a otras funciones esenciales, como inspecciones y procesos de desarrollo, se ha deteriorado debido a restricciones presupuestarias y de personal.
El informe señala que el DOB regula más de un millón de edificios y más de 44,400 sitios de construcción activos en los cinco condados, principalmente mediante revisión de planos, aprobación de permisos e inspecciones.
Según el análisis, “los tiempos de revisión han aumentado significativamente. En 2025 el primer chequeo de planos tomó en promedio 3,7 días hábiles, frente a un día en 2020. El proceso completo desde la solicitud hasta la aprobación aumentó de 8,3 días en 2020 a 20,3 días en 2025”.
Las demoras también afectan las inspecciones necesarias para aprobar proyectos. Si se compara con 2019, el tiempo promedio de espera aumentó en inspecciones de construcción, plomería y electricidad.
DiNapoli advirtió que el desafío es mayor porque la administración municipal busca acelerar el desarrollo de viviendas, mientras mantiene como prioridad “el uso seguro y legal de los edificios”.

Reactivos no preventivos
Un segundo informe de la Contraloría de la Ciudad de Nueva York, divulgado en abril del año pasado, planteó otra preocupación: el modelo de fiscalización del DOB depende en gran medida de denuncias ciudadanas recibidas a través del sistema 311.
La auditoría concluyó que esta dependencia puede generar una supervisión reactiva, en lugar de preventiva.
El reporte también encontró que una parte importante de las acciones de cumplimiento se originan después de denuncias, y señaló que ciertos vecindarios de menores ingresos fueron afectados de manera desproporcionada por multas y sanciones.
“El distrito con el mayor número de propiedades con multas acumuladas de $20,000 o más fue el Distrito Comunitario 12 de Queens, que incluye los vecindarios de Hollis, Jamaica, Jamaica Center, North Springfield Gardens, Rochdale, South Jamaica y St. Albans“, destaca la investigación.
La explicación de funcionarios del DOB ante este reporte es que esta tendencia se explica por la elevada cantidad de viviendas unifamiliares y bifamiliares en estos vecindarios.
Asimismo, el distrito con las propiedades que acumulaban el mayor monto total de multas fue el Distrito Comunitario #9 de Queens, que incluye los vecindarios de Kew Gardens, Ozone Park, Richmond Hill y Woodhaven.
La auditoría también detectó casos en los que propietarios recibieron órdenes por no corregir violaciones, mientras todavía esperaban que el propio DOB aprobara los planes necesarios para solucionar los problemas.
“Identificamos el impacto desproporcionado de un sistema de fiscalización basado exclusivamente en denuncias ciudadanas y de las violaciones, multas y sanciones resultantes sobre los propietarios de viviendas unifamiliares y bifamiliares, particularmente en vecindarios de bajos ingresos“, remarcó en sus conclusiones el ex contralor Brad Lander.
Aunque el análisis se enfocó principalmente en viviendas de una y dos familias, especialistas y la misma contraloría señalan que plantea una pregunta más amplia: ¿si el sistema tiene suficientes recursos para anticipar problemas antes de que se conviertan en riesgos estructurales?

Lo que pasó…
La discusión sobre la capacidad de esta agencia municipal para enfrentar el elevado número de construcción que se registran en la ciudad, tomó fuerza después de la emergencia registrada en el antiguo edificio de Pfizer, ubicado en el 235 Este de la calle 42.
El martes por la mañana, trabajadores de construcción alertaron sobre movimientos inusuales en el piso 21. Según las autoridades, dos vigas de soporte comenzaron a deformarse, provocando la evacuación preventiva del edificio y de estructuras cercanas.
El Departamento de Bomberos (FDNY) recibió una llamada alrededor de las 8:00 de la mañana por caída de materiales. Poco después, la policía recibió reportes de una posible emergencia estructural.
De igual forma trascendieron imágenes grabadas desde el interior que mostraron elementos metálicos deformados mientras los trabajadores abandonaban el área.
En este sentido, el comisionado del DOB, Ahmed Tigani, aseguró que la estructura fue estabilizada mediante trabajos de apuntalamiento.
“El edificio está estable. No se ha movido desde que empezamos a monitorearlo más temprano hoy, y tenemos confianza en el plan de emergencia que implementamos para mantenerlo estable”, afirmó ante medios locales.
Mientras avanzan las pesquisas, el titular del DOB, defendió la respuesta de emergencia de la ciudad y aseguró que la estructura había sido estabilizada después de varias horas de monitoreo.
“Hemos estado monitoreando el edificio durante muchas horas y no hemos visto ningún movimiento”, afirmó.
Sin embargo, el funcionario reconoció que todavía quedaba por determinar la causa de la falla y la solución permanente para una estructura construida originalmente como oficinas y sometida a una compleja conversión residencial.
Por su parte, Nathan Berman, fundador y principal ejecutivo de MetroLoft, la empresa que desarrolla este proyecto, ha defendido los detalles estructurales y de alta ingeniería que respalda la construcción y remodelación. Advirtió que el incidente en el antiguo edificio de Pfizer no representó un riesgo de colapso general del edificio. Aunque reconoció que la falla estuvo relacionada con la carga adicional generada por la ampliación del proyecto.
“Estamos trabajando con la Ciudad para comprender el alcance total de la situación”, acotaron en un comunicado compartido por The New York Times.
De oficinas a viviendas:
- 23% del inventario de oficinas de Manhattan permanece desocupado, una de las tasas más altas registradas en la era moderna tras la pandemia.
- 70 edificios están en este momento en proceso de conversión o planificación.
- 1 millón de edificios regula el DOB, actualmente hay 44,000 obras activas supervisadas por la agencia municipal.

