Lo que parecía un día normal en Darien, Connecticut, terminó convirtiéndose en una historia tan absurda como reveladora sobre los errores del sistema burocrático.
El doctor Omar Ibrahimi jamás imaginó que un sobre oficial dirigido a su hogar cambiaría la rutina familiar… y mucho menos que el destinatario sería su hija de apenas 4 años.
De acuerdo a ABC 7, el citatorio llegó el lunes con el tono habitual de urgencia: no era una invitación, era una orden formal para presentarse a cumplir con el deber cívico del jurado. Al verlo, Ibrahimi asumió que estaba dirigido a él. Por un momento respiró aliviado al notar que no aparecía su nombre. Sin embargo, esa tranquilidad duró apenas segundos.
“Luego me di cuenta de que estaba a nombre de mi hija y pensé: espera un momento, ¿por qué Zara tiene un citatorio para jurado?”, relató.
Zara Ibrahimi tiene 4 años y asiste al preescolar. Aun así, figuraba oficialmente como una de las aproximadamente 550,000 personas que cada año son convocadas en Connecticut para participar en procesos judiciales. El documento incluso incluía una fecha concreta de presentación: el 15 de abril.
“Solo soy una bebé”
Ante lo inesperado de la situación, su padre intentó explicarle brevemente de qué se trataba el jurado.
“Le dije que es un lugar donde escuchas lo que pasó y decides si alguien es culpable o no”, contó Ibrahimi. La respuesta de la niña fue tan sencilla como contundente: “Solo soy una bebé”.
La escena, compartida con familiares y luego retomada por medios locales, rápidamente llamó la atención por su tono humorístico, pero también por la pregunta de fondo: ¿cómo termina una niña en edad preescolar dentro del sistema judicial?
Así se seleccionan los jurados en Connecticut
De acuerdo con la rama judicial del estado, la lista de posibles jurados se construye a partir de varias bases de datos públicas: el Departamento de Vehículos Motorizados (DMV, por sus siglas en inglés), los registros de votantes, el Departamento de Trabajo y el Departamento de Servicios de Ingresos.
Este último punto resulta clave.
Mientras la mayoría de las agencias proporciona información completa, el Departamento de Servicios de Ingresos envía nombres y direcciones, pero no fechas de nacimiento. Esa omisión puede provocar que menores de edad aparezcan accidentalmente en la base de datos, especialmente cuando figuran como dependientes en declaraciones fiscales.
Aunque no es un error frecuente, tampoco es un caso aislado.
Ibrahimi optó por tomárselo con humor. “Le mandé un mensaje a mi esposa diciendo: ‘Parece que Zara fue convocada para servir como jurado’”.
Curiosamente, los otros hijos de la familia, de 8 y 12 años, no recibieron ningún aviso.
Resolver el error fue sencillo
Para corregir la situación, el padre ingresó al portal oficial indicado en el citatorio. Allí encontró un formulario digital con un espacio de texto libre para explicar el motivo de la excusa.
“No pude resistirme”, dijo entre risas. “Escribí: ‘Ni siquiera he terminado el preescolar todavía, disculpen’”.
La solicitud fue aceptada sin mayores complicaciones y Zara quedó oficialmente exenta del proceso.
Más que una anécdota graciosa
Aunque el caso terminó como una historia curiosa, también pone en evidencia cómo las fallas administrativas pueden afectar a familias comunes. Recibir un citatorio judicial dirigido a un menor puede resultar alarmante, especialmente para quienes no están familiarizados con los procedimientos estatales.
Expertos en administración pública señalan que este tipo de errores subraya la necesidad de mejorar la integración de datos entre agencias, sobre todo cuando se trata de obligaciones legales obligatorias.
En la mayoría de los casos, basta con completar un formulario para corregir la información. Sin embargo, el simple hecho de que un niño pueda ser convocado revela debilidades en los filtros automatizados del sistema.
Para la familia Ibrahimi, la experiencia quedó como una anécdota que seguramente contarán durante años. Zara regresó a sus actividades habituales (juegos, cuentos y clases) muy lejos de una sala de audiencias.
Su padre bromea diciendo que, si el sistema sigue así, tal vez dentro de unos años vuelva a llegar otro citatorio, esta vez cuando su hija tenga la edad adecuada.
Por ahora, la pequeña “jurado” de Connecticut seguirá concentrada en aprender a leer y escribir, mientras su historia sirve como recordatorio de que incluso los procesos más formales pueden fallar… y generar momentos inesperados.
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