martes 27 enero 2026

Nueva York obligará a aceptar efectivo desde 2026: así cambia la experiencia de compra en las tiendas

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A partir de marzo de 2026, comprar en Nueva York volverá a implicar, obligatoriamente, la posibilidad de pagar con billetes y monedas.

La gobernadora Kathy Hochul firmó hace unas semanas el proyecto S4153A, conocido como “ley del efectivo”, que exigirá a los comercios minoristas contar con al menos una caja habilitada para aceptar pagos en dinero físico. En una ciudad que ha abrazado con rapidez los pagos digitales, la normativa reabre el debate sobre inclusión financiera, modernización y costos operativos.

La nueva disposición legal, que entrará en vigor 120 días después de su firma, impactará directamente en tiendas de alimentos, comercios minoristas y locales de atención al público que realicen ventas presenciales. En términos prácticos, significará que ningún establecimiento alcanzado por la ley podrá negarse a recibir efectivo cuando un cliente compre en persona, incluso si el negocio opera mayormente con tarjetas, aplicaciones o sistemas “cashless”.

¿Qué exige concretamente la ley?

El corazón de la normativa es simple: aceptar efectivo vuelve a ser obligatorio. Sin embargo, el texto legal establece criterios específicos que marcan la diferencia respecto de otras regulaciones similares en Estados Unidos.

Uno de los puntos centrales es la paridad en los pagos. Los comercios no podrán cobrar un precio más alto a quienes paguen en efectivo que a quienes utilicen tarjetas o billeteras digitales. También quedan prohibidas las prácticas de redondeo que, en la práctica, terminan encareciendo las compras realizadas con dinero físico.

La ley prevé excepciones puntuales. Los comercios no estarán obligados a aceptar efectivo para facturas superiores a $20 dólares ni para transacciones realizadas por teléfono, correo postal o internet, salvo que el pago se concrete físicamente en el establecimiento. Esto busca equilibrar la protección al consumidor con la operatividad de los negocios.

Un detalle que ha llamado la atención del sector es que la regulación no excluye explícitamente a máquinas expendedoras, estacionamientos, eventos deportivos en vivo ni al alquiler de bienes de consumo, lo que la distingue de estatutos similares en otras jurisdicciones. Este vacío abre interrogantes sobre cómo se aplicará la ley en espacios altamente automatizados, como quioscos de autoservicio o sistemas de transporte privado.

A partir de marzo, ningún establecimiento podrá rechazar los pagos en efectivo. (Foto: Shutterstock)

¿Por qué Nueva York vuelve al efectivo?

En una era dominada por pagos móviles y tarjetas sin contacto, la decisión de reforzar el uso del efectivo parece ir a contramano de la tendencia. Sin embargo, los impulsores de la ley sostienen que se trata de una cuestión de equidad y acceso.

Defensores de la norma argumentan que protege a personas mayores, inmigrantes y a quienes no poseen cuentas bancarias o tarjetas de crédito. Para estos grupos, el efectivo sigue siendo una herramienta básica para participar en la economía cotidiana. La ley también ampara a quienes, por desconfianza o preferencia personal, optan por no utilizar medios digitales.

En Nueva York, donde conviven centros financieros globales con barrios de bajos ingresos, el debate sobre la inclusión financiera no es abstracto. Obligar a aceptar efectivo, sostienen los legisladores, evita que ciertos consumidores queden excluidos de servicios básicos simplemente por no estar bancarizados.

Las críticas desde el comercio

La iniciativa no está exenta de polémica. Una parte importante de los comerciantes minoristas y defensores de los pagos digitales considera que la ley agrega costos innecesarios y va en contra de la eficiencia que ofrecen las nuevas tecnologías.

Uno de los argumentos más repetidos es la escasez de monedas, especialmente de centavos, que ha afectado a la cadena de distribución en los últimos años. Estudios jurídicos como Holland & Knight advierten que esta situación puede dificultar el cumplimiento de la ley, al obligar a los negocios a manejar cambios exactos en un contexto de limitada disponibilidad de efectivo fraccionado.

A ello se suma la falta de capacitación del personal para operar cajas tradicionales en locales que, en muchos casos, habían migrado casi por completo a sistemas digitales. La consecuencia inmediata podría ser un aumento en los tiempos de espera para cobrar en efectivo y una menor fluidez en horas pico.

Además, manejar efectivo implica costos adicionales: transporte de valores, seguros, riesgo de robos y procesos contables más complejos. Para pequeños comercios, estos factores no son menores.

El efectivo en la economía estadounidense

El debate se da en un contexto en el que el efectivo, aunque desplazado, sigue siendo relevante. Según un informe reciente de la Reserva Federal, en 2024 el dinero físico representó el 14% de todos los pagos realizados por consumidores estadounidenses. Las tarjetas de crédito y débito concentraron el 35% y el 30%, respectivamente, confirmando el dominio de lo digital, pero sin borrar al efectivo del mapa.

En promedio, los consumidores realizaron cada mes 17 pagos con tarjeta de crédito, 14 con tarjeta de débito y 7 en efectivo, además de operaciones por red ACH, cheques y otros métodos. Durante los últimos 5 años, el efectivo se mantuvo como el tercer instrumento de pago más utilizado en el país.

El mismo informe destaca que ciertos grupos dependen más de este método: personas que viven en hogares con ingresos inferiores a $25,000 dólares anuales y adultos mayores de 55 años. En paralelo, los pagos móviles siguen creciendo en todos los segmentos etarios, con un promedio de 11 transacciones mensuales realizadas desde teléfonos, equivalentes al 23% del gasto total.

¿Qué cambia para el consumidor?

Para los neoyorquinos, la ley traerá una certeza: nadie podrá ser rechazado por querer pagar con efectivo en una compra presencial dentro de los límites establecidos. Esto refuerza la libertad de elección del consumidor y reduce la posibilidad de discriminación indirecta.

Sin embargo, también podría traducirse en cambios visibles en la experiencia de compra: regreso de cajas tradicionales, filas diferenciadas y, posiblemente, tiempos de espera mayores en ciertos locales. En una ciudad acostumbrada a la rapidez, el desafío será compatibilizar inclusión con eficiencia.

Un nuevo equilibrio entre tradición y tecnología

La “ley del efectivo” no busca frenar la digitalización, sino establecer un piso mínimo de acceso. En un ecosistema comercial cada vez más automatizado, Nueva York apuesta por un modelo híbrido donde convivan billeteras digitales y billetes de dólar.

De aquí a marzo de 2026, los comercios deberán adaptarse. Y los consumidores, decidir si vuelven a llevar efectivo en el bolsillo o si, aun con la ley, seguirán confiando en el celular para pagar su café de cada mañana.

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