Hasta ahora, la computación cuántica fue una discusión teórica dentro del ecosistema cripto. Algo lejano, útil para debates académicos pero sin impacto real sobre las redes. Ese escenario empezó a cambiar.
Hoy, tanto Bitcoin como Ethereum reconocen que, si una computadora cuántica funcional llega a existir, gran parte de la criptografía que protege las transacciones actuales dejaría de ser segura. La pregunta ya no es si puede ocurrir, sino cómo prepararse sin romper el sistema en el intento.
Y ahí es donde ambos proyectos empiezan a tomar caminos muy distintos.
Ethereum apuesta por rediseñar su estructura
En Ethereum, la planificación es explícita. El propio Vitalik Buterin advirtió que la red no puede depender de intervenciones humanas ante un escenario cuántico y que la resistencia debe integrarse a nivel protocolar.
Desde febrero de 2025, la Fundación Ethereum financia investigaciones en criptografía postcuántica junto al equipo de ZKnoX. El objetivo es reemplazar gradualmente la criptografía de curva elíptica —vulnerable a algoritmos cuánticos— por esquemas alternativos.
Dentro del ecosistema ya existen propuestas concretas. Algunas apuntan a permitir firmas postcuánticas compatibles con las wallets actuales; otras buscan sentar las bases para nuevos sistemas de autenticación directamente en el protocolo.
El problema es que Ethereum utiliza criptografía vulnerable en múltiples capas: firmas de transacciones, blobs usados por las redes de segunda capa y el esquema BLS que sostiene el consenso de Prueba de Participación. En un escenario cuántico, todo eso debería cambiar.
Eso convierte la transición en un desafío técnico enorme.
Firmas más pesadas y el rol de las capas secundarias
Las firmas postcuánticas no son livianas. Algoritmos como Falcon o los basados en funciones hash requieren mucho más espacio de datos y verificación que los sistemas actuales.
Aquí entran en juego dos piezas clave del ecosistema Ethereum. Por un lado, la abstracción de cuentas permite que cada usuario cambie su método de firma de manera individual, sin obligar a una migración masiva. Por otro, las redes L2 basadas en pruebas de conocimiento cero y el uso de blobs ofrecen el ancho de banda necesario para absorber ese peso adicional.
La ventaja es la flexibilidad. El costo es una arquitectura más compleja y una superficie de actualización mucho mayor.
Bitcoin elige el camino opuesto

En Bitcoin no existe una hoja de ruta centralizada. La red avanza mediante propuestas independientes, pruebas aisladas y consenso extremadamente gradual.
Su principal ventaja es estructural: Bitcoin solo depende de criptografía vulnerable en las firmas de las transacciones. El resto del protocolo —incluida la minería— ya se apoya en funciones hash.
Por eso, el enfoque predominante apunta a firmas basadas exclusivamente en hash, consideradas resistentes a ataques cuánticos conocidos.
Durante 2025 se exploraron variantes como SLH-DSA, aunque los primeros resultados mostraron un problema evidente: las firmas eran demasiado grandes para el diseño de Bitcoin. Tras optimizaciones, el tamaño se redujo, pero el debate continúa abierto.
Protección opcional, no obligatoria
Una de las ideas que más consenso generó fue la de introducir protección cuántica de forma voluntaria. Propuestas como BIP-360 o el soft fork planteado por Jameson Lopp permitirían a los usuarios mover sus fondos a direcciones resistentes sin forzar cambios inmediatos en toda la red.
Incluso ya existen wallets experimentales que utilizan firmas postcuánticas de un solo uso, demostrando que la protección puede implementarse hoy, aunque con costos operativos más altos.
Bitcoin, en esencia, busca defenderse sin reinventarse.
Un futuro que ya empezó
Las estimaciones más optimistas sitúan la primera computadora cuántica comercial alrededor de 2030. Puede parecer lejano, pero el desarrollo de infraestructura criptográfica requiere años.
Ethereum apuesta por una transformación profunda y planificada. Bitcoin, por ajustes mínimos y opcionales. No se trata de cuál red es más segura hoy, sino de qué filosofía sobrevivirá mejor cuando la criptografía actual deje de ser suficiente.
El reloj cuántico ya empezó a correr. Y esta vez, no es solo teoría.



