Con franqueza directa, valga mucho más la redundancia, Liza Minnelli abre su historia en “Kids, Wait Till You Hear This!”, la autobiografía que llegará a las tiendas el 10 de marzo.
A pocos meses de cumplir ochenta años, la estrella comparte recuerdos íntimos de una infancia exigente, el peso emocional de ser hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, además de una larga lucha contra adicciones y relaciones marcadas por la inestabilidad.
Su amigo y colaborador, Michael Feinstein, definió la publicación como “una victoria personal”, según destacó “People” en un adelanto. La memoria retrata a una adolescente obligada a asumir responsabilidades extremas. “A los trece años, yo era enfermera, doctora, farmacóloga y psiquiatra para mi madre”, escribe en un pasaje donde recuerda llamar a médicos para reponer recetas de Garland. “¡Soy una niña! ¡Por favor, llenen la receta de mi mamá!”, insistía entonces.
La itinerancia también marcó su crianza. Entre hoteles y giras, llegó a asistir a veintidós escuelas. Incluso cuando su madre propuso quedarse en Los Ángeles, la respuesta de Liza y su hermana fue inmediata: “¿Cuándo nos vamos?”, reflejo de una vida que nunca se asentó.
Historias de amor, rupturas dolorosas y una carrera fulgurante
El vínculo con Garland tuvo momentos decisivos, como el debut conjunto en el London Palladium: “Empecé la noche como la hija de mamá. Terminé siendo Liza Minnelli, en el escenario con Judy Garland”, recuerda sobre esa mezcla de independencia y vértigo.
También aborda su matrimonio con Peter Allen, marcado por una revelación inesperada. Tras encontrar al cantante con otro hombre, él le confesó: “Liza, te amo más que a nadie en el mundo y soy gay”.
Después de obtener su primer Tony y una nominación al Oscar por “The Sterile Cuckoo”, enfrentó el golpe más doloroso, la muerte de Garland en 1969. La artista asegura que la adicción fue “el último regalo, una herencia genética de mamá de la que no pude escapar”.
El éxito de “Cabaret” y su colaboración con Bob Fosse la llevó al estrellato, aunque también alimentó los excesos. En su libro admite que la intensidad que ponía en todo “me convertía en un desastre adorable, lleno de ambición, locuras y manipulación egoísta”.
En los años setenta, mantuvo relaciones simultáneas con Peter Sellers y Desi Arnaz Jr., mientras seguía casada con Allen. Décadas después, Arnaz Jr. le dijo: “Lo único que recuerdo es el amor. Por favor, deja ir todo lo demás”.
Su vida sentimental también estuvo ligada a figuras como Martin Scorsese, con quien compartió set y relación durante el rodaje de “New York, New York”. A lo largo de su trayectoria, la imposibilidad de ser madre quedó como una herida permanente: “La incapacidad de convertirme en madre es una tragedia de la que nunca me recuperaré”.
Noches en Studio 54, rehabilitaciones y renacer artístico
El capítulo más turbulento se escribe entre las luces de Studio 54, las giras con Frank Sinatra y el uso de benzodiacepinas, barbitúricos, anfetaminas, alcohol y cocaína. En 1984, su hermana Lorna la llevó por primera vez a rehabilitación y, un año después, Elizabeth Taylor la enfrentó con una advertencia contundente: “Esta enfermedad te va a matar si no haces lo correcto”.
A pesar de cirugías, recaídas y pérdidas, su regreso a Broadway en 2008 la llevó a conquistar un nuevo Tony, impulsada por Feinstein, quien la convenció de que “su voz era más fuerte, profunda y rica”.
Tras su recaída de 2015, Minnelli mantiene sus medicamentos “estrictamente controlados” y afirma que, aunque convive con el dolor y la ansiedad, “ya no hay vuelta atrás”.
Esto y más se podrá leer en “Kids, Wait Till You Hear This!”, que comenzará su distribución oficial el 10 de marzo.
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